Los hermanos que reinventaron el negocio familiar y hoy proyectan facturar $ 4,5 millones
Emprendedores

Los hermanos que reinventaron el negocio familiar y hoy proyectan facturar $ 4,5 millones

Por Eugenia Iglesias 22 de Noviembre 2016

Los hermanos Pablo (29) y Fernando (27) Gonzalo nunca fueron a una entrevista laboral, ni tienen experiencia de trabajo en relación de dependencia. Hace 40 años su abuelo, llegado de España, abrió una fábrica de lentes ópticas en Acassuso. Luego, su padre se hizo cargo de la empresa, que se mudó a Villa Martelli.

Estaba escrito que ellos seguirían el mismo camino. Desde chicos, se involucraron en la fábrica. Pero, en 2013, la demanda de lentes de vidrió comenzó a bajar y la empresa debió reinventarse. En esa época, también, Fernando se interesó en unos anteojos de bambú que le despertaron las ganas de innovar con gafas hechas de madera. A la par de su trabajo habitual, los hermanos aprovechaban cada momento libre para desarrollar su proyecto. Tenían experiencia en ópticas aunque no en los marcos. Pero pusieron sus energías en crear Numag, que, hoy, factura $ 1,45 millón y proyecta llegar a los $ 4,5 millones en su segundo año de ventas.

Los hermanos se enorgullecen en decir que son capaces, tanto de diseñar el producto como de venderlo o planear la estrategia de marketing. De hecho, fueron ellos mismos quienes, investigando, desarrollaron todo el proceso productivo. “Vimos que había algunas empresas de los Estados Unidos que hacían lo mismo y subían a YouTube videos de la producción. Así que analizamos cuadro por cuadro y comenzamos a copiar. Fue lento y, al principio, muy artesanal. Nos tomamos nuestro tiempo porque queríamos estar bien preparados antes de salir a vender”, recuerda Pablo. “Todo lo que ganábamos con las lentes ópticas lo usábamos para hacer crecer Numag”, agrega Fernando. La inversión inicial, de US$ 50.000 se destinó principalmente a profesionalizar el sistema productivo y mejorar la calidad del anteojo.

Las ventas se reparten entre el e-Commerce de la marca y los canales mayoristas. Por el momento, ofrecen tres modelos de gafas de sol. Para la próxima temporada, planean duplicar ese número y sumar nuevos materiales como piedra, cuero y ediciones especiales, con detalles de vinilo. También, buscan alianzas con otras marcas. Para no convertirse en una brand estacional y depender del verano, piensan desarrollar una línea de marcos para anteojos recetados, que se lanzará en 2017.

El entusiasmo en el pequeño taller donde antes funcionó la fábrica familiar es alto. Pasan tantas horas juntos que, cuando hablan, uno completa la frase del otro. Ambos comenzaron a estudiar –Fernando, ingeniería Mecánica y Pablo, diseño Industrial– pero interrumpieron para dedicarse al proyecto. Aseguran que esperan retomar las clases el próximo año.

Hasta ahora, el camino fue más duro de lo esperado. “Agarramos la primera temporada de verano muy pronto, a los seis meses de largar. Después, vino el invierno, la temporada baja, y nos complicó. Ahora,  enfrentaremos el verano más fuertes, luego de un año de trabajo intenso en el que hicimos mejoras en el producto, la presentación y en la web”, asegura Fernando. Planean la apertura de un local propio que se aleje de la imagen tradicional de óptica: “Estaría en Palermo, con paredes de piedra, venta de productos para viajeros y una moto en la vidriera”, proyecta su hermano.

 

 

Leé la versión original de esta nota en la revista Apertura, edición número 274.



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