Los desafíos de emprender en soledad
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Los desafíos de emprender en soledad

Uno de cada 10 emprendedores en la Argentina se enfrenta al dilema de desarrollar una pyme unipersonal y mantenerse como tal o incorporar socios para crecer. Cuándo es el momento para sumar colaboradores. 

03 de Junio 2013




Los negocios unipersonales tienen la particularidad de concentrar en una misma persona dos cargos fundamentales en cualquier compañía: el de dueño y el de empleado, ya que el dueño es, también, el único dentro del proyecto.

En la Argentina, jurídicamente, las sociedades con un solo miembro no están consideradas, a no ser, que se constituya en el exterior o sea una compañía del Estado. En la práctica, muchas veces, los emprendedores no crean una sociedad al principio del proyecto pero, cuando deciden hacerlo, buscan su primer socio o encuentran un “prestanombre”, es decir, alguien que ostente una participación marginal en la sociedad en calidad de socio simbólico.

Los cálculos de los especialistas consultados para esta nota señalan que uno de cada 10 entrepreneurs se atreve a explorar esa faceta creando una pyme unipersonal en la Argentina. Para Silvia Torres Carbonell, directora Ejecutiva del Centro de Entrepreneurship del IAE, los equipos de trabajo son esenciales para un buen desarrollo del proyecto. Por eso, en general, desaconseja los inicios unipersonales. Es más, la competencia para emprendedores NAVE, que organiza la escuela de altos estudios de la Universidad Austral, sólo acepta negocios con, al menos, dos socios. Está vedado el acceso a pymes con un fundador, sin socio ni colaboradores.

“Los emprendimientos unipersonales carecen de otras perspectivas. Por eso, recomiendo un equipo de asesores, que puede ir desde un contador hasta un abogado y, sobre todo, un especialista en el rubro que se participa”, aconseja Torres Carbonell. María Josefina Pagani, creadora y diseñadora de María Josefa Shoes, ve las cosas de otro modo. “Para mí, es blanco o negro. Al producir algo tan estético, que genero todo en mi cabeza, es difícil compartir las decisiones”, argumenta y descarta sumar un socio que intervenga en su trabajo. Sin embargo, está abierta a incorporar inversores a su empresa de calzado y, desde el año pasado, cuenta con una colaboradora en su showroom de la Avenida Alvear. Desde allí, cerró la venta de 4.800 pares de ballerinas y zapatos en 2012.

Yamila Salomón trabajó 10 años en distintas empresas como diseñadora de indumentaria, hasta que sintió que había llegado el momento de encarar un proyecto unipersonal, cuando notó que alcanzó su techo en Caro Cuore, la última firma en la que trabajó. Así, surgió, hace casi cuatro años, Nairsadi Home, la empresa que diseña y produce sábanas, acolchados, almohadones, toallas, cortinas, manteles, servilletas y delantales, entre otros productos y que este año planea crecer un 35%.

“Muchas veces, el negocio crece más rápido de lo que te imaginás. Y eso cuesta más al estar solo. Además, tenés un mayor riesgo económico”, dice Salomón. “Pero, a la vez, lográs mayor independencia y tenés tantas satisfacciones como obstáculos”, advierte la emprendedora que terceriza la producción de más de 150 toallas por mes, uno de los productos más vendidos. “El primer producto que diseñé fueron las sábanas, porque noté que había pocas opciones en el mercado y podía ofrecer un producto de calidad, con diseños originales y un buen packaching. Esa primera experiencia fue totalmente intuitiva a tal punto que tuve que cambiar la estrategia y ofrecer otro tipo de productos, a partir de la recomendación y la demanda de los comerciantes”, dice la diseñadora.

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Para Torres Carbonell, los emprendedores, a veces, se creen dueños únicos de la idea y el negocio, y cometen el error de no buscar socios. Pero, en su mayoría, nadie quiere estar solo en un proyecto; usualmente, es el contexto que los lleva a esa situación vulnerable.

“En un principio, pensé en algún socio que tuviera habilidades complementarias a las mías. Me interesaba poder sumar a alguien con experiencia comercial. Pero empecé de cero y a pulmón, por lo que era difícil compartir los pocos ingresos”, confiesa Dolores Barousse, creadora de Globba, una marca de bolsos para que las madres puedan llevar lo que necesita su bebé en una propuesta canchera. La empresa vende 300 unidades por mes y factura $ 90.000 cada 30 días.

¿Uno más uno?
Todas las emprendedoras consultadas para esta nota coinciden en que hay recompensas económicas al trabajar en soledad, pero el riesgo es mayor y el miedo por la inseguridad financiera siempre sobrevuela. Con los horarios pasa algo similar, se puede lograr una autodisciplina pero, muchas veces, el tiempo de trabajo se extiende más allá de lo previsto.

Marianela Balbi fundó Cuarto Colorado, una empresa de botas, pilotos y paraguas, con la que facturó $ 360.000 el año pasado. Ella tiene claro que emprender se trata de una tarea compartida. “Creo que trabajar sola tiene más contras que pros. La diversidad de pensamientos, la toma de decisiones consensuada y analizada desde diferentes puntos de vista, los tiempos de ejecución, las tareas y funciones, según diferentes capacidades, son importantes”, dice la emprendedora. “Por ejemplo, esos aspectos los cubro con personas no involucradas directamente en el proyecto, como amigos o colaboradores que están siempre para debatir y analizar mis ideas”, asegura.

“La empresa unipersonal implica exponerse a la prueba y error. Siempre que logro solucionar un conflicto creo que jamás volverá a suceder, pero, al crecer en escala, surgen nuevos”, dice Pagani y ejemplifica: “Cuando las importaciones estaban estancadas, era difícil estimar cuándo iban a liberar los productos, entonces, al principio, vivía pendiente de eso, era estresante y ahora entiendo que puedo encontrar alternativas en el mercado local”.

La emprendedora invirtió $ 60.000 y vendió 50 pares en su primera colección. “El desembolso lo hice con mis ahorros y un pequeño préstamo, pero fue un proceso de dos años hasta que el negocio se volvió sustentable económicamente”, señala Pagani quien vende un 58% de su producción en el canal mayorista, 26% al por menor, 11% vía online y un 5% bajo consignación, que es cómo concretó las primeras ventas.

En las capacidades creativas y la dedicación full-time está el secreto del éxito en los cuatro casos analizados. La producción se terceriza y los canales de comercialización tienden a ser mayoristas, lo que facilita esa etapa y reduce la relevancia de un local a la calle que insumiría más colaboradores y una mayor inversión.

Pagani tiene claro el futuro de su marca. “Cada vez que debo enfrentar un problema, luego me gusta tomarme un tiempo de meseta para reponerme. Por eso, no planeo un crecimiento vertiginoso, sino paulatino reinvirtiendo mis ganancias”, dice.
Salomón, de Nairsadi Home, aún no sumó un socio, pero lo considera un emprendimiento familiar por los consejos que aporta su marido y las enseñanzas de su padre, dueño de una empresa de logística. “Además, los proveedores se convierten en una especie de ‘socios’ porque se busca el beneficio común”, dice la joven emprendedora.

“Los inversores suelen buscar proyectos y financiar equipos de trabajo y no personas”, dice la especialista del IAE. “De cualquier forma, en el caso de buscar un ángel inversor, además del dinero, tienen que poner el foco en el valor agregado que aportará el socio”.


La edición original de este artículo se publicó por primera vez en el suplemento Seguros de El Cronista (30.05.2013)



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