Lo que hay que saber a la hora de decidir crecer sin tomar crédito
Emprendedores

Lo que hay que saber a la hora de decidir crecer sin tomar crédito

Los casos locales de quienes lo implementaron.

Por Andrés Engler 02 de Agosto 2016

El método bootstrapping es aplicado por algunos emprendedores en la Argentina, quienes, ya sea por necesidad o simples ganas, decidieron comenzar con fondos propios, sin intromisión de terceros, y continuar con los mismos ingresos generados por sus propias empresas.

Para Martín Ferrari la palabra era desconocida hasta hace un año y medio. “No teníamos ni idea de que era algo reconocido; lo hicimos por sentido común”, dice. En 2010, junto a su padre y su hermano, cofundó 123seguros, un bróker de seguros online del que hoy es CEO. Fue el pater familias quien aportó los primeros dólares y el know how del sector. “Contábamos con una inversión inicial acotada. La empresa perdió plata el primer año y después ya no”, prosigue. En 2015, la compañía facturó US$ 2,6 millones e intermedió US$ 13 millones en primas. “Crecemos en carteras y ventas orgánicamente un 65 por ciento todos los años. Es rentable”, actualiza Ferrari.

Tras trabajar en departamentos de Tecnología de algunas de las principales firmas del país, Ariel Gesto –ingeniero Informático de UADE, con posgrados en Stanford– cambió la oficina por una habitación en su casa. “Estuve dos años y medio programando, 18 horas por día, sin ver la luz del sol”, recuerda. Sin ganancias, el hogar era sostenido por su mujer. “Fue un acuerdo entre noso-tros dos”, agrega. Después de tres años de trabajó logró crear un producto mínimo viable (MVP, por sus siglas en inglés) con el que salió a buscar clientes. “En 2004, cuando empecé, no había tantos programas de financiamiento ni tantas aceleradoras”, describe.

Posteriormente, sí llegarían algunos fondos de inversión. “Cuando el software empezó a crecer, vinieron inversores americanos”, recuerda. Provenientes de Boston, antes de sentarse a negociar, querían imponer condiciones, entre otras, la mudanza a los Estados Unidos. Gesto desistió. Después fue el turno de interesados argentinos: Globant, con quien Gesto entendió que las concepciones de fondo eran difíciles de unir. No hubo rencores: fueron los propios fundadores de Globant quienes presentaron a Gesto en Endeavor, que lo eligió en 2013. Dos años después, la facturación de InvGate superó los US$ 9 millones, con perspectivas para 2016 que ascienden a US$ 13 millones.

El bootstrapping es un tranquilizante del que pueden llegar a carecer emprendedores mareados por los dólares de inversores de riesgo. “Cuando no levantás capital, todo sucede de manera orgánica. A la gente le gusta tu producto; entonces vendés más, lo mejorás un poco más. Crecés de manera sana, al ritmo de las ventas”, opina Gesto. El método es considerado un reloj que nunca se atrasa ni se adelanta; la cuestión es que pocos quieren ponérselo en la muñeca.

La prioridad de quienes aplican bootstrapping es el producto y, en consiguiente, el consumidor; no los revenues. “Nos enfocamos en ser muy cercanos a los clientes y eficientes en el uso de recursos”, describe Ferrari. Tal austeridad deja enseñanzas: “Uno se enfoca mucho en el negocio y en que éste sea productivo. Teníamos muy pocas chances de fallar. Si nos equivocábamos, debíamos acomodarlo rápido. Esa gimnasia es una ventaja frente a los competidores”. De tanto medir, hasta sabe cuánto hubiesen durado sin un real cuidado: “Tres meses”.

Lucía Hojman, Entrepreneur Selection and Service manager en Endeavor Argentina, hace referencia al valor que debe tener el producto en caso de que no se quiera fracasar en el intento. “Saben que deben lanzarlo lo más rápido posible y mejorarlo para vender más. Trabajan con austeridad, deben cuidar de lo que disponen. Y eso los ayuda a mantener el foco”, explica. Ferrari habla en diminutivo: “Lo primero que debíamos hacer era chiquito. Crecer de a poco, con retornos cortos, teniendo en cuenta que no teníamos fondos para hacer locuras”.

Ir en puntas de pie genera dominio propio. “Te obliga a ser extremadamente disciplinado”, comenta Luis Navas cofundador y CEO de Conexia, una compañía que pertenecía a Impsa, dedicada a proveer soluciones informáticas a la industria de la salud. Navas, quien se hizo conservador con el tiempo: “Pagamos deudas y sueldos cuidadosamente, estamos al día con todo”. El empresario sabe que la debilidad de emprendedores con repentinos millones tiene forma de caja. “Si son cuidadosos, pueden crecer un montón; pero son la excepción a la regla”, dice. Gesto grafica: “No tengo dinero para quemar. Cada decisión está súper pensada, con métricas. Estoy obligado a basarme en información real para la ejecución”.

A algunos emprendedores no solo les falta dinero; también carecen de tiempo para encontrar inversores. “No podía ir a buscar capital por las horas que consume hacerlo, no podía salir de la operación. Era un gran consumo de energía y era socio único”, afirma Gesto, en referencia al desgaste que también puede significar presentarse al veredicto de los inversores. Crítico del proceso, Gesto opina que la inversión externa es una multiplicación que puede destruir toda la ecuación genuina que un emprendedor escribe antes del ingreso de dólares ajenos a su proyecto. “Armás equipos, pero sin más ventas. Es una lotería. Se timba lo que está pasando con tu compañía, sin necesidad”, dispara.

Por su parte, Hojman considera que el capital prestado puede servir como brújula para que el emprendedor sea cuidadoso. “Las reuniones de directorios obligan a que estén ordenados, a que vean cómo le está yendo a cada sector de la firma, a prestar atención a indicadores de performance mes a mes”, dice. La disciplina es impuesta, en la mayoría de los casos, si el inversor está atento al dinero que confió y no se desvincula de la operatoria. “En la Argentina hay algunos que son muy buenos, que realmente ponen gente, participan en los boards, y te obligan a tener disciplina”, agrega Navas.

El capital tiene un rebenque en una mano y puede dar algunos mimos con la otra. “Te permite hacer un montón de pruebas distintas, que, en su momento, no pudimos hacer”, afirma Ferrari. Tampoco todo es dinero, según Navas. Y agrega: “Si elegís un buen inversor, te ayuda a expandirte; tiene contactos y te presenta gente. Están interesados en que su inversión vaya bien”. Hojman destaca “Si son elegidos correctamente, los inversores aportan contactos, asesoramiento: algo muy valioso”. Ya inmiscuido en la red de Endeavor, Gesto quiere buenos consejeros en su mesa de decisiones, pero los quiere con las manos atadas. “Me gusta tener asesores, pedir ayuda. Pero una cosa es eso y otra es meter a un nuevo socio”, aclara.

Navas sabe que no quiere inversores cerca, pero tampoco es crítico con quienes lo hacen. “Es una autopista donde solo podés acelerar, un vértigo que, a lo mejor, para algunos está bien. Si tu objetivo es hacer dinero, a lo mejor es el camino que debés seguir”. 

Los intereses del emprendedor y el proveedor del capital no siempre son los mismos, recuerda el hoy empresario. “Cuando alguien invierte en tu compañía, empieza a correr un reloj, porque el que invirtió quiere hacer un exit; y eso te obliga a tomar medidas de corto plazo para aumentar el cashflow”, agrega.

En algunos procesos de búsqueda de capital, los emprendedores quieren dinero para ganar tiempo. Y, apurados, algunos dejan el bootstrapping en Ezeiza. “Después de cinco años, entendimos que para seguir creciendo y aprovechar una oportunidad de negocio necesitamos ingreso de capital. Ahora el juego que queremos jugar es otro”, resume Ferrari.

A pesar de que lo validen emprendedores, el bootstrapping no es aspiracional en el nicho entrepreneur, y tiene poco encanto para los más jóvenes. “No es muy seductor trabajar 18 horas por día. Cuando se lo contás a emprendedores, es áspero”, dice Gesto. La seducción está en otro lado: “Es muy sexy tener una idea y que te den cinco millones de dólares. En mi caso, no hubo mucha decisión cuando empecé”, sostiene, pero contrapone: “Muchas empresas podrían hacerlo”. Otras no, afirma Navas: “Hay firmas que si no levantan capital no subsisten”.

 

Nota publicada en la edición 270 de la revista Apertura.



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