Las picadas, una apuesta gourmet para emprender
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Las picadas, una apuesta gourmet para emprender

En 2012 Ricardo Jurado abrió un local en San Isidro con un formato dos en uno: vende fiambres, quesos y vinos y aspira a abrir un bar en una terraza.

15 de Marzo 2013




El almacén de barrio que parece lejano en el tiempo o un reducto apenas conservado en los pueblos del interior vuelve de la mano de un concepto más ágil y gourmet. Mientras las grandes cadenas de supermercados apuestan al modelo “mini” o “express”, otros players piensan en un negocio más personalizado. Ese es el caso de Ricardo Jurado (53), que el año pasado, ingresó en esa categoría con Almacén La Caterina, una propuesta para un público ABC1 en la Horqueta, San Isidro. En la planta baja de una casa antigua, con un formato dos en uno, vende quesos, fiambres y vinos y planea abrir un bar para comidas como picadas, ensaladas y sándwiches.

“En 2010 invertí US$ 150.000 en reformas edilicias en la casa que ya era mía. En 2012, $1 millón más para abrir el local que tiene 150m2 y una cava propia de vinos”, cuenta Jurado que es un aficionado del golf y comparte el día a día del negocio con su hijo mayor y cuatro empleados.

Emprendedor VINOS

El emprendimiento surgió ante la imposibilidad de alquilar el local de la planta baja. Jurado encontró en una de sus debilidades, los vinos y la comida gourmet, la oportunidad de abrir un almacén y allí destinó parte de sus ahorros.

El slogan del local es volver al almacén de barrio, y parece que los vecinos así lo entienden porque la repercusión es buena, según el propio emprendedor. “Las expectativas que teníamos fueron cubiertas porque vemos que a la gente le gusta nuestra propuesta, vienen, prueban, compran y vuelven”. También lo reflejan los números, Almacén La Caterina proyecta facturar $1,5 millones este año.

La terraza donde Ricardo Jurado piensa poner las mesas para que los clientes puedan sentarse a comer, todavía sigue vacía. “Tuve contratiempos con las habilitaciones por parte de la municipalidad. Nuestra intención era abrir todo en 2011, pero finalmente tuvimos que abrir en noviembre del año pasado sólo el almacén”, aclara. “Lo mejor está por venir, porque siempre el verano es más difícil en materia de ventas, sin embargo, decidimos abrir en noviembre de 2012 para hacernos conocer y en diciembre vendimos por $120.000”, agrega.

El local ya tiene casi 1000 productos distintos con fiambres y quesos como los más vendidos, seguidos por los vinos, en su propia cava refrigerada. También hay arroces, fideos secos, delicatesen como escabeches y condimentos e incluso un surtido de golosinas.

El proyecto, netamente familiar, ya recibió propuestas para replicar el modelo en otras ciudades y la idea de Jurado es avanzar en ese aspecto en el mediano plazo y así lograr ser distribuidores regionales de productos gourmet del interior del país.

Multifacético
Ricardo Jurado es un empresario que participó de numerosos negocios comerciales, agropecuarios, gastronómicos y de real estate en los últimos 32 años. Primero se asoció con su padre, del mismo nombre, y abrió Jurado Golf, una casa de venta de palos de golf y todos artículos destinados a ese deporte, que siempre estuvo vinculado a su familia (ver recuadro). En 1995 Ricardo Jurado padre compró 300 hectáreas en el valle de San Rafael, Mendoza, y desarrolló un proyecto vitivinícola. Jurado falleció en 1998, y su hijo continuó con el negocio de Mendoza y la gerencia de Jurado Golf. El local de golf se lo cedió a su hermana, Elizabeth Jurado, tras una ruptura familiar en 2006.

Se quedó con Viñas del Golf que ya era un hecho. Producía ciruelas, duraznos, damascos y uvas finas. En 2002 abrió una bodega boutique de 70.000 litros y sumó un restaurante y un hotel con tres habitaciones dentro de un proyecto inmobiliario con una cancha de golf de nueve hoyos.

En 2007, vendió el 75% del emprendimiento a un fondo de inversión estadounidense al que tres años después vendió el resto de sus acciones. Hoy Viñas del Golf es Algodón Wine Estate, y son los mismos dueños de Algodón Mansión, un hotel en Recoleta, y Hollywood Burger, una cadena de comidas rápidas, que tiene un local en San Rafael, Mendoza.

“Aún conservo una casa en ese emprendimiento de Mendoza”, dice Jurado. Su periplo mendocino le permitió conocer numerosos productores de alimentos gourmet, que hoy comercializa en Almacén La Caterina.

“En el interior están los mejores productos artesanales. Argentina tiene una diversidad cultural que se trasmite también en los emprendedores gastronómicos y alimenticios”, concluye el emprendedor.



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