Las fragancias del país, embotelladas por una emprendedora
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Las fragancias del país, embotelladas por una emprendedora

La historia de una mujer que empezó en 2002 con un local y hoy tiene cinco franquicias y sus productos en más de 600 puntos de venta. Los recuerdos y la familia como base del negocio.  

03 de Septiembre 2012




Los veranos en Mendoza, la colección de estampillas, los recuerdos de los viajes. Los recursos necesarios para embotellar los aromas del camino en perfumes, jabones y cremas corporales. Detrás está Leticia Erroz, quien en 2002 comenzó con un emprendimiento llamado Aromas de la Campiña, y donde en cada fragancia está representado un lugar de la Argentina.

Viña Morada es el aroma de Cuyo, Brisa Plateada huele a los glaciares y Verde Llanura representa a La Pampa. El amor de Leticia por la filatelia se refleja en las etiquetas, donde cada una simula ser una estampilla.

LA campiña aromas
“Empecé sola y después se unió mi familia, mi marido en la administración, pero la parte de perfumería la empecé sola”, explica Erroz, quien también desarrolló los perfumes de marcas como Ona Saez, María Vázquez, Sarah Kay y Ferraro, entre otras.

“Arrancamos con 10 paisajes -donde cada uno tenía su fragancia- y ahora son 17 paisajes. Algunos son aromas como Naranjo en Flor, Amor Eterno, que tiene que ver con los recuerdos, con los vínculos”, narra la emprendedora, de profesión cosmeatra, en diálogo con Apertura.com.

“A mí los aromas me apasionaron desde siempre, y hay una tendencia familiar de mis abuelos, de mi familia, ya que nos criamos con una casa perfumada”, relata.

Todo comenzó en Moreno, donde se abrió el primer local en el Mini Shopping. Luego se creció hasta tener cinco franquicias, por las que se cobra entre $ 60 y 90 mil, cifra que incluye la mercadería de vidriera, el stock inicial y el mobiliario. No hay feed de ingreso y el local no está incluido en el costo. La expansión de la marca llegó a Francisco Álvarez, a Pinamar, Campana y a 600 puntos en todo el país, de la mano de los multimarcas.

El origen del emprendimiento se vio impulsado por el fenómeno del turismo, que llegaba a la Argentina gracias a la diferencia cambiaria. Sin embargo, también resultó ser una época donde muchos se marchaban. “Había muchos que se iban, y si alguien le llevaba como regalo un aroma de su lugar, podía recordarlo con cariño”, cuenta Erroz.

La marca cuenta con 20 empleados, facturó $ 200 mil por mes durante 2011 y apunta a agregar una fragancia por año. Hoy exporta a Uruguay y tiene en mente sumar Brasil a sus destinos. “No hay que perder el hilo de que vamos a salir adelante, queriendo a nuestro país, nuestros lugares. Hicimos un producto accesible, nada de lujo”, detalla y agrega que no hay un perfil etario de quienes buscan sus fragancias: “La juventud es un estado de ánimo”.

 



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