La historia de la cerveza artesanal que nació en medio de la crisis de 2002
Emprendedores

La historia de la cerveza artesanal que nació en medio de la crisis de 2002

Por Joaquín Garau 16 de Agosto 2016

Cuando en Springfield se prohíbe el consumo de alcohol, Homero Simpson idea un gran plan para abastecer el bar de su amigo Moe gracias a la fabricación casera de cerveza.

Una historia similar –aunque menos conocida y menos amarilla- vivió Pablo Fazio, fundador de la cervecería Otro Mundo, cuando el bar que tenía con sus amigos dejó de contar con la diversidad de stock que los hizo progresar. Corría 2002 y la crisis que vivía la Argentina limitó la llegada de variedades de cervezas.

Ante esto, Fazio decidió agarrar su auto y salir a recorrer cervecerías artesanales de la Costa Atlántica, Córdoba y el sur para abastecer su negocio de Las Cañitas. “Quería que fueran mis proveedores pero tenían más problemas que nosotros. Y en ese momento me dije: ‘Si no puedo conseguir quién venda esto, tendré que hacerla yo’”, cuenta a la distancia Fazio.

Sin embargo, hay una diferencia muy grande entre tomar cerveza y hacerla. Como en muchos otros momentos de la vida, la educación fue la respuesta. Se anotó en un curso de cervezas que dictaba la Universidad de San Martín y tuvo suerte. Su profesor era Marcelo Cerdán, uno de los referentes nacionales en cerveza artesanal. El destino los unió y decidieron hacer una cerveza propia y diferente al resto, con un sabor distintivo. Se sumaron a la corriente de micro cervecería artesanal que ya pegaba con fuerza en Estados Unidos y emprendieron con su propia marca. Pero ellos iban a contramano. “Estábamos en 2002 y la gente se iba del país. Y nosotros buscábamos financiación para hacer nuestra propia marca. Pasaron un par de años hasta que nos hicimos un nombre y encontramos a la cervecería San Carlos, en Santa Fe, –hoy cerrada- para que produjera nuestra propia variedad”, relata.

Para seguir esta pasión, Fazio había dejado atrás su cargo de director en la Secretaría de Hacienda y Finanzas del Gobierno porteño. Licenciado en Ciencias Políticas, llegó a ser director general de Sistemas de Información, pero la cervecería –y “las actitudes de algunas personas de la política”- lo terminaron llevando por el camino de los alambiques y la cebada.

Mientras tanto, su idea fermentaba. Convencieron a un grupo de conocidos, entre los que estaban los emprendedores Andy Freire y Santiago Bilinkis, de poner US$ 250 mil en su proyecto. Y largaron la producción. Tenían 80 mil cervezas ya terminadas pero ningún cliente. A Otro Mundo se sumó Lucas Álvarez, proveniente de la empresa fabricante de Corona, y recién en 2005 consiguieron un distribuidor. Tardaron tres años en que alguien destapara un porrón de su creación.

Las buenas noticias comenzaron a sumarse. Comenzaron a exportar a Suecia, Uruguay, México, Italia, Canadá y Paraguay. “Desde agosto de 2015 retomamos la exportación a Estados Unidos, ahora estamos vendiendo a Croacia y pronto a Hong Kong”, narra Fazio.

Y su trabajo era un hito, porque los fabricantes de cerveza artesanal eran una rareza en ese entonces. Antares y Barba Roja eran otros competidores o, visto de otra forma, dos remadores como ellos.

“Cuando empezamos estábamos solitos con Barba Roja y Antares. Ahora el consumidor está en una nueva era. Que es gente que desde chico empezó a ir a los bares y en este momento es un joven adulto que está atento a las novedades y sube su escalón de exigencia en torno a lo que consume. Y esto no pasó solo con la cerveza, sino que se extiende a los vinos”, cuenta Fazio.

Más allá de la exigencia del cliente, encontraron tres trabas para progresar. “Un impedimento es el financiamiento, porque estábamos en la Argentina y, como se sabe, es un país difícil, errático en sus políticas. Hoy se puede importar, mañana no, hoy el dólar esta alto, mañana bajo”, dice el emprendedor y suma a su listado el tema impositivo. “Nosotros le vendemos a plazo a nuestros distribuidores y ellos nos pagan en el mismo período. Si emití una factura el 20 de marzo, el 30 de abril le tengo que pagar al Estado haya cobrado o no. ¿Cómo hago? Es imposible”, se queja Fazio.

Además, Fazio dispara contra las prácticas monopólicas que realizan algunas empresas, como por ejemplo, ofrecerle a los bares cerveza gratis, sillas y sombrillas con el nombre de la marca y hasta heladeras para tener la exclusividad en ese punto de venta. “Está prohibido por ley”, asegura.

Con la meta de producir 2 millones de unidades durante 2016, Otro Mundo ya se trae dos proyectos entre manos. El primero tiene que ver con expandir su mercado al norte argentino, para lo cual están en búsqueda de distribuidores idóneos. El segundo es hacer cerveza de barril. Si todo sale bien, la próxima ronda la invita la casa. 



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos

Notas Relacionadas