Las amigas que se basaron en los pueblos originarios para emprender
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Las amigas que se basaron en los pueblos originarios para emprender

Fernanda Petrarca y Flavia Rabinovich crearon un portabebés que cuida la columna y la postura de las madres. Wawita, su emprendimiento, supera los $ 10 millones de facturación y planea ingresar al mercado estadounidense. Por Laura Mafud 19 de Junio 2014

 


Mientras, en la tierra del tango, se avecinaban tiempos difíciles, coronados por una economía que estaba a punto de colapsar y presidentes que desfilaban por Balcarce 50 cual si se tratara de una pasarela, Fernanda Petrarca y Flavia Rabinovich, muy amigas desde el colegio secundario, entendieron que había llegado el momento de dar un giro a sus vidas. Aunque, aún no estaban seguras del cómo. Trece años más tarde, comandan Wawita, una firma dedicada a la producción y venta de accesorios para bebés, al estilo de los pueblos originarios (como el portabebé para llevarlo apoyado al pecho) con presencia en 500 locales multimarca y con una facturación anual que ronda los $ 10 millones. En lo que va de 2014, vienen generando a razón de $ 1 millón por mes. Y ya apuestan a expandirse.

“Íbamos juntas a la escuela de danzas. Luego, yo me dediqué a bailar tango y danza contemporánea. Flavia, a trabajo corporal. Cuando ella queda embarazada de su segundo hijo, vi a una chica por la calle que llevaba a un bebé atado con una tela. Pensando en cómo cuidar la espalda, se me ocurrió buscar ese producto para regalárselo. Pero, en el mercado argentino, no existía. El bebé nació en 2001 y, finalmente le llevé otro regalo”, comenta Petrarca.

Wawita Fernanda Petrarca Flavia Rabinovich Pyme

Inicio. Wawita, el emprendimiento de Fernanda Petrarca y Flavia Rabinovich, nació en 2002 de la mano de un portabebés inspirado en la cultura de los pueblos norteños. Foto: Antonio Pinta.

Durante ese encuentro, le comentó a su amiga de esa frustrada búsqueda. Para su asombro, Rabinovich le contestó que ella, por tener problemas en la columna, lo venía buscando, sin éxito, desde su primer embarazo.

Desde el hogar
Así surgió la fantasía de empezar a fabricar los portabebés. “Había estallado la crisis y el trabajo estaba bastante frenado”, recuerda Petrarca. Ese fue el motor que la alentó a poner manos a la obra para darle forma al negocio que venía pensando junto a su amiga. Con una inversión inicial de $ 200, que se destinó a la adquisición de telas, dieron los primeros pasos.

“Íbamos a Once, pedíamos algunas muestras y anotábamos los precios. La primera vez que salimos, el metro de tela estaba 80 centavos. El día siguiente, $ 1. En menos de una semana, terminamos comprando a $ 2,20. Con ello, hicimos los primeros seis portabebés, a los que llamamos ‘wawitas’. Cortábamos las telas tiradas en el piso de mi casa”, recuerda Petrarca.

Un amigo de su marido, fotógrafo de profesión, se ofreció a hacer las primeras tomas de las prendas. Una compañera de danzas ofició de modelo. El padre de Rabinovich, dueño de una fábrica de cajas, les obsequió los primeros packs. “Mi marido diseñó el logo, el folleto y nos ayudó a construir la imagen”, agrega Petrarca.

Las socias comenzaron pateando la calle pero, al principio, no encontraron eco. “En los locales, nadie sabía de qué se trataba”. Y tuvieron que cambiar de estrategia. Se les ocurrió ir a las madres. “Nos acercamos a la revista Planetario, que, en ese momento, hacía una feria en el Parque Japonés”, recuerda. También, apuntaron a publicitar online en los primeros sitios del rubro y se acercaron a centros que trabajaran con temas de preparto, como yoga para embarazadas.

El boca a boca fue encargándose del resto. Tanto, que las madres que escuchaban hablar del portabebés se acercaban a buscarlo a los negocios. A esos mismos que, inicialmente, habían rechazado el producto por no conocerlo. Y, así, Wawita comenzó a ganar espacio en el retail. Hoy, los productos se comercializan en más de 500 tiendas (entre baby stores, blanquerías, farmacias, jugueterías y locales de indumentaria para bebés y embarazadas) de todo el país.

Los primeros tiempos, trabajaban desde sus hogares. Luego, alquilaron un dos ambientes, contrataron una empleada y empezaron a sumar más accesorios, como bolso-cambiador unisex, para que fuera ‘daddy-friendly’; mantas de abrigos con capucha; almohadones para amamantar y bolsos con un bolsillo térmico para llevar la mamadera.

En lo que va de 2014, Wawita viene generando a razón de $ 1 millón por mes.

En 2007, el departamento les quedó chico. Pasaron a un galpón, en el Abasto, de 160 m2, sumaron dos empleados y abrieron, allí, un taller de costura. En 2010, necesitaron una nueva mudanza. Y, desde entonces, trabajan en el barrio de La Paternal, en un galpón de 1.000 m2, que tiene un piso para las máquinas y otro espacio para acopio de mercadería. Emplean a 13 personas.

Petrarca y Rabinovich eligen acercarse ellas mismas a las tiendas, sin distribuidor, para tener un contacto más fluido con el cliente. Además, participan de cuanta feria textil haya.

La gran apuesta
Wawita, que, en quechua, significa ‘bebé de pecho’, hizo algunos envíos a Uruguay, Paraguay, Chile y España. De cara al año próximo, las socias analizan propuestas llegadas desde los Estados Unidos y Uruguay. Este año, sumaron una línea premium de sábanas para bebés. Hoy, la colección completa de la firma tiene 40 artículos y vende unas 6.000 unidades por semana. Tal como hace años, las socias siguen bailando. Pero ya no lo hacen por trabajo, sino por placer

La edición original de este artículo se publicó en el suplemento Pymes que acompañó la edición del 12 de junio de El Cronista.



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