La actividad emprendedora creció en 2015 y volvió casi a los mismos niveles de 2012
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La actividad emprendedora creció en 2015 y volvió casi a los mismos niveles de 2012

Un estudio realizado a nivel global posiciona a la Argentina como un ecosistema en crecimiento, aunque con aspectos a mejorar. La radiografía del sector.

10 de Junio 2016

Los datos relevados por el Global Entrepreneurship Monitor (GEM) dejan a la vista una escena por lo menos prometedora. Es que según el informe, de mejorarse algunos factores como el acceso al financiamiento, las políticas públicas y las regulaciones del mercado interno, el ecosistema emprendedor argentino podría volver a ostentar picos de actividad como los que tuvo en 2011. Muestra de esto es que el año pasado un 46 por ciento de los adultos encuestados reconoció percibir buenas oportunidades para comenzar un negocio en los seis meses próximos a ser consultado, una cifra un 14 por ciento mayor que en 2014 -y un 10 por ciento menor que la de cinco años atrás.

El reconocimiento de la llegada de un momento adecuado para emprender no es la única variable que hizo saltar a la tasa total de actividad emprendedora en edad temprana (TEA, por sus siglas en inglés) cuatro puntos porcentuales con respecto a 2014 (de 14 puntos hace dos años, a 18 en 2015 -en 2011 había sido de 21 puntos). A la hora de hablar de percepción de capacidades, por ejemplo, un 62 por ciento de los adultos consultados consideró tener las habilidades necesarias para poner en marcha un nuevo negocio. 

Sin embargo, el informe aclara que no todo es buenas perspectivas en el ecosistema emprendedor actual a nivel local. Por su parte, el miedo al fracaso ha crecido en términos relativos. Se mide a partir de todos aquellos que vieron buenas oportunidades para comenzar un negocio: así, en 2014 fue el 23,5 por ciento del 32 por ciento de los adultos (7,52 por ciento), y el 2015 es el 25,8 por ciento de un 46 por ciento de los adultos (11,86 por ciento). 

Más allá de los números indicados previamente, también existe un universo de potenciales emprendedores que, si bien no planea iniciar un nuevo negocio en los próximos seis meses, no descarta ad eternum esa posibilidad. De hecho, un 29 por ciento de los adultos entre 18 y 64 años consultados declararon que esperan emprender en algún momento dentro de los próximos 3 años.

Según el relevamiento, que en la Argentina se realiza desde 1999 y del que participaron 4.000 adultos el último año, es posible que la TEA esté subiendo por la confluencia de dos fenómenos. Uno de ellos, la necesidad: el proceso inflacionario trae como consecuencia que mucha gente necesite completar sus ingresos con una actividad en forma independiente -que no siempre es sofisticada. De todas maneras, el GEM sostiene que el crecimiento en los emprendedores también se está dando por una oportunidad de mejora, una mejor “calidad “de proyectos con mayor potencial de impacto.

"La inestabilidad política experimentada se manifiesta en pérdida de confianza, y escaso flujo de inversiones que impide un crecimiento y consolidación de la actividad emprendedora. Esto se ve reflejado en la cantidad de participantes de la investigación que declararon tener miedo al fracaso a la hora de emprender", agrega el informe, que fue presentado por Silvia Torres Carbonell, directora del centro de entrepreneurship del IAE y actual subsecretaria de economía creativa de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

A la hora de hablar sobre diversidad de género, en el país hubo en 2015 un 19 por ciento de hombres adultos involucrados en algún tipo de actividad emprendedora, mientras que en el caso de las mujeres, la cifra desciende a un 16 por ciento -5 puntos más arriba que en 2014.

En términos generales, las políticas públicas, la educación emprendedora en niveles escolares, las limitaciones del mercado interno (regulaciones y barreras de entrada), la transferencia de investigación y desarrollo y el acceso al financiamiento son los factores que presentan menor puntaje; mientras que los mejor evaluados, luego de infraestructura, son la dinámica del mercado interno, la educación emprendedora post-escolar, los programas gubernamentales para emprendedores y las normas sociales y culturales.



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