Hernán Casciari:
Emprendedores

Hernán Casciari: "Los que hacen algo de corazón no se quejan"

El creador de Orsai habla del modelo sin publicidad de su revista, del futuro de los medios gráficos y de su desencanto con las editoriales. "El día que nos deje de divertir, haremos otra que nos guste más", advierte.

Por Joaquín Garau 30 de Mayo 2013




Fútbol de Primera se emitía por Canal 13. No había un solo argentino que no supiera que a las 22 h., todos los domingos, se escuchaba la cortina de Torneos y Competencias, aparecían Marcelo Araujo y Enrique Macaya Márquez y se veían los goles de la fecha. El programa tenía un acuerdo con AFA sobre los derechos de televisación. Desde el viernes que comenzaba la fecha hasta el último partido del domingo, cada imagen era de ellos.

Los hinchas que no habíamos podido ir a la cancha nos encarnizábamos en peleas ciegas. “Che, fue foul lo de ayer, dice Clarín”, “El penal fue afuera, pusieron en La Nación”, “No, mi primo fue a la cancha y me dijo que el orsai no era orsai, estaba en la misma línea”. No teníamos ni idea acerca de qué decíamos. Ninguno había visto nada. Todos tocábamos de oído. Pero empezaba el programa y en las mesas se escuchaba un “Shhh, dejame oír”.

Pasaban la jugada a velocidad real. El delantero picaba entre líneas y le pegaba al ángulo de abajo, donde viven los ratones. La pelota entraba. Todos festejaban y de fondo se escuchaba el silbato que inhabilitaba el grito. El juez de línea con la bandera en alto. Los plateístas hechos un infierno. El relator sorprendido decía: “Marche un Telebeam Consolidar”. Repetían la jugada: un programa de computadora ponía líneas digitales y mostraban al delantero habilitado. Al día siguiente, en la peluquería, la oficina, el taxi y la fila del banco se hablaba con las pruebas en la mano. “No había orsai, ¿Viste?”, se escuchaba.

ORSAI BIS

Habemus Orsai. La revista de Hernán Casciari se precia de no tener publicidad. 

Pasaron los años y ni el Telebeam, ni Consolidar, ni Fútbol de Primera sobrevivieron. Los goles se ven ni bien termina el partido, repetidos hasta el hartazgo por todos los canales, excepto los de cocina y los de animales. Sólo un momento se sigue viviendo inalterable: el orsai. Por esa línea imaginaria que es el fuera de juego corrió Hernán Casciari. Nacido en Mercedes, residente en Sant Celoni, Cataluña, encontró en su blog bautizado Orsai un espacio para encontrarse con los suyos.

El blog fue regado a diario y alrededor brotó una comunidad de seguidores. Iban por los cuentos, por las narraciones, por el estilo, por Casciari. Luego Casciari trabajó para las editoriales, para el diario El País y para La Nación, y abandonó su blog. “Cometí un error”, supo decir en su charla en TEDx. El tiempo lo llevó de regreso a ese primer amor digital y desde allí preguntó a sus seguidores si comprarían una revista llamada Orsai Revista, con la mejor calidad, los mejores ilustradores, el mejor papel y sin publicidad. Nació en 2011 y, sólo durante 2013, ya lleva vendidos 19.514 ejemplares. La revista es ofrecida por 221 distribuidores en 187 ciudades del mundo y 2926 lectores compraron la suscripción completa y la caja contenedora. Parece increíble pero es real: no tiene publicidad y tiene un alto nivel de calidad. Quizás es como el orsai, y está adelantada, es decir, no está parada donde están todos, sino un paso más allá, mientras los hinchas se abrazan entre banderas con el grito ahogado de gol.

¿Es replicable lo que pasó con Orsai Revista?
Si una persona pone un sitio en Internet y al día siguiente quiere vender algo, y uno no generó una comunidad, no lo puede hacer de cero. Yo empecé con el blog y se fue haciendo una comunidad alrededor. Cuando esa comunidad fue muy grande, les propuse hacer un medio en papel, y ellos aceptaron. Si tenés una comunidad por detrás, y esa comunidad está contenta, entonces vas a tener muchas más posibilidades de que funcione.

¿Por qué se lee Orsai?
Nosotros imprimimos 6 mil ejemplares de cada edición y se descargan 600 mil ediciones de cada bimestre, así que la intención es de lectura más que de compra. Los que la compran son fetichistas del objeto; la compran sabiendo incluso que es gratis. La compran porque le gusta la propuesta estética que hacemos desde la gráfica.

¿Qué pasa si la gente la deja de comprar?
Nosotros no tenemos ningún afán de perdurabilidad; no nos interesa mucho permanecer o agarrarnos fuerte. El día que nos deje de divertir, dejamos de hacerla. Siempre hay muchas maneras de hacer algo: desde lo más económico que es digital, hasta el otro extremo que es el más costoso que es hacer un formato en papel que llegue a todo el mundo. No tenemos predilección por ningún formato, y si no es requerido un formato, lo dejamos de hacer y listo.

Ni bien sale a la venta cada número, se habilita un PDF gratuito de la revista para descargar, ¿La gente hubiera pagado por el PDF?
Yo no pagaría por un PDF. Si ponemos la metáfora de la película, un PDF es un guión, y la revista la película. La diferencia entre leer un guión y ver una película es muy grande. El PDF democratiza.

¿Modificarías el espíritu de Orsai revista, aceptando publicidad, por ejemplo?
Tenemos cuatro principios (ver video) que son inquebrantables, que son una Constitución Nacional que no se puede cambiar. Pero no por el público, porque a mí no me gusta comprar una revista y ver que las primeras 30 páginas sean de publicidad de relojes. Es inquebrantable.

En primera persona. "Si no querés perder 18 minutos oyendo a un gordo que habla, Orsai no es para vos", dice Casciari, en su blog, sobre la charla que ofreció en TEDx.

¿Te fuiste enojado de las grandes editoriales?
Me fui decepcionado de los lugares donde trabajaba porque no había pasión por la literatura, sino por conseguir publicidad, generar beneficios, rentabilidad; no se preocupaban por el lector nicaragüense o peruano; había una falta de respeto por las liquidaciones, por los porcentajes del autor.

¿Qué aprendizaje sacaste de esa experiencia?
La mala experiencia lo que me generó fue la curiosidad de saber si se podía hacer de otra manera, si se podía trabajar con los autores sin cagarlos. La idea de Orsai tendió a eso, a que el autor cobrara mejor, que la comunicación con el lector fuera mucho más fluida. Hacemos esto porque nos gusta, y el día que nos deje de divertir, haremos otra que nos guste más. 

¿Aunque dejen de cerrar los números?
Nosotros antes de empezar cada año decidimos el precio de la revista. Entonces decimos: cuánto cobramos de sueldo, cuánto sale la imprenta y cuánto el papel. Eso da un número, y si ese número final, donde somos todos felices, cierra, vendés las revistas y ya tenés una revista paga. No hace falta imprimir más… el método no es complicado ni está escondido. Hacemos 6000 porque le podemos pagar a todo el mundo, no buscamos beneficios.

Suena al antiempresario…
Hacemos lo que hacen las personas cuando no les importan los beneficios. A nosotros nos gusta juntarnos a fumar porro a la noche y a hacer una revista.

Hay una idea sobrevolando que habla de que los medios gráficos van a desaparecer, ¿Qué pensás?
Depende de lo que pretenda el dueño del medio gráfico. Me parece que las personas que dicen que el medio grafico va a desaparecer, quiere decir que ya no van a poder ser millonarios haciendo eso. No les importa el medio gráfico, sino sus beneficios económicos. Si la gente quiere leer algo genuino, pequeño y nuevo lo va a tener. La gente que hace algo de corazón no se queja, se quejan los que no pueden sacar grandes beneficios de eso.

¿Va a seguir existiendo el mercado editorial tal como se lo conoce?
Sí, porque como en todo, como en el mercado del alimento o la agricultura, hay pequeños proyectos de gente apasionada, y proyectos de gente que quiere ganar dinero; pero no hay que mezclarnos.

CASCIARI RETOCADO

El portazo editorial. "Me fui decepcionado de los lugares donde trabajaba porque no había pasión por la literatura".
 
¿Evolucionó el sistema de compra de la revista?
Hoy por hoy podés comprar lo que quieras a través del sitio. Como tenemos un caudal de venta interesante, tenemos convenios con correos de España y de la Argentina. Pero en el primer año no estábamos considerados como editorial. Una vez que sos editorial, tenés algunas ventajas para hacer convenios. En este momento, si querés comprar la última revista y vivís en Afganistán, la enviamos sin ningún problema y los costos no los tomamos nosotros.

¿Al principio fue así?
Al principio dilapidamos dinero por inexperiencia. Nuestra revista número uno la imprimíamos en España, y si la quería un costarricense le cobrábamos US$ 12 y la diferencia la asumíamos nosotros; en el segundo año nos dimos cuenta que el correo tenía posibilidades para hacerlo más barato.

¿Qué consejo le das al que quiere empezar un proyecto pero no lo hace?
Este es un buen momento para hacer cosas, y no para esconderse o tener miedos o temores. Abrís un sitio en Internet, si gusta, hacés comunidad y listo. Eso te va a demostrar si tenés talento suficiente para hacerlo. Este siglo está bastante bien, a diferencia del anterior. 

¿El público de Orsai tiene algo tuyo? 

El lector de Orsai tiene la certeza de que si me manda un correo se lo contesto. Tiene una comunicación con nosotros que en otro medio no se da. Después la revista en sí misma, las crónicas, los autores, no se parecen a la literatura que hago yo, que es más bien una literatura humorística liviana. Trato de hacer una revista que me guste leer. Desde ese lugar, no hay una identificación conmigo.

¿Cómo fue la experiencia en Vorterix?
El año pasado me llamó Mario Pergolini para leer algunos cuentos y me costó decirle que sí; hice la lectura de 120 cuentos y este año me quedé sin cuentos para leer.

¿Sueñan con hacer otras cosas, como una serie de televisión?
El año pasado dijimos “vamos a hacer una universidad”, y la hicimos. Quizás el año que viene queramos hacer un canal de televisión (risas), no lo sé.

¿Por qué hacer un bar?
Notamos el primer año que la gente que recibía grandes paquetes de revistas, se juntaba en la casa de alguno y hacían un asado. Y hubo encuentro físico, y los de Buenos Aires comenzaron a fantasear con un lugar físico que fuera Orsai. Se los propuse para que la gente invirtiera, y muchos de ellos invirtieron y lo hicieron. El bar es un emprendimiento de ex distribuidores amateurs, y si perciben ganancias o no está perfecto. Lo que no hace el bar es tener una funcionalidad de beneficio económico muy fuerte. No tiene sombrillas con marcas de cerveza. Posiblemente de acá a un par de meses el bar se transforme en un club. Así que estamos viendo si podemos conseguir una casa grande en Belgrano.

¿Formás parte de esos inversores que armaron el bar?
No, sólo tomo alcohol gratis. 



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