El negocio de los ascensores, un segmento donde reinan las pymes
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El negocio de los ascensores, un segmento donde reinan las pymes

El 90 por ciento del mercado argentino de ascensores está compuesto por pymes. Son 1500 empresas que atienden un sector que genera $ 5000 millones al año.

Por Facundo Sonatti 05 de Septiembre 2013




En la Argentina, se estima que 9,5 millones de personas utilizan ascensores todos los días y alrededor de 6 millones lo hacen en la ciudad de Buenos Aires, donde hay unos 140.000 equipos instalados. Por caso, el ascensor se convierte en el segundo medio de transporte en cantidad de usuarios, luego del auto y por encima del tren, el subte y el colectivo, según fuentes del mercado.

Es una industria que, entre fabricación, montaje y mantenimiento, genera $ 5.000 millones al año y da trabajo a 15.000 personas, según estimaciones de la Federación de Asociaciones y Cámaras de Ascensores de la República Argentina (Facara).
“En 2011, se alcanzó un pico de fabricación e instalación de ascensores con 4.500 equipos”, señala Andrés Pozzo, presidente de Facara y empresario del sector. “La caída en la industria de la construcción repercutió con fuerza en las ventas locales, que proyectamos que rondarán los 3.000 equipos este año. Y, si no hay un cambio radical en la economía, esperamos una nueva caída en las ventas para 2014”, advierte.

Para Rubén García, a cargo de una pyme con 40 empleados, la construcción de edificios por consorcio y fideicomisos permite mantener las ventas de ascensores. Además, su empresa canaliza el 70% de su facturación en el montaje y servicio de mantenimiento de más de 1.300 equipos, en la ciudad de La Plata. El 30% restante proviene del trabajo de planta, que consiste en la fabricación de las paredes de los equipos, entre otros elementos con un consumo de más de 100 toneladas de acero por año.

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Fernando Suárez, presidente de la cámara que agrupa a 23 firmas del sector, en la ciudad de Mar del Plata, explica que los servicios de modernización y mantenimiento mantienen operativas las empresas ante la caída de la construcción que afectó la instalación de equipos. Suárez tiene una empresa de mantenimiento, renovación e instalación de equipos. La firma, que fundó en 1985, atiende a 300 clientes y mantiene 400 ascensores de los 6.500 que tiene ‘La Feliz’. 

La ciudad balnearia tiene ascensores desde la década del ‘30, pero, hace sólo ocho años, se actualizó la ordenanza municipal, elaborada junto a la cámara, que exige renovar algunos componentes, como los limitadores de velocidad y pesadores de carga, alarmas y cambiar la puerta manual de cabina.

En este sentido, en la ciudad de Buenos Aires, rige una ordenanza de 1995 que obliga al mantenimiento de los equipos, pero no a la modernización por razones de seguridad como en Mar del Plata. “Impulsamos una modificación de la ordenanza para adecuar los equipos”, señala Pozzo.

La industria local produce componentes, pero ninguna de las 30 pymes fabricantes elabora un ascensor completo. “Es como la industria automotriz, formada por múltiples autopartistas”, acota García. Lo que impide una integración completa es la pequeña escala del mercado local, que no logra ser significativa si se suman los entre 600 y 700 ascensores que se exportan a Paraguay, Perú, Venezuela y Colombia por año.

“La Argentina es el único país donde las pymes controlan el 90% del mercado de ascensores”, explica Pozzo y agrega que, por ejemplo, Brasil tiene las cifras invertidas. “Hay fuerte presencia de grandes firmas multinacionales y sólo un 10% del mercado son pymes brasileñas”.

Con respecto a la estrategia para la sustitución de importaciones y exportaciones, la Facara apoya como miembro asociado, al Instituto de Estudio y Enseñanza de Ascensor (Iteea) en la tarea de formar personal y desarrollar nuevas tecnologías y productos para poder ofrecer en el exterior equipamientos como los que se ofrecen desde Europa.

“Son equipos más sofisticados, hasta un 60% más costosos, pero tienen un ahorro energético de al menos el 20%”, señala Pozzo. El valor de un ascensor convencional de ocho paradas para seis personas y con puertas automáticas cuesta unos $ 210.000.
Pozzo adelanta que no hay plazos definidos para lograr el objetivo que busca recomponer la posibilidad de una fabricación integral en el país, como ocurrió en las décadas del ‘60 y ‘70.

Buenos Aires, con su estilo europeo, requirió de este transporte desde principios del siglo XX, adelantándose a otras capitales de América latina. Esta tendencia urbanística metropolitana hizo que empresas extranjeras vinieran al país para fabricar e instalar ascensores, para lo cual formaron operarios y profesionales hábiles para trabajar en el sector. Debido las sucesivas crisis económicas que sufrió el país a lo largo del siglo pasado, estas empresas cerraron o migraron a otros países, dejando a la deriva al personal especializado en la fabricación y manutención de los equipos instalados, lo que llevó a muchos a crear pequeñas empresas que, con el correr de los años, fueron creciendo y desarrollando nuevos productos y hoy son responsables del suba y baja local.


La edición original de este artículo se publicó por primera vez en el suplemento Seguros de El Cronista (05.09.2013) 



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