Cómo gestionar una familia empresaria unida (y rentable)
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Cómo gestionar una familia empresaria unida (y rentable)

Dos referentes de las familias empresarias más importantes del mundo revelan cómo hacer prosperar el negocio sin perder los lazos. Las decisiones unánimes, fundamentales en el proceso.

Por Andrés Engler, desde Mónaco 10 de Junio 2016

Luigi Lavazza y Roche no son sólo dos gigantes en sus respectivos rubros: café y medicamentos. También tienen detrás a dos de las familias más fuertes del establishment mundial: los Lavazza y los Hoffmann. En el marco del World Entrepreneur of the Year —competencia de emprendedores realizada por la consultora EY en Mónaco—, un miembro de cada una de ellas dio a conocer los secretos para que, como en los Benvenuto, lo primero sea la familia, sin que por ello la empresa deje de dar ganancias.

Guiseppe Lavazza es parte de la cuarta generación de la compañía que lleva su apellido y el nombre de quien fue el fundador, Luigi; actualmente, junto a su hermana Francesca, tiene el 50 por ciento de la firma, además de ser su Vice-Chairman. Pero ellos no son los únicos de sangre Lavazza con poder en el directorio: cuatro primos ostentan la otra mitad del imperio cafetero, que factura más de US$ 1300 millones por año, está presente en 90 países y sirve más de 17.000 millones de tazas de café por año.

Llamativamente, Lavazza dijo que las decisiones tomadas en el board deben ser unánimes. “Es muy simple. Seis votos, pero siempre por sí o por no”, dijo, y recurrió a lugares comunes para continuar la exposición: “La armonía y el respeto son fundamentales. Esa es la llave”. Por estos días el núcleo familiar se encuentra en un momento de transición: “En nuestra generación somos seis, pero en la próxima serán 10, hasta el momento. Debemos tratar de determinar el gobierno de la empresa para el futuro. Y lo queremos hacer ahora”.

Además del directorio, la compañía tiene un equipo de management que lleva el día a día del negocio, dirigido por el CEO, Antonio Barravalle, a quien le pusieron una vara de US$ 2000 millones de ventas que tendrá que sortear en el transcurso de los próximos cinco años. “Nos tomamos un tiempo para tomar las decisiones. Y el management lo sabe”, afirmó Lavazza, quien considera que una decisión firme transmite seguridad a los ejecutivos: “Con ellos discutimos temas de la agenda casa dos semanas. Todas las decisiones deben ser tomadas con el CEO. Hay un código que, sabemos, debemos seguir. Es un gobierno algo particular”.

A diferencia de lo que ocurrió con algunos de los Lavazza, la familia Hoffmann prefirió no hacerse cargo del día a día de Roche, gigante farmacéutico suizo que en 2015 facturó más de US$ 52.000 millones. Descendientes de Fritz Hoffmann-La Roche, hombre de negocios y fundador del laboratorio, los familiares actualmente poseen la mitad más uno de la empresa. “Tomamos la decisión de no ser ejecutivos. El management no es nuestro, pero mi mayor desafío es manejar a la familia”, afirmó André Hoffmann, quien, luego de una carrera corporativa que incluyó Nestlé y James Capel, creó una oficina familiar que trata los temas de management de Roche.

Para lograr comunión parecen haber encontrado la solución. “Somos la cuarta generación y somos siete personas. Tenemos una regla: tomamos decisiones unánimes. Realizamos intercambios y a veces decimos: ‘Tenemos que hablar’”, explicó Hoffmann, y agregó: “Hay una mayoría estable de la familia. Si alguien quiere entrar, tiene que entender que está controlada por ella”. Por el otro lado, el empresario consideró que ese argumento es positivo para que una compañía acepte ser adquirida por Roche, tal como ocurrió con la biotecnológica estadounidense Genentech, por la que gastó US$ 46.800 millones en 2009. “No sólo puedo dar dinero, sino también la estabilidad de que la familia estará y una mirada a largo plazo. Podemos lidiar con la innovación, compartir, brindar estabilidad”, sostuvo.

Durante la presentación de ambos, hubo tiempo para tratar temas que inquietan a ambas compañías. Ante la pronta llegada de Starbucks a Italia —estimada para el año próximo—, Lavazza recurrió a los buenos modales: “No estoy asustado. La competición siempre es buena. Son bienvenidos y no son un problema para nosotros. Ellos pueden inspirarnos algunas ideas”. De todos modos, el mismo Barravalle había calentado el trago, que por ahora es amargo: “No quiero ser arrogante en lo que digo, pero es evidente de que ellos están viniendo a una cultura de café. Y estoy hablando de café, no de frapuccino de arándano”. En código político, sobre la dicotomia Trump o Clinton que tanto quita al sueño al poder económico, Hoffmann dijo lo que muchos asistentes a este evento en Mónaco quieren escuchar: “Ganará Donald”.



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