Rockero y empresario: qué aprendió de la música el cantante de Iron Maiden y cómo lo aplica a sus negocios
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Rockero y empresario: qué aprendió de la música el cantante de Iron Maiden y cómo lo aplica a sus negocios

Bruce Dickinson inauguró la primera edición local de Campus Party, un evento de tecnología, innovación y emprendimientos de renombre global. De ser uno de los representantes del heavy metal a nivel mundial a pilotear aviones. Por Carolina Potocar 27 de Octubre 2016

La platea está ansiosa. Minutos después del horario para el que estaba pautado el show, las luces, el video que comienza a reproducirse en  la pantalla al final del escenario y el movimiento de los guardias de seguridad  indica que el espectáculo está a punto de comenzar. Todos los presentes se ponen de pie y estiran el cuello para intentar divisar a la estrella desde el segundo en que ingresa al recinto. Se escuchan los gritos de quienes ya lo avistaron y “The Number of  The Beast”, la canción del disco homónimo de Iron Maiden, empieza a sonar.

De jean, camisa y saco, Bruce Dickinson sube al escenario montado en uno de los galpones que conforman Tecnópolis. El líder de la banda de heavy metal considerada como una de las más importantes de todos los tiempos aparece en escena coequipers regulares y en su rol de empresario, uno que asegura, “odia a los clientes”.

La charla de Dickinson, programada para las 21 horas del miércoles 26 de octubre, es la actividad que inaugura la primera edición del Campus Party a nivel local, un evento durante el cual más de 5000 jóvenes de entre 18 y 23 años aprenderán sobre tecnología, innovación y emprendimientos, organizado en conjunto por el gobierno nacional e importantes empresas como IBM y Ford.

El de Argentina representa para el compositor su quinta participación en eventos de este tipo. Antes de empezar a hablar sobre lo que lo trajo al país en esta ocasión, Dickinson se disculpa por tener que abandonar territorio argentino al día siguiente para viajar a Europa a encargarse de su otro trabajo. “Se preguntarán por qué corro como un loco tonto, por qué a IBM le puede interesar lo que yo diga; bueno, lo que ellos quieren es que la gente sea fan de lo que ellos hacen”, introduce mientras intenta explicar su presencia en el evento en el que Apertura.com estuvo presente.

“Hoy en día es más importante que nunca tener una relación con quien hacés negocios, una relación real; eso es lo que diferencia a un cliente de un fan. Los clientes tienen una opción, su definición es la de una persona que se va porque puede. Entran, no les gusta lo que ven, y se van. Mi esposa no se va, ella es una fan”, sostiene el speaker.

Para el disertante, convertir a un fan en un cliente es muy fácil: “En mi caso, lo único que tendría que hacer es hacerlos esperar 3 horas en un show”. Según Dickinson, lo que tienen que entender los jóvenes que diseñan software es que porque algo sea muy inteligente no necesariamente es úti para un ser humano. “Las personas quieren que su vida sea más fácil y simple; mi teléfono, por ejemplo, se mantiene en una pieza porque está pegado con cinta adhesiva, ¡pero me es útil cuando quiero hacer llamadas!”, denuncia.

El líder de Iron Maiden dice que no hay nada que represente a las ideas como los mosquitos. “Los escuchás zumbar cuando te estás por dormir, sabés que están ahí pero no podés agarrarlos aunque los busqués; y de repente, a la mañana siguiente, te encontrás con picaduras hasta en el culo”, ejemplifica.  Así, para él, es cómo funcionan las ideas: “Están en todos lados, y no las podés atrapar hasta que no te muerden el culo”.

En su caso, fue un libro sobre la vida de Jimi Hendrix lo que despertó en él una idea que lo llevaría a embarcarse en múltiples proyectos alejados de la música. “Su manager armó todo un tour en base a las ciudades a las que llegaba una aerolínea determinada, a la que le alquilaban un avión”, recuerda Dickinson, que luego aclara que para esa época él ya estaba aprendiendo a volar aviones pequeños.

Gracias a ello, y luego de convencer a los contadores de la banda de que aprobaran su plan –universo cuyo destino es, según el compositor, el de decir “no” a toda nueva propuesta–, Dickinson ploteó un avión con el logo de Iron Maiden, con el que la banda se trasladó en tres giras. Ese fue el puntapié para Cardiff Aviation, una empresa de mantenimiento de aeronaves Boeing y Airbus, emprendimiento que luego devino en una empresa que entrega aerolíneas in a box: en una caja, listas para ser operadas –modelo gracias al cual nacieron banderas como Air Djibouti–.

Además de fundar Cardiff Aviation y vender aerolíneas in a box –a lo que luego se sumó una escuela de pilotos–, Dickinson escribió el guión de la película “Chemical Wedding”, lanzó una línea de relojes, e invirtió en un dirigible que venció a los de la empresa Lockheed Martin en un concurso del gobierno de los Estados Unidos. También creó una marca de cerveza relacionada a Iron Maiden, y está a punto de lanzar un videojuego junto a su banda –Iron Maiden: El legado de las bestias–.

Cuando habla sobre sus emprendimientos, el devenido en hombre de negocios no niega lo fortuito de su origen: algunas ideas las apoyó porque le parecieron “cool”; otras, porque quien que se las comentó sonreía mucho, o simplemente porque estaba borracho. Sin embargo, sus casi accidentales proyectos tienen resultados nada desalentadores. Trooper, la marca de cervezas que lleva adelante con su banda, vende 7,5 millones de litros en el mundo, y se exporta desde el Reino Unido a 92 países –la Argentina aún no está entre ellos–.

Del mismo modo, reconoce que en todos los negocios, "lo aburrido es el proceso", y aconseja que hay que saber "cuándo darle tu idea a la gente aburrida para que la convierta en algo conducido como un proceso"

Sobre la industria que lo hizo convertirse en alguien mundialmente reconocido, comenta: "Pese a lo que muchos han dicho y dicen, la música no fue destruída; es más popular hoy de lo que fue jamás, sólo cambiaron algunas cosas. Con Iron Maiden seguimos haciendo música nueva a pesar del hecho de que ya podamos hacer conciertos sólo con hits y a pesar de que no nos paguen como hace años, porque eso no nos hace una diferencia a la hora de ponerle el esfuerzo y la pasión de siempre. Además, si perdiéramos la pasión, nadie nos vendría a ver".

Y en cuanto a las compañías de música, agrega: "Hacer nueva música es vital para mantener la relación con los fans viva; y es lo que las compañías olvidaron. Si se fijan, lo que hicieron fue, en vez de invertir en digital, contratar abogadas para meter a todos en la cárcel. Gracias a ello, mucha gente se quedó sin trabajo, y empresas con resultados más altos que el PBI de un pequeño país africano desaparecieron". Para Dickinson, esas firmas tenían clientes, mientras que las bandas nunca dejaron de tener fans.

Diagnosticado con cáncer de garganta dos años atrás, el protagonista de la charla se sigue reconociendo como un niño que "se caga encima" cada vez que afronta una nueva gira, y asegura que lo más difícil, además de quedarse sin plata para un negocio, es siempre motivar a la gente a hacer algo. Con una variedad de proyectos en paralelo aún vigentes, Dickinson, frente a la pregunta de alguien que quiere saber "qué le gustaría probar que no haya probado", responde: "Cocaína".



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