Cómo es un día de trabajo en la NASA: desde vivir en el desierto hasta hacer Power Points
Economía Creativa

Cómo es un día de trabajo en la NASA: desde vivir en el desierto hasta hacer Power Points

El argentino Miguel San Martín habló con Apertura.com sobre qué diferencia –y qué no– a la agencia espacial estadounidense de cualquier empresa u oficina en el mundo. La filosofía detrás de la organización que llegó a Marte.

Por Carolina Potocar 13 de Junio 2016

Todas las mañanas viaja hacia su oficina en auto. Miguel San Martín vive a unos 15 minutos por autopista –o 25, si hay tráfico– del Jet Propulsion Laboratory, el laboratorio de la NASA que se especializa en la exploración robótica interplanetaria y que tiene sede en Pasadena, California. El rionegrino que durante su infancia en Villa Regina soñaba con dedicarse a la ingeniería lleva tres décadas de su vida invertidas en la agencia espacial estadounidense; años en los que participó, entre otros proyectos, de la misión Curiosity, la última en aterrizar en Marte.

Tras su paso por la segunda jornada del Innovation Day, la jornada que reune a los principales referentes de la ciencia, la tecnología y la educación, el argentino habló con Apertura.com para contar cómo es un día típico de trabajo en la NASA.

“Mi vida diaria depende mucho de la parte del proyecto que esté atravesando; hay momentos en los que estoy frente a la computadora haciendo análisis y otros en los que estoy en el laboratorio o en un motorhome en medio del desierto”, adelanta San Martín. Las tareas del ingeniero electrónico están principalmente relacionadas a la matemática y la programación, cuyo fruto utiliza para "probar y determinar el funcionamiento de ciertas cosas o crear nuevos conceptos”.

Según el promedio de San Martín, en cada proyecto trabaja muy de cerca con entre 40 y 50 personas, que se reúnen “mucho y por diferentes temas”. “Hay algunas personas que responden a mí y otras más arriba en la pirámide; aquí tenemos muchos niveles de management y nos guía el lema ‘divide y reinarás’”, dice el Mágister en Ingeniería Aeronáutica y Astronáutica por el MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts, por sus siglas en inglés).

En la NASA, el poder dividir el trabajo en pequeñas tareas hace que los riesgos no afecten sólo a quienes ocupan los puestos más altos de la agencia. “Por ahí hay un grupo de pibes diseñando ruedas para el Curiosity que soportan aterrizajes de alta velocidad, pero lo que el cuerpo del bicho necesita es contactar la superficie a menos kilómetros por hora; por eso se busca equilibrar constantemente el nivel de riesgo, para que el laburo no sea ni muy difícil para unos ni muy fácil para otros”, destaca el padre de Samantha, de 29 años de edad, y Madeleine, de 22.

Desde que entró a trabajar después de graduarse en 1985, San Martín tiene en la NASA reuniones regulares –algunas programadas semanalmente, y otras en el baño o en los pasillos– y un horario flexible, atado a la obligación de trabajar por lo menos 40 horas semanales. “Acá no se ficha, cada uno entra y sale cuando quiere; la idea es cumplir con tu trabajo, y eso puede requerir más horas, pero nadie te dice que tenés que quedarte”, explica quien para el lanzamiento del Curiosity trabajó durante tres meses sin tomarse ni un solo día libre.

Miguel San Martín en el Innovation Day 2016.

Además de hacer análisis matemáticos detrás de una computadora, San Martín también suele visitar laboratorios en los que se simulan aterrizajes de satélites en distintos planetas del espacio exterior. Cada tanto también deja las oficinas de Washington D.C para viajar en una casa rodante al desierto y allí probar radares “bajo un calor infernal”. “Lo más divertido es cuando todo el equipo se muda a Cabo Cañaveral; el distintivo que nos dan para entrar nos permite entrar a todos los lugares de lanzamientos, aunque siempre aparece algún tipo y nos echa”, reconoce riéndose el ingeniero.

Para San Martín, la NASA es puro trabajo duro y sacrificio, “pero también se disfruta mucho, como en los viajes a la Florida”. La parte monótona llega junto con el anuncio de nuevas reuniones con jefes que quieren ver en presentaciones todo el trabajo realizado y por realizar. “Nos tiran con dardos para encontrar errores, lo cual está bien, pero prepararse para eso cuesta un montón”, confiesa.

Cuando recién ingresaba a trabajar en la agencia espacial, el argentino participó de las misiones Cassini a Saturno y Pathfinder a Marte, ambas exitosas. Pero luego, un cambio de rumbo de la NASA obligó a todos en la organización a trabajar en proyectos con menos dinero y “en vez de poner todos los huevos en una canasta con la posibilidad de que se caiga, distribuirlos en varias”.

Para San Martín, trabajar en la misión Curiosity fue como ganar el mundial. “Cuando todo pasó pensé en colgar los botines y pasarle todos mis conocimientos a los pibes más jóvenes, porque el esfuerzo físico y mental que había hecho era tan grande que me dejó secuelas de salud”, revela. Hoy, asegura que más allá de que esté comprometido con el mentoreo de principiantes, su lugar sigue estando adentro de la cancha: “no sirvo para estar en el banco ni hacer sólo de director técnico”.

Dedicado a diseñar un dispositivo que pueda aterrizar en Europa –una de las lunas de Júpiter cubierta por una capa de hielo con agua debajo–, destino en el cual la NASA espera encontrar vida extraterrestre, San Martín suena igual de emocionado que a sus veinte, cuando inició su carrera: “Es un desafío muy grande porque el viaje a Júpiter puede tardar de 4 a 6 años, cuando a Marte se llega en 8 meses y medio. Pero como decimos siempre en mi trabajo, ‘si no parece imposible, no estamos interesados’”.



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1 Comentario

Yemina Hilen Andrijasevich Reportar Responder

ES CABO NO CAÑO!

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