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Economía

Zimbabue: del billete de 100 billones a la deflación, sin escalas

Solo en un año, los precios al consumidor bajaron un 2,8 por ciento debido al exceso de productos importados y la falta de competitividad local. 02 de Septiembre 2015

Aunque lo piensa una y otra vez, Alfred Moyo –un comerciante de los suburbios de Zimbabue- solo encuentra dos formas posibles de “mover” su mercadería: venderla a pérdida o regalarla. “Simplemente no hay dinero”, le contó Moyo a Bloomberg, “no importa si tenes US$ 10 millones en mercadería o US$ 1000, lo único que podes hacer es sentarte y esperar que las cosas mejoren”. De la hiperinflación a la deflación, la economía de Zimbabue sigue sufriendo.

Solo en un año, (de julio de 2014 al mismo mes de 2015), los precios en Zimbabue bajaron un 2,8 por ciento – un contraste absoluto con el pico de hiperinflación que sufrió el país en 2008, cuando los productos subían a un ritmo del 500.000.000 por ciento, según los datos del Fondo Monetario Internacional. 

Pero, para quienes estaban ansiosos por que los precios disminuyeran, ahora se debe enfrentar a toda una nueva gama de problemas: la deflación desalienta a los consumidores a comprar ya que prefieren esperar a que los precios sigan cayendo para comprar los productos lo más barato posible, pero la baja en las ganancias reduce el incentivo de los empresarios y comerciantes para invertir y contratar empleados. Eso, a su vez, limita los aumentos de sueldos e incrementa el desempleo, lo que impacta en la recaudación de impuestos y suma presión sobre los gobiernos.  

La decisión de reemplazar la moneda local por el dólar americano o el rand sudafricano, ayudaron a frenar la hiperinflación ya que le impidió al Gobierno tener la posibilidad de seguir imprimiendo billetes para cancelar deuda –de hecho, el billete de más alta denominación de Zimbabue había alcanzado los Z$100.000.000.000.000. Pero, por otra parte, la nueva moneda hizo que sea más barato importar productos (desde la comida hasta la ropa) que fabricarlos en el país, erosionado la competitividad de los productores locales que viven en un escenario complejo de falta de energía e hiperinflación.  

“No se puede ser optimista respecto a que termine pronto esta espiral descendente”, le dijo a Bloomberg Christie Viljoen, un economista en NKC African Economics, y agregó: “ Los costos de producción locales son muy altos, así que no hay forma de competir con los importados". En el último año ya cerraron más de 80 negocios a lo largo del país y solo se usa un 39 por ciento de la capacidad instalada. “Los comercios no invierten porque no hay clientes, y la gente no compra porque no hay trabajo. Yo le expliqué a mi personal, o trabajamos a destajo o nos morimos de hambre”, sentenció Wilbert Chimedza, un productor local.



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