Revender shampoo o pañales: la nueva
Economía

Revender shampoo o pañales: la nueva "changa" ilegal que crece en Venezuela

Compran los productos de aseo personal y del hogar provistos por el gobierno y los revenden hasta en 10 veces su valor. Qué otras tácticas usan los venezolanos para ganar más dinero. 26 de Febrero 2016

La escasez de alimentos, medicinas o productos para la higiene personal y del hogar que padece Venezuela desde hace unos años ha generado nuevos "empleos" en el país, que se nutren de la crisis para especular con ella. Uno de ellos es el que practican los "bachaqueros" -en alusión a los bachacos, unas hormigas "culonas" típicas de la región-, personas que compran productos al "precio justo" subvencionado establecido por el Gobierno, para revenderlos mucho más caros en el mercado ilegal.

Según un estudio de la encuestadora privada Datanálisis, el 60 por ciento de los ciudadanos que hacen desde la madrugada largas colas en las afueras de los mercados se dedican a la reventa de productos regulados, una actividad que se penaliza con multas y hasta tres años de prisión. Quienes se dedican a este tipo de nuevo empleo revenden los productos en hasta 10 veces su precio. La harina de maíz, por ejemplo, necesaria para las típicas arepas venezolanas y valorada en 20 bolívares (U$S 0,1), se cotiza en el mercado negro hasta en 500 bolívares (U$S 2,5).

"Bachaquear es ilegal pero también debe serlo tener al pueblo pasando hambre", dijo a EFE María Pérez, quien pidió resguardar su identidad con un nombre ficticio. Desde hace un año, Pérez distribuye productos de primera necesidad a las oficinas en las que trabaja como empleada de servicio. Ella asegura que su actividad, con la que triplica los ingresos de su labor formal, no perjudica a nadie. "Al contrario, comen porque les traigo leche, azúcar... ellos no pueden escaparse para hacer cola", afirma.

Casi como un ritual, los lunes y sábados acude en la madrugada a adquirir su mercancía, días en los que pueden comprar quienes sólo quienes tienen cédulas de identidad terminadas en cero, según la regulación implementada por el Estado para acabar con "el contrabando y el acaparamiento" provocados por la escasez.

Además de tener la posibilidad de poder ir a comprar a primera hora, Pérez tiene otros beneficios que la permiten "bachaquear". "Me escriben si va a llegar harina, champú, detergente (...), y no cobran por el dato pero les tienes que dejar algo -dinero o productos- para que sigan soplando" dice la venezolana sobre su relación con los encargados de los centros de distribución.

Cada ciudadano tiene permitido comprar hasta dos productos por categoría. Pero para burlar las regulaciones, que incluyen máquinas lectoras de huellas dactilares que identifican al usuario y evitan que compre el mismo rubro dos veces a la semana, algunos falsifican documentos de identidad.

Además del "bachaqueo", la escasez trajo consigo otras formas de conseguir dinero: unos venden lugares en las colas a cambio de dinero o productos que no puedan adquirir porque "no les toca" y otros cobran por cuidar las bolsas de otras compras mientras los "bachaqueros" ingresan a abastecerse.

Para hacer dinero, algunas mujeres alquilan sus bebés a quienes desean hacer la cola "preferencial", que por ser para ancianos, discapacitados y mujeres embarazadas o con bebés, es más corta. A Pérez la mercancía conseguida le dura poco: pañales desechables, toallas sanitarias, leche y harina son los productos con más demanda.

Desesperados, algunos venezolanos recurren a "bachaqueros a domicilio" -como Pérez-, otros a "bachaqueros" que venden en puestos ambulantes expuestos a una intervención y el decomiso de la mercancía por parte de las autoridades, e incluso hay quienes compran a "bachaqueros 2.0", como denomina el Gobierno a quienes revenden por Internet. La ley prohíbe la venta de productos regulados en sitios web y establece a los infractores las mismas penas que para sufrirían quienes son detenidos con una importante cantidad de productos. 

Según Rafaél Lacava, alcalde de la entidad, los "bachaqueros" son una "plaga" que distorsiona la economía. 



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