Qué pensaba Dujovne antes de ser ministro
Economía

Qué pensaba Dujovne antes de ser ministro

Por Juan Manuel Compte 26 de Diciembre 2016

Por su nivel de exposición –columnas periódicas en diarios, coconducción semanal de un programa de televisión–, Nicolás Dujovne, el elegido por Mauricio Macri para estar al frente del flamante Ministerio de Hacienda, tal vez, sea uno de los pocos economistas de los que, públicamente, más se sabe qué es lo que piensa. A mediados del año, quien esto escribe charló largo con él, en su estudio de Ocampo y la vía, acerca de cómo veía a Cambiemos. Estas fueron sus principales definiciones de entonces, acerca de las Macrinomics:

“El programa económico es muy claro. Se basa en reconocer que existe relación entre emisión e inflación. El Gobierno y el Banco Central entienden que ese vínculo es real y decidieron combatir el alza de precios con las herramientas más tradicionales”.

“En materia fiscal, se reemplazó el financiamiento monetario con deuda. Y se inició un programa de achique del déficit con el tiempo. Esa reducción a ritmo gradual, para mí, es una decisión que responde a la realidad política del Gobierno: sus minorías en ambas cámaras. El crowding-out no se legisla. Entonces, lo que queda es lo que se puede hacer con esa situación en el Congreso”.

“Hay otro componente: reconocer que el sector privado es un actor fundamental en la creación de empleo. Pero debe responder a un sector público, que es el que hace las reglas”.

Dujovne observaba, como punto a favor, la “enorme” capacidad del Gobierno de endeudarse a 30 años. “Así como los Kirchner tuvieron nueve años seguidos de súper precio de commodities, el gradualismo corre con la ventaja del endeudamiento”, comparaba. En ese momento, señalaba, había amplia liquidez en el mundo. “El equipo económico anterior (N.d.R.: el que personificaba Axel Kicillof) no podía aprovecharla. Y el actual (N.d.R.: el de Alfonso Prat-Gay) supo que había que resolver los problemas legales (cepo, default) y ofrecer un programa económico homologable. El Gobierno necesita dólares y sabe que el que los tiene habla en inglés”, indicaba.

Según el flamante ministro, el endeudamiento será un rasgo muy fuerte de la actual administración. “Endeudamiento, tanto del sector público, como de las empresas y de las familias”, ampliaba el concepto.

Así como identificaba al endeudamiento como característica constitutivo de las Macrinomics, hacía lo propio con el gradualismo. “Es parte del ADN del Gobierno”, decía. No obstante, advertía: “El gradualismo, también, tiene sus costos”. Ejemplificaba: si el déficit primario del sector público bajaba de 6,8 a 4,8 por ciento de PBI, esos dos puntos equivalen a US$ 10.000 millones en el mercado local de capitales que quedaban disponibles para el sector privado.

En este punto, empezaba a señalar sus críticas. Por ejemplo, para su gusto, debería haber habido una mayor convergencia entre el tipo de cambio y la tasa de interés, una tensión clásica –personificada en Prat-Gay, de un lado, y Federico Sturznegger, del otro– que alimentó las páginas de los diarios durante meses. Dujvone arriesgaba una explicación posible de la causa: “Hay problemas de coordinación que son el resultado típico de no tener un ministro de Economía. Pero eso es decisión política del Presidente”.

El entonces consultor apuntaba contra la forma en la que se había manejado la cuestión tarifas. También, lo hecho con los precios domésticos de gas y petróleo. Y los pedidos –ruegos – de distintos funcionarios –de Macri hacia abajo– para que lluevan las inversiones. “Lo único que hay que pedirle a las empresas es que ganen dinero”, aseguraba.

Concedía que ralentizar la tasa de inflación era el objetivo número uno de la gestión. “Cuando la inflación baje y se estabilice el poder adquisitivo de los salarios, el Gobierno se anotará una victoria. Será el primer click que nos dará una pauta de reactivación”, vaticinaba. Situaba en 1,5 por ciento mensual el punto de inflexión. “La gran pregunta es si la Argentina está, otra vez, ante uno de los tantos procesos de caída y recuperación que tuvo a lo largo de su historia, o ante uno de reformas profundas, que nos pongan en el sendero del crecimiento sostenible, como Chile, Perú y Colombia”.

Era escéptico. “Para crecer, hasta 3,5 puntos y medio, en 2017 alcanza. La incógnita es qué pasa a partir de 2018”, planteaba. En tal sentido, la gran pregunta, decía, es si el país podría sostener un crecimiento de 4 por ciento de PBI. Dudaba. “La productividad de la industria manufacturera, hoy, es 20 por ciento menor a la de 2011. Por esa baja productividad, el desempleo no bajará”, auguraba. El gran lastre que carga la economía argentina, indica, es el sector público. “El nivel de gasto hace que nos parezcamos más a La Plata que a Córdoba”, ilustraba, en relación a lo que son los principales motores económicos de esas dos capitales provinciales: el empleo estatal, en la ciudad de las Diagonales, y la producción industrial, en la mediterránea.

Tampoco era optimista en relación a una mejora de las exportaciones, más allá del anhelado despegue de Brasil. “El tipo de cambio real está complicado por el gradualismo fiscal”, apuntaba. Recordaba, una vez más, que sería difícil, entonces, tomar medidas que significaran sacar los pies de ese camino que el Gobierno había elegido transitar. “No se puede responder en forma independiente a la política”, remarcaba.

Ahora, él tendrá su oportunidad.



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1 Comentario

Jorge Falcon Reportar Responder

Lo sigo desde hace un tiempo y celebro su capacidad de visión y su ingenio innato.

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