Por qué los plazos fijos deberían cotizar en la Bolsa
Economía

Por qué los plazos fijos deberían cotizar en la Bolsa

Por Mariano Sardans 02 de Diciembre 2016

La agresiva acción del Banco Central en pos de bajar la inflación, “absorbiendo” el excedente de pesos en la calle por intermedio de las Lebacs, con tasas de interés que superan los niveles de la inflación esperada, ha provocado en el mercado una reacción inesperada para todos los que actuamos en este ámbito.

Miles de pequeños ahorristas han optado por las Lebacs en lugar de usar el plazo fijo tradicional por obvias razones: 1) paga más tasa, 2) es más segura y 3) puede venderse anticipadamente en caso de que el inversor requiera el dinero. Esto ha generado lo que en el ambiente se conoce como la “Lebaquización” del mercado.

Actualmente, tanto los bancos como las sociedades de bolsa tienen colapsados sus back-office por la masiva cantidad de pequeños ahorristas que quieren abrir sus cuentas “título” o “comitente”, ya que pretenden algo más que el plazo fijo tradicional.

Por primera vez en muchos años podemos observar que, gracias a las Lebacs, los ahorristas están volviendo a invertir en pesos. Pero esto es lo que ahora nos lleva oportunamente a preguntarnos: ¿qué pasará cuando el BCRA comience a relajar las tasas, la economía se recupere, y el plazo fijo vuelva a pagar más tasa que la Lebac? –lo cual sería esperable en una economía normalizada-. Cabe inferir que cuando esto ocurra, el ahorrista volverá a sentirse “atrapado” y “cautivo” de su banco al encontrarse con que sólo podrá acceder al plazo fijo de éste, perdiendo además algo que es valioso para cualquier ahorrista, que es la liquidez de su inversión. En definitiva, no le quedará otra alternativa que el clásico acto de “colocar y renovar cada 30 días”.

Este análisis de las circunstancias necesariamente genera la necesidad de transmitirles a las autoridades del Banco Central (BCRA) y de la Comisión Nacional de Valores (CNV) la importancia de crear en el recinto de la Bolsa un “mercado primario” donde todos los bancos argentinos puedan ofertar sus plazos fijos –a diferentes plazos, en pesos y en dólares-. De la misma forma, establecer el ámbito para el armado de un “mercado secundario”, donde los ahorristas y/o inversores puedan venderlos y comprarlos entre ellos, dando solución a la necesidad de liquidez que hoy en día no tiene este instrumento de ahorro.

Al respecto, los que conocemos los mercados de capitales del exterior sabemos con precisión que esto ya existe en varios países serios –en EE.UU. por ejemplo- y que anima considerablemente a que los ahorristas coloquen su dinero en plazos fijos de hasta 30 años, convencidos que, si necesitan liquidez, lo venden en el mercado del mismo modo que se hace con un bono.

Detengámonos por un momento a imaginar el “entusiasmo” que tendrían millones de argentinos, si se encontraran frente a la posibilidad de comprar desde una sola cuenta –comitente o de títulos- los plazos fijos del banco que oferte la mejor tasa -o en los de varios bancos, si lo que también desean es diversificar el riesgo-.

Pensemos que actualmente, para que ellos puedan lograr esto, deberían tener cuentas abiertas en todos los bancos y “negociar” tasa con cada uno de ellos, una y otra vez, lo cual supone una demanda imposible de realizar para cualquier ahorrista. A esto, se le agregan los gastos elevados que deben asumir por mantenimiento de cuentas. En definitiva, se trata de un esquema que resulta insostenible para todos.

A partir de ahora, ya podemos inferir entonces qué es lo que lograríamos si se permitiera que los plazos fijos operen en la Bolsa:

  • Si al ahorrista se le brinda mejor información y transparencia, en un solo ámbito y desde una sola cuenta, seguramente vaya a premiar al banco más agresivo (acá habría que aclarar un poquito más acerca de cómo funcionaría el seguro del SEDESA).
     
  • Si el ahorrista siente que está logrando una tasa superior a la de la inflación, es muy probable que decida quedarse en pesos –situación que la nueva dirigencia del BCRA viene buscando conseguir desde que asumió-.
     
  • Si se le brinda y asegura liquidez, seguramente coloque su dinero a un plazo mucho mayor que a treinta días.
     
  • Si los bancos logran fondeo más fácil, barato y a más largo plazo, cabe esperar que trasladen estas mejores condiciones a los tomadores de préstamos –lo que redundaría en un mayor crecimiento de la economía-.
     
  • Teniendo una cuenta comitente (en una sociedad de bolsa) o una cuenta título (en el banco), es probable que el ahorrista, lentamente, comience a probar invertir en un bono -lo cual permitiría que el gobierno y las empresas se financien más barato-, en fideicomisos financieros –lo que también ayudaría a reducir la tasa de los créditos al consumo-, e inclusive, quizá, se anime a invertir en acciones -lo cual a su vez, y paulatinamente, iría contribuyendo al desarrollo del mercado de capitales y financiación de largo plazo-.

La realidad indica que los ahorristas están esperando ideas innovadoras y transparentes que les transmitan confianza y seguridad. En la medida que esto ocurra, se irá originando un ambiente propicio que generará un crecimiento estable de la economía y a largo plazo.

No cabe duda entonces, que si queremos que se estimule el ahorro en pesos y a largo plazo, es vital que los plazos fijos coticen y operen en la Bolsa.



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1 Comentario

Daniel Squarzon Reportar Responder

Excelente idea/propuesta

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