Lousteau:
Economía

Lousteau: "A la Presidenta la veo cada vez más encerrada en su concepción ideológica de la economía"

El ex ministro de Economía de Cristina Kirchner rompe el silencio. Sostiene que en 2012 la gente “dio por sentado que la economía ya no está sana y explica por qué el Gobierno piensa que “le conviene cierto nivel de inflación”.

18 de Enero 2013




La importancia de la invención del lavarropas por sobre Internet. Los hombres biónicos y la inmortalidad. La cuestión de género en las finanzas globales. El punto máximo de la felicidad. La conveniencia de ir a más fiestas. El impacto de la TV en el dormitorio... En Otra vuelta a la economía, el libro de economía no convencional que Martín Lousteau acaba de publicar en dupla con el periodista y economista Sebastián Campanario -en el que invitan a transitar un sinuoso y entretenido camino hacia una ciencia habitualmente padecida por el gran público-, se habla absolutamente de todo, pero cuesta encontrar referencias directas a la alborotada actualidad política y económica argentina.

Es enero en Buenos Aires y recién llegado de una beca en los Estados Unidos, Lousteau recibe en sandalias y mangas de camisa a este medio en sus flamantes oficinas de Palermo. Nada hace pensar que la entrevista vaya a alcanzar los cauces turbulentos de la coyuntura local. Sin embargo, el primer ministro de Economía que eligió la presidenta Cristina Kirchner se zambulle sin reparos en el año económico que comienza.

Volvés de una estadía en Estados Unidos. ¿Cómo encontraste a la Argentina en términos económicos a tu regreso?

En términos económicos, no encontré muchas diferencias. La encontré más cara, eso sí. Es increíble, pero yo estuve solamente cuatro meses afuera y es como los chicos cuando los ves crecer. Una cosa es ver el aumento de precios todos los días y otra cosa chequear algunos precios luego de irte por un tiempo. El ritmo de aumento de precios es muy alto. Después, me parece que los problemas siguen siendo los mismos: la Argentina perdió las ventajas que hicieron que tuviera un crecimiento natural durante los primeros años que siguieron a la crisis y su crecimiento es cada vez más artificial y genera cada vez más inconsistencias a futuro.

¿Cuál es la percepción de la Argentina en el exterior?

Lamentablemente, la Argentina genera perplejidad. A todos les parece un país con un potencial enorme pero nadie entiende exactamente qué es lo que está pasando. Inclusive aquellos que están vinculados a la Argentina están asombrados. Por otra parte, tuve la suerte de vivir una elección presidencial. Nos quejamos del calibre de nuestros debates en la Argentina, pero me asombró que en EE.UU. también están muy caricaturizados, con pocas sutilezas y matices. Es una sociedad que está cada vez más fragmentada. Todo es blanco sobre negro.

Martin Lousteau _ IMG
¿Cuál es tu diagnóstico para el año que comienza?

En 2011 era pesimista con respecto a 2012. Pensaba que no íbamos a crecer o que lo haríamos muy poco. Y así sucedió. Este año creo que el crecimiento será mayor, pero no será fácil que se sienta en la calle. No habrá mayor generación de empleo, habrá mayor inflación y, sin motores de crecimiento genuino propio, todo estará sujeto a factores coyunturales como la cosecha o el repunte de Brasil o las hormonas de baja calidad que pueda ir inyectando el Gobierno. Claro que éstas generan problemas a futuro, principalmente, la inflación.

La brecha entre el dólar oficial y el paralelo se disparó en los últimos días. Qué impacto tiene esto en términos macroeconómicos?

Los argentinos nos acostumbramos a convivir con situaciones peculiares y ésta es una de ellas. Lo que ocurre a medida que la brecha se va ampliando es que se genera más incertidumbre y se forma un rango psicológico alrededor del dólar blue. La gente ya lo vio a cierto nivel y guarda esa imagen en la cabeza. Por otro lado, parte del aumento del dólar blue tiene cierta incidencia en los precios.

Pasado el efecto vacaciones y con el ingreso de dólares por la cosecha en abril, ¿la distancia entre ambas cotizaciones se reducirá?

Yo creo que lo que vamos a tener durante el año es una depreciación del dólar oficial, que va a tratar de seguir la inflación, y una depreciación también del dólar blue. Esa tendencia al dólar creciente desde el punto de vista nominal va a tener una brecha con oscilaciones que dependerá de cuestiones coyunturales. El mercado del dólar blue es muy chiquito y cualquier medida que el Gobierno tome o cualquier operación de cierto volumen afecta esa brecha.

El control cambiario ya cumplió un año. ¿Cómo se sale de esto?

A esta altura, no se puede salir. Yo te hago una pregunta: si hoy el dólar, redondeando, vale $ 5 y abro el cepo, a $5,50, ¿vos comprás? A $ 6, ¿comprás? ¿Y a $ 6,50, a $ 7? El problema es que no hay nada que genere confianza respecto al manejo de la política monetaria y financiera para que uno piense que se va a revertir la tendencia alcista del dólar. Es decir que sin un shock de confianza muy fuerte, es imposible unificar los mercados -salvo con un costo de depreciación muy grande, que es lo que ocurrió en la Argentina en el pasado-, con lo cual por los próximos años no se va a salir.
 
¿Cuán viable es el intento oficial de pesificar la economía, teniendo en cuenta los antecedentes argentinos en materia de crisis y recesiones?

El problema es que la pesificación no se puede hacer por decreto. Ya en el pasado se intentó que usáramos dinero digital cuando nos pusieron un corralito. Pero la dolarización de la Argentina es producto de las sucesivas crisis que hemos tenido en el pasado, en donde cada vez que una inconsistencia explotaba, el hecho de tener dólares tedejaba medianamente protegido. Es algo que no está en nuestro ADN, pero sí es una respuesta ante el entorno. Para modificar esa propensión, lo que hay que hacer es modificar el entorno. Si tuviéramos una economía sana que crece sin oscilamientos y que permite hacer un curso de lo que pasará en el futuro, como sucede en Chile, Brasil o Colombia, la gente empezaría a desdolarizar su cabeza. Pero mientras eso no suceda, es muy difícil.

Como ministro de Economía formaste parte del Gobierno durante el primer mandato de Cristina. ¿Cómo ves hoy a la Presidenta en comparación a aquellos días de 2008?

La veo más encerrada en su gestión y en su apertura hacia el resto del Gabinete. Y también la veo cada vez más encerrada en su concepción ideológica de la economía. Me parece que en la salida de la crisis de la convertibilidad estaba bien que la economía se subordinara a la política. Había que dar señales para encauzar la economía hacia cierto lugar. Pero no se puede pensar que la política puede, por la fuerza, eliminar todos los efectos de las malas decisiones económicas. Y a medida que vas transitando ese sendero, pensando que se pueden evitar fenómenos muy estudiados y establecidos en lo que es la economía, te vas encerrando en un lugar más pequeño y complejo.

Por tu experiencia, ¿cómo definirías el proceso de toma de decisiones en la política económica del Gobierno?

No creo que haya mucha verificación. Este Gobierno toma decisiones de manera muy radial. No tiene un equipo estructurado de gente capacitada para ir haciendo diagnósticos y coordinando con otros elementos y necesidades que los economistas más técnicos no tienen por qué estar al tanto. Lo que hay hoy es un centro que pretende tomar todas las decisiones, cuando uno no le puede exigir a un primer mandatario que sepa de todos los temas, sobre todo cuando tienen resoluciones complejas. La inflación, por ejemplo, es un tema sencillo, pero su resolución requiere tomar decisiones de distintos lugares y requiere evaluar muy bien las alternativas. Al mecanismo de decisiones del Gobierno lo veo como una persona en el centro y un montón de gente alrededor llevándole información a veces contradictoria.

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¿Existe un límite para que el Gobierno se vea obligado a enfrentar la inflación? 

No creo que haya tal dinámica. Hasta ahora el Gobierno no ha incorporado como elemento de preocupación a la inflación de manera sistémica. La forma en que están orientadas las políticas fiscal y monetaria genera dos grandes tubos de aire caliente que inflan un globo aerostático. Y ese globo que se va para arriba es la inflación. No veo que eso vaya a cambiar. Yo diría que más bien lo contrario: a veces el Gobierno piensa que le conviene en algunos aspectos tener cierto nivel de inflación, más allá de los perjuicios sociales. Desde el punto de vista de las arcas, un tipo de cambio que suba al mismo ritmo que la inflación le da más discrecionalidad y oxígeno fiscal. La recaudación sube nominalmente y, además, como la emisión la hace el Banco Central, el impuesto inflacionario no se comparte con las provincias y todo queda en manos del Tesoro. Desde una perspectiva de almacenero, hoy al Gobierno le conviene la inflación. O sea que no sólo no cuenta con una perspectiva sistémica para resolver el problema, sino que le encuentra algunos beneficios, a pesar de que sus efectos sean claramente malos para la sociedad.

¿Ves señales que revelen la intención de un cambio de rumbo?

El Gobierno oscila. A veces toma decisiones como subir las tarifas, pero luego toma otra que parece contradictoria. Por ejemplo, ahora hay un reconocimiento paulatino y moderado de que existe una suba de precios, pero a la vez surge una mirada sobre la responsabilidad de los empresarios por la suba de precios. Es algo peculiar, porque si los empresarios son los responsables de aumentar los precios, serían también los responsables de aumentar la producción. O sea, si la Argentina crece y el Gobierno es responsable por tomar las políticas económicas correctas, cuando hay inflación también es responsable por tomar las políticas incorrectas. El Gobierno no tiene una concepción global y sistémica de cuáles son los problemas. Actúa con idas y vueltas, marchas y contramarchas, de manera espasmódica, con lo cual nadie se puede dar una idea de cuál va a ser su próximo paso. Si vos le preguntás a un argentino, no sobre el 2013, del que ya tiene dudas, sino sobre cómo será el 2014, no tiene la más pálida idea.

En 2009 el impacto de la crisis financiera internacional se sintió fuerte en la Argentina. Tanto que, entre otros factores, le valió la derrota electoral al kirchnerismo. ¿Cuánto creés que va a pesar la economía de cara a las elecciones legislativas de octubre?

A nivel electoral, el daño de la economía se sintió en 2012. Porque la gente votó en 2011 con la promesa de que lo mejor estaba por venir. Pero se tomaron dos o tres medidas equivocadas y la gente salió a comprar dólares. Y después vino el cepo, después las trabas a las importaciones, después las múltiples peleas y la profundización de esas peleas. Todo eso tuvo un impacto muy fuerte en 2012; la gente dio por sentado que la economía ya no estaba sana como antes. Este año tendrá un crecimiento pesado, pero los votos que perdió Cristina por el desempeño económico, ya los perdió todos en 2012. Podrá recuperar algunos si la economía funciona muy bien, pero el daño sobre el caudal electoral ya está hecho.

Otra lectura posible es pensar que el Gobierno prefirió acumular las decisiones impopulares en 2012 para poder dar buenas noticias de cara a las elecciones de 2013…

Eso implicaría que el kirchnerismo tiene una estrategia en el ámbito económico, la cual yo creo que no tiene. Se encuentra con un problema, le pone un parche y así sucesivamente. Hay un capítulo de Los Tres Chiflados tratando de arreglar una ducha: se les rompe un caño y ponen otro y así hasta que terminan encerrados adentro de la ducha.



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