La historia del juez que dejó todo y ahora es jugador profesional de póker
Economía

La historia del juez que dejó todo y ahora es jugador profesional de póker

Integró el Tribunal Fiscal y escribió cientos de artículos sobre impuestos. Pero tras 37 años en la profesión, buscó un nuevo sentido a su vida.  Por Joaquín Garau 06 de Julio 2015

 

 

En 1997, cuando Andrés Calamaro sacó su disco Alta Suciedad, las radios comenzaron a pasar una canción que se aferró al imaginario colectivo con la fuerza de un hit. “Yo soy un loco, que se dio cuenta, que el tiempo es muy poco”, cantaba Calamaro en “Loco”, su luego censurado tema.

En ese momento, José Litvak, abogado y juez del Tribunal Fiscal, no pensaba que “el tiempo es muy poco”. En esa época, Litvak era referente en temas impositivos -escribió centenares de artículos y doce libros al respecto- y mataba el tiempo libre con un hobbie: el póker.

En 2011, Calamaro irrumpía con On The Rock, disco que incluía temas como “Los Divinos” o el pegajoso “El Perro”. “Nadie dice ‘esta boca es mía’ pero me hacen denuncias por apología”, volvía al ataque Calamaro, como reproche a quienes lo criticaron por sus dichos sobre la marihuana. 

En ese momento, Litvak hacía “click” y dejaba todo por el póker. “De los 23 a los 60 fui abogado. No muy serio pero solemne. Largué todo (hasta la religión) y la vida me dio esto, porque ya estaba aburrido de lo anterior. Me pregunté a mí mismo qué era lo que más me gustaba: escribir, investigar y viajar… y el póker”, explica Litvak a Apertura.com. Hoy, como director de Pensar Póker, escribe sobre la estrategia detrás del juego que mueve pasiones -y millones- en las mesas de casinos.

Ya escribió cinco libros sobre póker -“estoy escribiendo el sexto, eh”- y se trae entre manos “escribir la colección más grande del mundo”, todo ello lejos de los artículos sobre impuestos, las clases universitarias que en su momento dio y los tribunales. “Cuando fui juez me gustaba ir a trabajar, porque estudiar y fundamentar una sentencia es sensacional”, aclara este jugador que ya ganó “varios campeonatos” y que se ríe cuando le preguntan por el destino del dinero que ganó jugando: “Viajar por el mundo para jugar campeonatos tiene sus gastos”. 

Los torneos en la Argentina tienen precios de inscripción de entre $ 1000 y $ 10 mil, dependiendo de qué casino lo organiza. Para entender cómo se arman los premios basta un sencillo ejemplo: si se anotaron 1000 jugadores y la inscripción costó $ 1000, se reparten $ 90 mil en premios (se le resta el 10 por ciento que queda para el casino”. 

En Punta del Este, el hotel y casino Conrad cuenta con un torneo cada 15 días (la inscripción cuesta US$ 1000) y con una competencia todos los jueves, que vale US$ 200 de entrada. “El póker ni es un juego de cartas ni de azar, es de estrategia... pura estrategia”, cuenta Litvak y tira abajo la excusa: “El azar es inexistente”.

Me pregunté a mí mismo qué era lo que más me gustaba: escribir, investigar y viajar… y el póker

Si bien el póker es un juego -“es un deporte”- que existe hace muchos años, el fenómeno llegó con fuerza a la Argentina en los últimos años y se instaló. “El póker existía como un juego social limitado a las casas de familia o amigos. Lo que pasa es que hace 10 ó 12 años apareció un boom mundial producido por, primero, la aparición de salas online, que te permiten jugar por Internet. Segundo porque hay muchas variables de póker pero apareció el Texas Holdem (dos cartas en mano y cinco en mesa), que es mucho más interesante, porque es inesperado”, relata el póker-man.

Los errores, por su parte, no distinguen corazones o diamantes y alcanzan a todos los jugadores. “El mayor error es la falta de paciencia. No hay que jugar con las emociones ni canalizar una buena o mala semana en la mesa; tampoco querer presumir mayor hombría”, analiza Litvak y distingue claramente a sus rivales: “Los jóvenes tienen mucha ventaja, porque la cabeza les funciona más rápido que a la gente grande, y acá hay mucha matemática; además, son más audaces y menos conservadores. Y, finalmente, tienen más facilidad con la informática y practican en Internet”.

Ahora, con un próximo torneo en mente -“el mundial de póker se está jugando ahora mismo en Las Vegas, cuesta US$ 10 mil la inscripción”- sólo sueña con una buena mano, como una escalera color real. Atrás quedó su carrera como autoridad en materia impositiva. “Pero como dicen en el póker para no apostar más y pasar el turno… ¡Check!”. 



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