Historia de gestión: “Apenas entré, mi jefe me bajó el sueldo y me lo banqué”
Economía

Historia de gestión: “Apenas entré, mi jefe me bajó el sueldo y me lo banqué”

Dirige uno de los bancos más importantes del país. Le exigieron la respuesta para agarrar el cargo en media hora. Crónica de un hombre de la city.  Por Andrés Engler 22 de Diciembre 2014

 

 

La caída de Lehman Brother, alfiler filoso, había explotado la burbuja financiera en los Estados Unidos. Como en un dominó, los bancos se derrumbaban. En la City porteña, los balances del Banco Hipotecario mostraban un rojo de $ 80 millones y su gerente General había dado un paso al costado. En busca de respuestas, el directorio tocó la puerta de la oficina menos pensada: la de Fernando Rubín, un psicólogo que, por esos días, ocupaba el sillón principal del área de Servicios Corporativos.

“¿Te gustaría ser gerente General? Contestame en media hora porque empezás mañana”, lo apuraron. Aceptado el desafío, durante el primer día al mando del banco, le tocó enfrentar un credit default swap que no dejaba de pisarle los talones. “La contraparte exigía una rápida ejecución y yo, a duras penas, entendía qué era de lo que hablaban. Mis jefes estaban afuera de Buenos Aires y yo tenía que entender de qué se trataba, para explicárselos. Fue un logro”, recuerda el ejecutivo, hoy, más tranquilo, con el último balance del Hipotecario positivo en $ 500 millones.

Eduardo Elsztain ya le había visto pasta de capitán de tormentas. En 2000, después de haber liderado Recursos Humanos en LVMH Moët Hennessy Louis Vuitton, le había confiado la gerencia de RR.HH. de IRSA y, un año después, le pidió que liderara esa área en el Banco Hipotecario. “Fue de una semana a la otra. Era un desafío, por tratarse de una empresa privatizada, de capitales mixtos y fuerte presencial sindical”, admite Rubín. Con más de uno mirándolo raro, lo primero que hizo fue cambiar el nombre del área por el de Desarrollo Organizacional. “Las personas no somos objetos ni recursos”, aclara.

La crisis de 2001 era la enfermedad que provocaba locura en casi todos. Los números no dejaban de agudizar los síntomas y Rubín creyó que no había mejor cura que las palabras. Como si el banco se tratara de su consultorio, usaba los pasillos como divanes para charlar con todos los empleados.

También, organizaba desayunos, en los que no dejaban de llover preguntas que ni Sigmund Freud podría haber respondido. “¿Cómo puede ser que no haya un plan de carrera?”, le preguntaban todos, asustados. “Pero, chicos, en este momento, el banco, seguramente, tenga que sacar 500 personas”, replicaba él.

“Apenas entré, el gerente General me bajó el sueldo. Me lo banqué porque pensé a largo plazo. Valió la pena. Ese deporte te enseña a planear siete jugadas antes y, para posicionarte mejor, hay que sacrificar piezas”, cuenta. En música clásica, prefiere a Chopin o Beethoven; en rock pesado, a AC/DC y Led Zeppelin. También, dice amar a Luis Alberto Spinetta y a Charly Garcia, el mismo que –en su canción “Cinema Verité”– observaba, tranquilo, la playa como un ajedrez. Como rey en el tablero, o psicólogo que diagnostica traumas financieros, Rubín jugó con palabras su partida y dejó en jaque a los números. 



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos

Notas Relacionadas