DYN16, BUENOS AIRES, 26/10/2015, CONFERENCIA DE PRENSA DE CAMBIEMOS,  MAURICIO MACRI, GABRIELA MICHETTI, MARIA EUGENIA VIDAL, DANIEL SALVADOR Y MARCOS PE�A LUEGO DE LAS ELECCIONES DE AYER,  EN UN HOTEL CENTRICO. FOTO:DYN/LUCIANO THIEBERGER.
Economía

Berensztein y Malamud, dos miradas sobre la gestión de Macri

Por Cecilia Filas 08 de Abril 2016

Entre el acuerdo con los holdouts y la inflación; entre las negociaciones en el Congreso y los Decretos de Necesidad y Urgencia. Más allá de los eslóganes de campaña y la realidad de la herencia K, Sergio Berensztein y Andrés Malamud analizan el gobierno de Mauricio Macri a 100 días de su asunción.  ​

 

  1. ¿El mayor acierto del Gobierno en estos 100 días?

SB: Un logro económico, que fue el fruto de un esfuerzo gradual y coordinado, es el acuerdo con los holdouts. Políticamente, creo que se despejaron las dudas respecto a la gobernabilidad. Y eso también se hizo de forma rápida, mediante negociaciones con gobernadores, sindicalistas, referentes importantes de la oposición dentro del Parlamento y fuera de él. Un esquema que, por lo menos en esta primera etapa –veremos el año que viene, con las elecciones– le permite desarrollar su agenda de política pública.

AM: El levantamiento del cepo. Lo fue por tres razones: sorpresa, relevancia y resultado. Sorpresa porque se esperaba gradualismo y hubo shock; relevancia porque era una medida que podía generar enormes consecuencias; y resultado porque salió bien y el dólar no se disparó.

  1. ¿Un error evitable?

SB: Un error importante fue la designación de los jueces de la Corte Suprema por decreto (NdeR: Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti). Y creo que, en la lucha contra la pobreza, se exageró un poquitito: no hay ningún país con pobreza cero, ni Finlandia. Uno puede trabajar para unir a los argentinos o luchar contra el narcotráfico –eso se puede incluso medir–, pero no puede lograr pobreza cero. Se puede decir “vamos a asegurar un piso de igualdad”, que en términos electorales es menos tentador pero más cierto. No hay que generar expectativas sobredimensionadas respecto de lo que se puede lograr. Yo hubiese sido más preciso y más moderado en la definición de esos objetivos.

AM: El intento de nombrar jueces de la Corte Suprema en comisión. No por inconstitucional –que no lo es– sino por impolítico. Por un lado, hostilizaba a un Congreso Nacional donde el Gobierno se encuentra en minoría; por el otro, ensuciaba sus “credenciales republicanas” ante su propio electorado. La rectificación salvó el error y lo transformó en aprendizaje.

  1. ¿Cuál va a ser el rol del sindicalismo?

SB: El sindicalismo se va a adaptar al contexto político. En una etapa inflacionaria, va a querer que no caiga el salario respecto de la inflación, o ganarle un poquitito. Pero en un contexto de deflación, de estabilidad, cuando no puede negociar aumentos salariales porque la economía es estable, la agenda del sindicalismo debe ser pelear los salarios en términos de productividad, por ejemplo, debatiendo la infraestructura del país. De lo contrario, el sindicalismo pierde relevancia. Tiene que estar pensando en el capital humano, no solo en la regulación para preservar las rentas que ellos tienen.

AM: Es clave para la gobernabilidad porque puede definir el control de la calle, una herramienta necesaria para voltear gobiernos sin mayorías legislativas. La apuesta del Gobierno es clásica: dividir para reinar. Por ahora tiene suficientes recursos y promesas creíbles para mantener domesticados a los sectores más poderosos, pero la clave será conservar ese control sin apelar a medidas ilegales que puedan ser descubiertas.

  1. ¿El rol de la oposición hasta ahora?

SB: En principio, hay un par de hechos interesantísimos que están ocurriendo: el peronismo volviendo a ser peronismo, sacándose de encima el peso del liderazgo de Cristina Kirchner. Ella deja ser Presidente y, sin los recursos, su liderazgo se atenúa de una forma extraordinariamente rápida. El kirchnerismo está volviendo a su real dimensión, que es una fuerza minoritaria y, potencialmente, marginal dentro de la estructura del peronismo. Pero –y esto hay que tomarlo como un posible desafío– con el riesgo de que, frente a su debilidad política e institucional, se vuelque a la calle. Porque ante la disminución de su peso político, la única manera de seguir marcando agenda es haciendo acción directa: cortando puentes y calles.

AM: La oposición está dividida. El peronismo se debate entre el poder territorial de los gobernadores y el poder ideológico de los Kirchner. A la larga, el primero vencerá, pero no necesariamente lo liderarán quienes hoy aparecen a la cabeza. Por su parte, el massismo actuó con astucia y cogobierna los bajos fondos bonaerenses mientras negocia posiciones nacionales. La incógnita fundamental es el papel de Córdoba en el peronismo que viene.

  1. ¿Se gana la lucha contra la inflación?

SB: Finalmente, la inflación es una prioridad. Y aquellos gobiernos que logran vencer a la inflación ganan elecciones, porque la estabilidad económica es premiada por la sociedad. Por supuesto que cuesta lograrla pero, una vez que se hace, la gente advierte que está mejor y los gobiernos se benefician. Lo más difícil es transitar el valle: cuando se pagan costos inmediatos y los beneficios son a mediano plazo. Como el Gobierno está intentando suavizar el impacto distributivo en los sectores más pobres, en términos analíticos es muy probable que el votante del Frente para la Victoria o del peronismo sufra relativamente menos las consecuencias de la estabilización económica que el votante de Macri. Esto es una hipótesis pero, en principio, le genera al Gobierno un problema de cara a las elecciones del año que viene.

AM: Por ahora la inflación va ganando, pero el resultado se define en la segunda mitad del año. Para tener en cuenta: la inflación se está desbocando en todos los países de América del Sur, así que el fenómeno reconoce causas domésticas pero también externas.

  1. ¿Qué tomó  por sorpresa al Gobierno?

SB: Indudablemente, el tema más desagradable, que tomó al Gobierno todavía en pañales, fue la triple fuga, porque puso de manifiesto que hay problemas muy estructurales y complejos en las fuerzas de seguridad. También hubo alguna improvisación en ciertos temas, como el protocolo para regular las manifestaciones y la polémica respecto de Milagro Sala. Por suerte no hubo una crisis ni mucho menos, solo cuestiones controversiales que, creo, merecen en todos los casos más y mejor discusión. En general, para evaluar la fortaleza de los liderazgos siempre es importante tener en cuenta múltiples dimensiones y contextos. La verdad es que los 8 años de gestión de Macri en la Ciudad no permiten evaluar las bases más estructurales de su liderazgo porque, por suerte, tuvo situaciones complejas pero nunca tuvo una gran crisis.

AM: La triple fuga. Ninguno de los dos gobiernos, ni el nacional ni el provincial, había previsto el problema ni estaba preparado para enfrentarlo. Después de grandes muestras de amateurismo, la situación se resolvió. Pero sus causas siguen vigentes: el sistema penitenciario y la Policía bonaerense apestan.

  1. ¿Cómo ve el acuerdo con los holdouts?

SB: La negociación con los acreedores fue extraordinaria por la rapidez y efectividad que tuvo después de 15 años de default. Sobre todo, en comparación con los últimos tiempos, cuando el Gobierno anterior había decidido una confrontación que le costó al país muchísimo tiempo y, especialmente, dinero, por lo que pagamos y por lo que dejamos de crecer. Es un logro extraordinario que abre la oportunidad para volver a los mercados, para que el país vuelva a crecer, para financiar la estabilización con un ajuste un poquito más moderado.

AM: Suponiendo que las impugnaciones judiciales no prosperaran, se resolvió como el Gobierno preveía: rápidamente, utilizando la transparencia pública como arma de negociación y logrando una quita significativa. La alternativa no era un mejor acuerdo sino seguir en default y sin acceso a la financiación internacional.

  1. ¿Lo sorprendió la suave salida del cepo?

SB: Sí y no. Si bien había mucha discusión respecto de la dinámica de la salida del cepo, por cuestiones profesionales tuve la oportunidad de escuchar detenidamente al ministro Alfonso Prat Gay: el plan que estaba desarrollando lo tenía pensado mucho tiempo antes y sonaba muy consistente. Acá no hay improvisación: hubo una estrategia muy correcta, muy elaborada y bien implementada.

AM: Sí. Economistas que respeto, como Lucas Llach y Carlos Quenan, habían anticipado que el impacto sería mínimo. Pero, como mero politólogo, hasta que no lo vi no lo creí.

 

Berensztein

Es licenciado en Historia (Universidad de Buenos Aires) y Doctor en Ciencia Política (Universidad de North Carolina en Chapel Hill). En 2005 cofundó Poliarquía, de la que partió en 2014 para encabezar la consultora Berensztein. Fue asesor, entre otros organismos, del Banco Interamericano de Desarrollo, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Recientemente publicó Los beneficios de la libertad (Editorial El Ateneo) junto a Marcos Buscaglia, y es co autor de El poder narco (Sudamericana), libro que escribió con el Secretario de Seguridad nacional, Eugenio Burzaco.

Malamud

Es licenciado en Ciencia Política (Universidad de Buenos Aires) y Doctor en Ciencias Sociales y Políticas (Instituto Universitario Europeo en Florencia, Italia). Este año se consolidó como investigador principal del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa, donde se desempeña desde 2006. Además de su participación en varios medios de comunicación, se destacan sus asiduas columnas en el semanario El Estadista.



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1 Comentario

Alfredo Federico Reportar Responder

uno de estos dice que la estabilidad gana elecciones. le recuerdo que en 2001 la inflacion era menor a 0 y el radicalismo obtuvo 16%. para ser analista muy militantes

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