A cinco años de la caída de Lehman Brothers, el emblema de la crisis subprime
Economía

A cinco años de la caída de Lehman Brothers, el emblema de la crisis subprime

Las hipotecas de alto riesgo le dieron el golpe de gracia. Atrás quedaron 158 años de vida y una deuda de US$ 613.000 millones. Cómo fueron las últimas horas, en una historia en primera persona.

Por Joaquín Garau 13 de Septiembre 2013




Esta historia empieza por el final, cuando el Tribunal de Quiebras de Manhattan toca a la puerta y alguien debe salir a decir que la cuenta está en rojo: US$ 613.000 millones abajo. Y ya no sirven las excusas. Hay que pagar y poco importa el nombre. Los hermanos Lehman fundaron el banco y 158 años después llegó a su fin.

A cinco años de la quiebra del cuarto banco más grande de los Estados Unidos, el abrupto final de Lehman Brothers despierta el recuerdo de un gigante no rescatado por la Reserva Federal de los Estados Unidos y que dejó –o debería haber dejado- una enseñanza en Wall Street: ten cuidado con lo que creas. Porque la crisis de 2008, que tuvo al quebrado banco como la cara más visible, se originó en una reunión de amigos, en 2005, cuando cinco ejecutivos de bancos se reunieron a comer comida china y a planear cómo podían hacer más dinero. Allí, en esa mesa redonda que tuvo como comensales a Greg Lippman, del Deutsche Bank, Rajiv Kamilla, de Goldman Sachs, Todd Kushman, de Bear Stearns; y dos amigos de Citibank y J.P.Morgan-Chase, fue donde surgió la idea de las hipotecas subprime, según retrató en su momento la agencia Bloomberg. 

Lehman - IMGS.O.S. Lo que comenzó como una estrategia de créditos hipotecarios terminó en el colapso de Wall Street. Imagen: Archivo Apertura.

¿Por qué no darles créditos hipotecarios a personas con bajo nivel de ingresos y poca solvencia? A cambio, se cobrarían tasas y comisiones más elevadas que en una hipoteca común, ya que el riesgo es mucho mayor. El Club de los Cinco, como se los nombró alguna vez, brindó por su nueva aventura. Mientras tanto, Stacey Kobell trabajaba tranquilamente en la sede de Lehman Brothers en Manhattan, donde se une la avenida Broadway y la 50. 

Había ingresado al banco en enero de 2003, como asistente ejecutiva del director general de controladores de producto Global (un cargo maratónico, pero fiel a todos los ostentados en Lehman). “Nunca pensé que iba a dejar la empresa. Me sentía segura”, cuenta, en diálogo con Apertura.com, Kobell, quien formaba parte del ejército de empleados que tenía la compañía: 25.935 en todo el mundo. Su trabajo se desarrollaba con normalidad. De lunes a viernes, de 8 a 18. Buen salario. Muchos amigos. “Una carrera sólida”, según ella misma cuenta.

Las hipotecas subprime seguían adelante. Era 2006 y la contratación de este tipo de créditos pasó a llevarse el 20,1 por ciento del total de hipotecas concedidas, según un informe de Caixa Catalunya. Nadie prendió las luces de advertencia hasta que los deudores comenzaron a tener dificultades para pagar sus cuotas y las respectivas comisiones. Los bancos empezaron a perder liquidez, lo que los llevó a otorgar menos créditos, que se reflejó en menor consumo y una traba para la cadena productiva. Los problemas estaban a la vista. 

“Sabía que algo realmente malo iba a pasar dos semanas antes. La acción caía y había rumores de que iban a vender la empresa”, rememora Kobell, ya lejos del ritmo neoyorquino y trabajando para la cadena de hoteles Starwood, en el estado de Florida. Se enteró de la quiebra por televisión. Pero no de primera mano: su mamá la llamó y le dijo que mirara el noticiero. Estaban hablando de Lehman Brothers y no se oía para nada bien. “Mi mamá fue una de las que me llamó y me pidió que prendiera la televisión. Me dijo que Lehman estaba en bancarrota. Estábamos mirando las noticias cuando mostraron el edificio y a los empleados entrando y saliendo con cajas. Decidí que no iría en ese momento pero sí al día siguiente, para saber cómo seguía eso”, cuenta la ex empleada. 

Lehman BlureadaEl equipo. Kobell (de amarillo) junto a sus compañeros de trabajo, en las oficinas de Lehman. Foto gentileza: Kobell.

La entrada en vigencia del Capítulo 11 de la legislación estadounidense (que contempla la quiebra de las compañías) no fue un tema menor para Wall Street. Muchos aguardaban por un rescate de la Reserva Federal, que ya había hecho lo propio con el banco de inversión Bear Sterns y las hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac. Lehman esperaba en alta mar con el brazo en alto y rezaba por el salvavidas amigo. Su equipo de trabajo, según recuerda Kobell, llegó a la oficina aquél 15 de septiembre de 2008 con la esperanza de que alguien les explicara qué estaba pasando. Kobell asegura que su team leader se vio desbordado por la situación: “Mi jefe no me dijo ‘este es el fin’, porque cada uno sabía que lo era. Pasé todo el día arreglando mi currículum y el resto de la semana contactando a reclutadores de recursos humanos”.

Ante la negativa de la Reserva Federal, los máximos ejecutivos de las mayores entidades financieras se reunieron durante todo un fin de semana para trabajar a contrarreloj y saber si alguno podía aceptar el reto de quedarse con Lehman. Y si bien el banco británico Barclays estuvo cerca, la falta de apoyo de la Casa Blanca para respaldar la operación atentó contra la idea de lanzarle la toalla salvadora, en el último round, a Lehman Brothers. Así con 158 años de historia y siendo uno de los titanes de Wall Street, golpeó contra la lona. Estaba K.O.

Sabía que algo realmente malo iba a pasar dos semanas antes. La acción caía y había rumores de que iban a vender la empresa ex empleada de Lehman Brothers


Cuando se disipó el polvo tras el desplome de Lehman Brothers, el campo de batalla mostraba su panorama más desalentador y el gobierno de Barack Obama intentaba cambiar el paisaje. Para marzo de 2009, el Departamento de Trabajo mostraba números poco alentadores: la economía de Estados Unidos había perdido en febrero 651.000 puestos de trabajo y el índice de desempleo había subido al 8,1 por ciento. Los ojos del mundo se situaban sobre Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal, quien había llegado al puesto en 2006 en lugar de Alan Greenspan.

Lehman Brothers acordó un plan de pago con sus acreedores –y bajo la aprobación del juez- de US$ 65.000 millones, pero con reclamos que superan los US$ 370.000 millones. Y si bien técnicamente la quiebra se levantó, Lehman Brothers dejó de existir para Wall Street, pero no para Kobell. “Tengo un souvenir de Lehman. Hace unos meses atrás, encontré un pequeño anotador de espiral. Lo tengo en mi oficina y todavía no lo usé”, narra. Su viejo equipo de trabajo se disipó. Cada uno marchó por donde mejor pudo. “Me mantengo en contacto con algunos compañeros de Lehman por Facebook y Linkedin, pero la mayoría ha ido por distintos caminos”, subraya, ahora bajo el rayo del sol de Miami, y explica, casi como un desahogo, que “todo pasa por una razón”. “Recuerdo a Lehman como un crecimiento en mi experiencia de vida. Pero todo en la vida pasa por alguna razón. Y yo pienso que así resultó mejor”.
 



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