Tecnología prêt-à-porter
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Tecnología prêt-à-porter

Relojes, lentes y más se suben al mundo smart. Para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero.

Por Pablo Martín Fernández 28 de Marzo 2014




La industria necesita constantemente nuevos conceptos, que pongan en marcha más líneas de productos, campañas de marketing y, la obvia meta, sumen mejores márgenes a las menores ganancias de equipos ya commoditizados. El súmmum de esto es Apple. Sus productos son obsoletos a los meses de ser comprados, cuando Tim Cook anuncia que ya hay un reemplazo para el iPad que lanzó en el mismo lugar, apenas un semestre atrás. El mercado de la tecnología necesita nuevas quimeras que, luego, el tiempo dirá si funcionan (las tablets) o no (la televisión 3D). La última tendencia es big data. Pero, ahora, lo nuevo es wearable technology. Algo así como tecnología para vestir: a aquellos viejos relojes pulsera Casio que, en los ’80, incluían calculadora, ahora, hay que sumarles 30 años de desarrollo tecnológico.

Durante años, distintas start-ups o laboratorios de empresas reconocidas mostraban trajes con algún tipo de inteligencia. Pero, curiosamente, la entrada de este tipo de tecnología en el mercado mainstream, ese que permite comprar un equipo en miles de tiendas alrededor del mundo, se da de la mano de un reloj pulsera.

Luego del éxito de equipos similares en nichos generados por emprendedores, gracias a productos financiados por cientos de personas en plataformas como Kickstarter (¿Un ejemplo? Pebble, un “smartwatch”, nuevo término acuñado para este tipo de dispositivos, que fue un suceso online), empresas de primera línea, como Samsung y Sony, lanzaron sus propios relojes inteligentes, que se conectan a Internet, gracias a su enlace con el smartphone que, hoy, el usuario ya tiene en el bolsillo.

Lo nuevo es wearable technology

Pero, a esto, se le suman los constantes rumores de la entrada de Apple a este mundo (fogoneados desde la empresa) y el anuncio de que, en el futuro Consumer Electronic Show de Las Vegas, la reunión anual donde se presentan los equipos de los que se hablará durante meses, habrá un área especial para este tipo de equipos. La zona se llamará WristRevolution. Otra área de wearable technology fue puesta bajo los reflectores por Google, al lanzar sus anteojos llamados Glass. Si, en la muñeca, se puede estar conectado a Internet, recibir actualizaciones (mirar quién le dio “Me gusta” a la foto subida a Facebook, por ejemplo), los lentes permiten ir mucho más allá, mezclando el mundo concreto con capas de información online. La realidad aumentada, una tendencia empujada por la industria hace años, quizás, se vuelve real a través del invento de la empresa de Brin y Page.

La firma le tiene tanta fe a estos equipos, lanzados en una muy cuidada estrategia en que le dieron los productos a unos pocos early adopters, quienes se ocuparon de viralizarlos por el mundo, que acaban de lanzar un nuevo modelo. Las dudas sobre su costo y avance sobre la privacidad de terceros son los mayores limitantes.

Pero, ¿puede ser que el reloj pulsera que dejó de existir para más de una generación que, ahora, mira la hora sólo en su celular vuelva, justamente, de la mano del smartphone? ¿Se necesita un equipo que dé la misma información que el celular pero de una manera diferente? ¿Se usarán todos lentes con conexión a Internet? Si uno se basa en el nivel de adopción actual, tendría que decir: “No”. Pero, en general, la tecnología evoluciona hasta encontrar un mercado más amplio. Lo intentará un par de años y, si no lo logra, buscará una nueva tendencia. Mientras tanto, hoy, la pelea es por la muñeca del usuario.



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