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Columnistas

Tecnología masiva: paso a paso

Por Pablo Martín Fernández 27 de Junio 2014




Toda empresa intenta entender qué es lo que hace que un nuevo gadget sea adoptado a nivel masivo. Pero, pese a que invierten fortunas en I&D para reducir el margen de error, parece imposible asegurarse el camino al éxito. Sin embargo, se equivocan. Todas tienen productos que fracasaron. En el caso Apple, se puede ir a los ’90 con Newton, el predecesor de las Palm. O, más cerca en el tiempo, la red social de música Ping o Apple TV, que no logra despegar. Google también cancela productos cada meses. 

En su cementerio digital, descansan Knol (una supuesta evolución de Wikipedia) y Reader, el lector de sites. Pese a que es difícil predecir el éxito de un producto, hay una constante en la adopción de tecnología y el modelo para el análisis no es nada nuevo. En su libro “Difusión de la innovación”, Everett Rogers publicó, en 1962, un sistema que, aún hoy, se usa para explicar buena parte de lo que sucede en el mundo de los desarrollos de avanzada.

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Fail. Todas las empresas tuvieron desarrollos que fracasaron, incluso Apple. Foto: Bloomberg.

Allí, muestra, en un tradicional gráfico de campana, cómo se adopta una tecnología que llega a ser masiva. De un modo esquemático, a lo largo del tiempo, el 2,5 por ciento inicial que compra un producto determinado son los innovadores, seguidos por un 13,5 por ciento de early adopters.

Estos dos grupos son centrales para el éxito de cualquier tecnología. En muchos casos, los primeros se enteran del producto poco después de que exista una versión de laboratorio y, a los “adoptantes tempranos”,
les gusta probar un​ concepto antes de que llegue a la prensa masiva, ya que se enteraron por el boca en boca, como los “innovadores”, o a través de una publicación especializada (hoy, puede ser un simple tuit de alguien relevante en esa área). Este grupo inicial es el que ayuda a financiar, con precios más altos, la llegada del producto o sistema al segmento masivo. Según Rogers, luego de este grupo, viene un esquemático 34 por ciento de “temprana mayoría”, seguido por un idéntico porcentaje de “tardía mayoría”. Esos dos grupos son los
que ayudan a que una tecnología gane market share. Luego, viene el 16 por ciento de rezagados, que, por economía, costumbre o aversión al cambio, son los últimos. Cuando éstos lo adoptan, se llega a un punto de saturación del mercado.​

Todas tienen productos que fracasaron. En el caso Apple, se puede ir a los ’90 con Newton, el predecesor de las Palm. O, más cerca en el tiempo, la red social de música Ping o Apple TV, que no logra despegar. Google también cancela productos cada meses. 

Con el paso del tiempo hay quienes le encontraron críticas a esta teoría. Desde los que remarcan que hay que tomarla con pinzas hasta la revista Wi red, tan propensa a los títulos extremos, que dice que el esquema ya no sirve porque, hoy, en un mundo donde la información ya no sería un bien escaso, los early adopters, como tales, fueron reemplazados por una mayoría alerta, que adopta rápido algo que le interesa, generando un crecimiento veloz, llamado “big bang” por sus autores, que, luego, provoca una caída igual de abrupta. Así, la

moderada curva de Rogers se reemplaza por un gráfico similar al de una aleta de tiburón. 

Pese a esa diferencia, incluso los autores de esa nota y de un libro basado en esa teoría siguen utilizando la idea progresiva (innovadores, early adopters, masividad y caída) propuesta por Rogers en su esquema, que se niega a morir. Ahora, cuando se pare en una góndola, piense en qué categoría cae como consumidor y, por ende, cómo ayuda a que una tecnología determinada despegue (o no).



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