¡Muéstrame el propósito!
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¡Muéstrame el propósito!

Por Andy Freire 18 de Marzo 2014




En la película “Jerry Maguire”, hay una escena muy simpática. Tom Cruise (agente deportivo) trata de tranquilizar a su único cliente, un jugador de fútbol americano excéntrico, quien tiene problemas para motivarse y focalizarse. De hecho, en aquella charla telefónica, el personaje de Cuba Gooding Jr. le pide que grite junto con él: “Show me the money” (“Muéstrame el dinero”). Lo económico era el estímulo que el jugador encontraba para despertar su pasión. Este cuadro esconde una verdad casi dogmática: si me das más dinero, entonces, rindo mejor. Una relación casi conductista de acción-reacción. El dinero es el amo y señor. Quien todo lo puede. 

¡ Error! El dinero no alcanza para motivar. Está científicamente comprobado, hace ya muchos años, que las motivaciones externas como el dinero o los ascensos lo único que logran es empeorar el rendimiento en muchas tareas. Especialmente, las complejas.
El académico Sam Gluckberg, de la Universidad de Princeton, tomó a un grupo de estudiantes y les dijo: “Cronometraré cuán rápido pueden resolver un problema”. Les presentó una situación que requería de la utilización de la inteligencia lateral. O sea, ese tipo de problemas en los que la respuesta es obvia pero sólo si se puede pensar “fuera de la caja”. Pero, antes, los dividió en dos grupos. Al primero, le dijo: “Los cronometraré para que me ayuden a descubrir cuánto es el tiempo promedio que se tarda en resolver este tipo de problemas”. Al segundo, le ofreció incentivos: “Si están entre el 25 por ciento que más rápido resuelve este problema, les daré US$ 5. Si están entre el 10 por ciento, US$ 20 a cada uno. Si están entre el mejor 5 por ciento, US$ 50”. En promedio, todos los que tuvieron el incentivo del dinero tardaron 3 minutos y medio más que los otros, que sólo se tomaron unos segundos. 

En otra de las muchas experiencias sobre este tema, un grupo de economistas estableció varios tipos de juegos y tareas que requerían aptitudes mecánicas y otras, que exigían destrezas cognitivas y creativas. También, comenzó a dar recompensas. Cuando más aptitudes mecánicas requería la tarea y, a medida que se pagaba más, mejoraba el desempeño... Pero, cuando la tarea exigía, al menos, un poco de capacidades cognitivas o creativas, cuanto más era la recompensa, peor era la performance. O sea, la recompensa económica sirve. Pero sólo para un tipo específico de tareas. Lo que nos dice esto es claro.

El modelo de recompensa-eficiencia fue exitoso durante muchos años, que, casualmente, coincidían aquellos en los que la mayoría de los trabajos eran más simples, lineales y hasta mecánicos. Las tareas que nacieron bajo el paradigma de la Revolución Industrial. Ese modo de incentivar es totalmente obsoleto, en un mundo en donde la dinámica, el cambio y la incertidumbre son una constante, y la complejidad y la abstracción de ciertas labores requieren otro tipo de aptitudes cognitivas. El problema es que muchas empresas siguen tomando decisiones respecto a sus políticas de Recursos Humanos basadas en conceptos que, como dice Dan Pink, experto en estos temas, “sencillamente, no funcionan”. Buscan motivaciones en factores externos a las personas cuando las tendrían que buscar dentro de ellas. 

Pero algunas empresas, casualmente, las más innovadoras, parecen estar entendiendo. Políticas como vacaciones “cuándo quieras y cuánto quieras”, eliminación de reuniones obligatorias o autogestión como fundamento son un ejemplo. Sencillamente, basan sus esquemas de motivación en tres elementos: autonomía, capacidad de mejora y el descubrimiento de un propósito claro. Sobre todo, esto último. La idea de que alguien haga algo sin saber bien por qué, ni para qué, comienza a sonar ridícula. Una persona que tiene que utilizar su creatividad, su pensamiento lateral, su capacidad resolutiva, debe hacer lo que hará porque está al servicio de algo mayor que él mismo. Y lo conoce. Enfocarse en el dinero estrecha la mirada y limita el pensamiento. Tal vez, pueda funcionar para un jugador de fútbol americano. Pero, como consejo para todos los que quieran aumentar su grado de motivación en el trabajo, será mejor gritar primero: “¡Muéstrame el propósito!”. 



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