Lo nuevo dura poco

26 de Diciembre 2012




“Es increíble cómo la versión anterior parece tan vieja”. Phil Schiller, vicepresidente de Marketing de Apple, mostraba las cartas de la empresa que, hoy, marca el norte en tecnología de consumo. Se refería a la nueva iMac, el equipo de escritorio de la firma. Pero, ese mismo día, 23 de octubre, su jefe iría por más. Tim Cook, CEO de Apple, comandó el lanzamiento en el que se mostró, a las apuradas, la cuarta versión del iPad. Puesta, luego, en las sombras por el lanzamiento del iPad mini, esa versión marca un antes y un después en la historia de este tipo de equipos. El iPad 4, por darle un nombre coloquial, ya que el oficial es “iPad With Retina Display”, se anunció apenas medio año luego de la salida de su predecesor: “New iPad” o iPad 3.

Y, si bien muchos leyeron la presentación del nuevo equipo como una excusa para molestar a Microsoft –48 horas después, lanzaba Windows 8 y Surface, su apuesta en el mercado de las tablets–, eso no quita que Apple haya achicado los tiempos posibles de recambio de sus equipos.

Así es. Quien haya comprado el “new iPad” en marzo se encontró, en octubre, con que su equipo ya no es “new”. Sigue funcionando, tiene capacidades técnicas que muchos de sus propietarios no usarán nunca, pero ya dejó de ser lo último. Se sabe que las empresas tecnológicas tienen un road map a varios años –ultra secreto, en muchos casos–, en los que planean las diferentes iteraciones de un mismo producto y que los lapsos entre lanzamientos se mantienen para exprimir al máximo las ganancias de su potencial mercado.

Por eso, el iPad 4 no llama la atención por sus capacidades técnicas, sino por lo que implica en cambios de marketing y logística. Más allá de cuántos usuarios pasarán del iPad 3 al 4 (vale aclarar que, para la mayoría, no se justifica el cambio), lo que hizo Apple con este producto fue sacudir el mercado, sobre todo, fuera de los países centrales: la empresa hace lanzamientos simultáneos en varios territorios. Pero, para los que están afuera de ese listado –la Argentina, por ejemplo–, la llegada de los productos es una incógnita.

Los equipos como el iPad 4 suelen tardar varios meses en llegar a estos mercados. Pero, ahora, ese lapso tendrá que ser achicado lo más posible para que el mínimo ciclo de vida del producto como “lo último” pueda ser exprimido al máximo. Con los tiempos actuales de importaciones, el iPad estuvo, apenas, un par de meses en las vidrieras argentinas. Ahora, ya es viejo. Apple confirma en su actitud lo que dicen los fríos y muy positivos números de sus balances: tiene tanto cash que no duda en empapelar las principales ciudades del mundo con publicidad de un equipo que matará en menos de una temporada (el iPad 3 ya no está en su catálogo y su slogan, “Resolutionary”, se había visto en los mejores espacios publicitarios del globo).

El ruido generado por este cambio en el ciclo de producto se da en el marco de una discusión internacional, sobre la sustentabilidad de esta idea de cambio constante de equipos. El concepto de obsolescencia programada, forzar desde la empresa productora una “fecha de vencimiento” del producto recién comprado, podría encontrar en Apple y su iPad 4 el ejemplo de manual que toda tesis necesita para crecer.

Ninguna compañía achicará todos sus ciclos de producto a seis meses. Ni siquiera, Apple. Pero la última presentación de Cook demuestra que, si quisiera, podría. En unos meses, se sabrá cómo reaccionó el mercado. Sin embargo, teniendo en cuenta que llega Navidad, y el consecuente alza de ventas, posiblemente, no tenga mayores problemas. Además, no hay números del iPad 3 en las fiestas de 2011 porque, en aquel momento, no existía y, en las de 2012, ya será pasado.



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