La fábula del dólar libre y la construcción del relato

17 de Octubre 2012




Cristina Fernández de Kirchner volvió a negar la existencia de un cepo cambiario en la Argentina, le reclamó al periodismo que deje de utilizar ese término y aseguró que en el país pueden viajar los que quieren al exterior. La Presidenta afirmó que, en su primer mandato, “había una jaula cambiaria, una timba”. Y negó que existan limitaciones a las transacciones en dólares, tanto para comercio como para el turismo. “El cepo es solamente un instrumento de tortura”, graficó.

El ex ministro de Economía Roberto Lavagna le respondió en forma terminante: “La actitud del Gobierno de negar el cepo cambiario es similar al cuento de que no hay inflación”. “Si no hubiera cepo, cualquier argentino podría ir a un banco y comprar dólares. Es la negación de la realidad”, señaló el economista. En la Argentina, el control del mercado cambiario es prioridad absoluta para la mayoría de los funcionarios K, al menos, en términos discursivos. Desde que la AFIP impuso el cepo verde, en octubre de 2011, la fiscalización fue en aumento hasta convertirse en trending topic: desde las restricciones a las aseguradoras hasta las trabas a las remesas.

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La batería de medidas incrementó la actividad en el mercado informal y generó dólares de todo tipo y color, que cotizan de acuerdo al uso que se les quiera dar. El sector inmobiliario se paralizó, la confianza del consumidor retrocedió varios casilleros y la actividad en el sector financiero dejó a un 80 por ciento de las casas de cambio knock out. Y, mucho más, a sus empleados.

El minuto a minuto de las trabas provoca dudas, también, entre los inversores de largo plazo, que, cuando tienen margen, redefinen el destino de sus desembolsos.

La forma de implementar las restricciones en la Argentina parece una franquicia de la estrategia venezolana. Desde su creación en 2003, la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi), el implacable organismo que responde al Ministerio del Poder Popular de Finanzas, autoriza quién puede comprar dólares y quién no. Hoy, Venezuela cuenta con dos tipos de cambio diferenciados: el oficial, que cotiza a 4,3 bolívares por dólar, y otro, similar al “contado con liqui”, administrado por el Banco Central de Venezuela y que llega a 5,3. Sin embargo, la brecha con respecto al dólar paralelo es abismal, en comparación con la Argentina: el billete negro se consigue a 9 bolívares, aproximadamente.

Previsora, la Cadivi limitó las compras por Internet, ya que muchos venezolanos acudían a complejas operaciones de compra-venta online para hacerse de dólares, en cuentas radicadas en los Estados Unidos. Hoy, el máximo para compras con tarjeta de crédito es de US$ 400 anuales, medida cuya eventual aplicación fue desmentida localmente en forma terminante.

Otro dato: según información del Banco Central de Venezuela, entre 1996 y 2010, la fuga de capitales en el país bolivariano fue de US$ 146.000 millones. Sólo una foto más de un espejo en el que el cepo al dólar no existe y todo es culpa del relato.


*Director de APERTURA.



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1 Comentario

Editor80 CMS Reportar Responder

Hablas de un mercado paralelo del dolar, pero no decís que volumen tiene. Hablas de los empleados de las casas de cambio, pero no decís cuanto empleo genero esta medida. El mercado inmobiliario funciona en todo el mundo con la moneda local.

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