La eterna disputa entre el Gobierno y el campo
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La eterna disputa entre el Gobierno y el campo

21 de Marzo 2013




Corría marzo de 2008 cuando la presidenta Cristina Fernández de Kirchner hacía referencia al “yuyo” en un marco de batalla frontal con el campo, al que se lo acusó de casi todos los males durante la batalla por la 125. Luego llegó el voto no positivo, las peleas y la marcha atrás con las retenciones móviles a las que aspiraba el Gobierno nacional. Sin embargo, desde entonces, el diálogo entre el Gobierno y el campo nunca pudo restablecerse. Algunos interlocutores cambiaron. 

Los estilos también, pero hoy las batallas entre ambos generan una especie de deja vú. Carne, leche, trigo y economías regionales, plantean desde el sector agropecuario como las prioridades a atender. Dólares y liquidación de divisas aparecen del otro lado del mostrador, en un escenario de restricciones crecientes. Los números, sin embargo, hablan por sí mismos. En 2012 la cadena de valor de la soja aportó unos US$ 19.300 millones a la estructura económica del país. Es decir, un 5,8 por ciento del Producto Bruto Interno de la Argentina.

Durante los 10 años del kirchnerismo, la oleaginosa fue ganando participación en detrimento de otros cultivos. En sólo 10 años la cadena de valor se multiplicó por cuatro, desde los US$ 4700 millones en 2000/2001. En volúmenes, las proyecciones marcan para esta campaña unas 50 millones de toneladas. El fisco, en tanto, pasó de percibir tributos por US$ 890 millones en 2000/2001 a unos US$ 9200 millones en la campaña 2009/2010. Es decir, 10 veces más.

La participación del oro verde en la recaudación se incrementó también del 1,6 por ciento al 8,4 por ciento. Se trata también del principal complejo exportador nacional, con el 26 por ciento de ventas totales del país al mundo. En tanto 10 de las 15 principales exportadoras están vinculadas a la comercialización de granos. Sin embargo, pese a su importancia creciente dentro de la economía local, el Gobierno y los dirigentes de la Mesa de Enlace siguen embarcados en una pelea que parece no tener fin. 

La cosecha se liquida a dólar oficial y las expectativas devaluatorias generan un incentivo al productor a no vender. Los que tienen margen prefieren esperar, mientras desde el Gobierno los tildan de especuladores y los intiman a vender con el objetivo de recuperar divisas. La amenaza latente ahora es una reedición de la Junta Nacional de Granos, un mecanismo de regulación, disuelto durante el menemismo, que otorgaría un virtual monopolio de la compra de soja al Gobierno. La experiencia reciente en los sectores de carne, leche, maíz y trigo demuestra que el efecto concreto de las nuevas regulaciones lleva a desinvertir. De hecho, las compras del sector exportador para la campaña 2012/2013 cayeron un 53 por ciento.

El diálogo entre el Gobierno y el campo está lejos de reanudarse. Las apuestas de los grandes grupos, en tanto, vuelven a reenfocarse a los países vecinos y las presiones impositivas sobre el sector quiebran todos los records. Mientras tanto, tal como lo define el Martín Fierro, “si entre hermanos se pelean los devoran los de afuera”.



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