Impresión 4D
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Impresión 4D

Investigadores trabajan en materiales que pueden modificarse, por sí solos, frente a un estímulo externo.

Por Pablo Martín Fernández 31 de Marzo 2014




Se puede programar un objeto para que se ensamble, o modifique su forma, sin necesidad de intervención humana? Un grupo de científicos cree que la materia automodificable será parte del futuro. En un contexto en el que la impresión 3D está en auge –se habló de ella en esta columna hace varios meses–, el nombre dado a la nueva tecnología es el de “impresión 4D”. La cuarta dimensión, en este caso, es el “tiempo”. Otra vez, fue una charla TED el espacio en el que comenzó a divulgarse este concepto, gracias a que uno de sus fellows, Skylar Tibbits, habló sobre impresión 4D en la última edición de la conferencia, en Long Beach. El investigador del Massachusetts Institute of Technology reconoce que la etiqueta de las cuatro dimensiones nació como un chiste que, luego, le sirvió mucho a la hora de comunicar el concepto. Pero que la mejor manera de explicar su nuevo foco es hablar de auto-ensamblaje o de materiales inteligentes, que reaccionan frente a un estímulo externo.

La idea surgió al generar prototipos a partir de un material, el cual, mediante una impresora 3D, puede construir una estructura como la de un sorbete que, luego, al entrar en contacto con el agua, se transforma en un cubo.

En ese ejemplo, mostrado en su conferencia TED, Tibbits se refirió a un material generado en base a dos polímeros. Uno, que se expande al entrar en contacto con el agua, y otro, que se mantiene estable. La acción de sumergir el producto hace que el primer componente se agrande hasta chocar al segundo lo que, por una suerte de efecto dominó, fuerza la construcción del cubo.

El tiempo –más precisamente, las modificaciones que suceden luego de un lapso determinado– es la cuarta dimensión a la que se hacía referencia con anterioridad. Pero las reacciones de estos materiales, también, se podrían dar frente a cambios en el ambiente (lluvia o mayor temperatura, por dar dos ejemplos), el usuario (frío, transpiración) o el impulso de otro tipo de energía, como puede ser agitar el producto. En una entrevista con New Scientist, Tibbits dice que, por caso, se puede pensar en neumáticos que cambien su dibujo, a medida que se modifica el terreno, o ropa para atletas que reaccione a los cambios en la piel en diferentes momentos de una carrera. Todo es muy incipiente. Pero las posibles implicancias del éxito de esta tecnología cruzan a todas las industrias.

Como suele suceder con gran parte de las tecnologías usadas a diario, el rol del mercado militar es clave para el desarrollo de las etapas iniciales de este tipo de productos. A principios de noviembre, el Ejército estadounidense invirtió poco menos de US$ 1 millón, un monto pequeño para los estándares de Defensa, en tres proyectos relacionados con impresión 4D. El desembolso apunta a no perder el tren e intentar generar, por ejemplo, productos camuflados, que cambien de color, dependiendo del ambiente.

Sin embargo, esto recién comienza. Si se toma como ejemplo la impresión 3D, que existe desde hace décadas pero, recién ahora, logra comenzar a despegar para el usuario final, todavía, le queda mucho camino por recorrer a esta técnica para ver si, finalmente, es viable comercialmente. En este caso, el tiempo, esa cuarta dimensión clave, es la variable a tener en cuenta. Habrá que esperar mientras uno imagina sus posibles aplicaciones.



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