El único desafío posible
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El único desafío posible

10 de Julio 2013




Definir metas y objetivos a largo plazo para una organización, siempre, resulta un proceso complejo. Implica, en primer lugar, tener una visión muy clara del camino que se desea atravesar pero, también, una percepción afinada de las variables externas que incidirán en los diferentes contextos. Ahora bien, ese nivel de complejidad se incrementa de modo exponencial cuando aquella agenda de metas y objetivos debe definirse, ya no de forma aislada, sino para el conjunto de organizaciones que participan de un ecosistema. 

En este sentido, el emprendedurismo en la Argentina tiene un gran desafío: transformarse en el motor que le permita al país consolidar un modelo de estabilidad económica sostenible en el tiempo. Durante los últimos 30 años, el mundo atravesó una transformación vertiginosa. Apalancada en la tecnología, permitió generar una red de relaciones comerciales inimaginables. La transabilidad de las asociaciones comerciales borró los límites físicos convencionales. Ya no sólo existe una globalización en las cadenas productivas, sino, también en la de los servicios. Ese contexto genera una gran oportunidad para muchos países, en especial, para los que están en vías de desarrollo.

La oportunidad de tranformarse y de hacerlo rápidamente. Esto es una realidad que muchos están explotando. ¿Cómo hizo, si no, Israel para transformarse, en menos de 30 años, en el segundo país con mayor cantidad de empresas cotizando en Nasdaq? ¿O Estonia, tras la caída de la Unión Soviética, al desarrollar un ecosistema de empresas tecnológicas de las que Skype es su principal referente? ¿Cómo hizo Ruanda para ponerse de pie –al menos, desde el punto de vista económico–, luego de las masacres de 1994, en las que fueron asesinados más de 1 millón de sus habitantes? 

La respuesta, en todos los casos, tiene el mismo componente: entendieron la nueva dinámica del mundo y lideraron procesos de formación de ecosistemas emprendedores. En definitiva, aprovecharon un contexto para reinventarse en poco tiempo. Lo necesitaban. En la Argentina, ponerse como norte el desarrollo de un ecosistema emprendedor requiere, básicamente, de la determinación de hacerlo. De encaminarse en un proceso que genere una cultura favorable, que permita políticas que faciliten la disponibilidad de financiación, el desarrollo de capital humano de calidad, mercados de capitales dispuestos a apoyar y soportes institucionales y de infraestructura adecuados.

Por sobre todo, implica tener liderazgos comprometidos. El emprendedurismo argentino debe encaminarse hacia ese objetivo. Al menos, hacia la parte que le toca. Debe consolidar las muchas y positivas señales que mostró en las últimas décadas. Pero, también, debe entender que la única manera de sostener esa tendencia es generar instancias de coordinación comunes, asumir el compromiso e involucrarse en la generación de un entorno que no sólo beneficie a los emprendedores, sino que transforme la matriz productiva y de desarrollo económico de nuestro país. “Nada tarda tanto en llegar como lo que nunca se  empieza”. La célebre frase de Alain (Émile Auguste Chartier) llama al movimiento. Pero nada empieza sin tener una visión clara de a dónde se quiere ir.  



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