El taco de Iniesta y el paradigma del modelo sostenible

15 de Enero 2013




El domingo 9 de diciembre de 2012, en el partido en el que Lionel Messi superó la marca histórica de cantidad de goles en un año calendario, ocurrió un hecho que sólo quedará en el recuerdo de los fanáticos memoriosos: el pase para la emblemática anotación fue un taco de Andrés Iniesta.

Un toque de espaldas, aun cuando estaba de frente al arco con la oportunidad de rematar. Un pase –y ya especulando un poco– que buscaba la mayor eficiencia de una acción. Si era su gol, habría sido, simplemente, uno más. Haciendo el pase no sólo fue un gol, fue un record para otro miembro de su equipo –Messi– y una contribución para elevar el mito de una generación de jugadores a la que pertenece. La elección más eficiente para la organización que integra era dejar pasar su oportunidad personal para facilitar la de alguien más en pos de un bien grupal superior. Con total naturalidad, Iniesta así lo hizo.

Detrás de ese pequeño gesto, se esconde el éxito del equipo catalán y el de cualquier emprendimiento que busque alcanzar un modelo sostenible en el tiempo, a saber: la capacidad de las individualidades para priorizar dentro de su esquema de decisiones aquellas que beneficien, en primer lugar, al conjunto. O sea, la valoración continua y natural del sistema sobre los sub-sistemas.

A pesar de que este concepto puede resultar evidente, si se lo analiza desde un punto de vista teórico, no lo es tanto desde la práctica. Ya sea por egos, por carencia de incentivos, por desconexión de los integrantes del emprendimiento con el propósito global de la organización, o bien por falta de liderazgo, existe una gran dificultad a la hora de afianzar una cultura cooperativa en términos de interacción. La consecuencia es, siempre, la misma: se perjudica la eficiencia.

Sin una verdadera concepción de la relevancia de un entorno colaborativo, podremos alcanzar algunos objetivos esporádicos. Pero será un modelo insostenible en el tiempo. El colapso, siempre, es inminente cuando no se logra autogestionar ni calibrar criterios compartidos y aceptados de valoración de prioridades.

Es verdad, el contexto argentino, muchas veces, no ayuda. Las reglas no son claras y empujan a fortalecer el tic de la mirada de corto plazo; no existe un sistema educativo que desarrolle mecanismos para dotar de herramientas de gestión a los emprendedores ni, tampoco, los líderes sociales ejercen una influencia positiva en este sentido.

Definitivamente, la dificultad para lograr modelos sostenibles de trabajo en equipo es, en gran parte, cultural. No obstante, es posible y, a la vez, necesario incentivar este cambio en nuestras estructuras organizacionales. Sólo así, se avanzará eficientemente sobre los desafíos que impone la realidad. Sólo así, todos los tacos serán para Messi. Todos los pases serán gol.



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