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El plan "Make in India"

Por Andy Freire 14 de Abril 2015


 

Desde el año 1948, todos los 15 de agosto se conmemora en la República de la India el día de la independencia. Sin embargo, algo adicional ocurrió durante esa fecha en el año 2014. Narendra Modi, su Primer Ministro, anunció el lanzamiento de un ambicioso plan que busca transformar a ese país en el mayor polo industrial del mundo. La iniciativa tiene su nombre en inglés: “Make in India”. 

El plan es una invitación a emprendedores y empresarios de todo el planeta a que apuesten por el país de la espiritualidad. Modi lo dejó bien claro en su discurso de aquel día: “Vengan, fabriquen en la India. Vengan, produzcan en la India. Vendan en cualquier país del mundo pero produzcan acá. Tenemos la habilidad, el talento, la disciplina y la determinación para hacer algo. Queremos darle al mundo una oportunidad favorable para venir aquí. Vengan, fabriquen en la India y le diremos al mundo, trátese de electrónica, automóviles, cadena de valor agrícola, papel o plástico hasta satélites y submarinos, vengan, fabriquen en la India. Nuestro país es fuerte. Vengan, los estoy invitando”.

A través de la iniciativa, el gobierno del Partido Nacionalista Hindú se comprometió a flexibilizar sus regulaciones, recortar impuestos, mejorar la protección de la propiedad intelectual, reformar las leyes laborales y estimular a fondos de inversión extranjeros. Pero, también, se comprometió a la construcción de infraestructura física y redes digitales y a la creación de puestos de trabajo y promoción de capital humano en 25 sectores de la economía. Entre ellos, los de automóviles, aviación, químicos, construcción, defensa, procesamiento de alimentos, textiles, puertos, medios de comunicación y entretenimiento, turismo, minería y biotecnología.

Una verdadera reforma emprendedora, que, si bien es muy temprano para evaluarla, en términos de resultados, no lo es para elogiarla por su presentación. “Make in India” no se lanzó como cualquier otra iniciativa. Se lo hizo como un verdadero compromiso con el mundo. Y eso es osado.

Comprometerse con algo implica un riesgo elemental: no cumplir con aquello en lo que se generó expectativas. ¿Por qué es un riesgo? Porque una mala gestión entre compromisos, expectativas y resultados termina dañando la confianza. Y ella es la piedra fundamental de toda relación comercial y, por ende, de toda política que se proponga atraer inversiones. Me gusta utilizar la definición de confianza del célebre sociólogo Niklas Luhmann, quien asegura que es “una apuesta, hecha en el presente, hacia el futuro y que se fundamenta en el pasado”. En ese sentido, los compromisos son una forma de construir esos fundamentos del pasado que ayudan a apostar 
hacia el futuro.

Asumir un compromiso es aceptar una responsabilidad. Y el grado de cumplimiento es lo que, a lo largo del tiempo, construye la reputación. Una buena reputación es el único camino para generar entornos de negocios beneficiosos para los países y, además, de hacerlos sostenibles en el tiempo.

La India se lanzó, sin titubeos, en esa dirección. Lo asombroso de este proceso es que, para construir confianza a través de los compromisos, no hace falta que sean extravagantes. Simplemente, realizables. El caso de la atención al cliente de HP es paradigmático, en este sentido. Hace algunos años, se realizó un estudio que aseguraba que esa compañía tenía, en los Estados Unidos, el mejor servicio de atención al cliente y, por ello, era considerada una de las mejores empresas de venta de computadoras.

Cuando comenzaron a analizar qué cosas hacía, fácticamente, diferentes a otras, se dio cuenta de que, en realidad, era nada “materialmente” distinto. Lo que habían logrado era manejar los compromisos de una manera impecable. No eran los más rápidos en responder pero sí los más eficientes en cumplir con los plazos en los que se comprometía a responder.

En concreto, no era la mejor ni la más rápida; los consumidores la percibían así. Había aprendido a transformar sus palabras en actos. Jean Paul Sartre decía, justamente, aquello: “El compromiso es un acto, no una palabra”. En esa idea es que se sostienen las relaciones comerciales en el mundo. Es, a la vez, la concepción que se esconde detrás de la iniciativa india. Pero, sobre todo, detrás del discurso de su Primer Ministro. Una concepción simple, que, a nuestro país, lamentablemente, todavía, le cuesta asimilar.



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