El nombre no lo es todo… también están las marcas
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El nombre no lo es todo… también están las marcas

15 de Julio 2013




La dinámica de hoy en día ha llegado al ámbito de las marcas y el marketing al punto que resulta muy común que se utilicen nombres de personajes o famosos –aunque se trate de una fama fugaz- para distinguir productos y servicios, práctica que, claro está, debe acompañarse de ciertos recaudos legales para evitar conflictos a futuro.

Por eso, personas que han obtenido cierto reconocimiento o algún nivel de popularidad requieren el registro de su nombre como marca, tal el caso de Susana Giménez, Diego Maradona y Marcelo Tinelli, por citar claros ejemplos.

Esta tendencia también ha alcanzado a las modelos quienes, en virtud de la efímera vida profesional que les brinda la pasarela, dan el salto al empresariado con nombre y apellido: el suyo, convirtiéndolo en marca, principalmente, para productos de estética, cosmética, indumentaria, calzado y accesorios, como ha sucedido con las conocidas Adriana Constantini, Evangelina Bomparola y Lara Bernasconi, entre otras.

No escapan a esta práctica los nombres artísticos, de personajes o los seudónimos que han traspasado las fronteras del anonimato y cuyos creadores deciden buscar una mayor protección -si se quiere, eterna, en la medida que se cumplan ciertos recaudos legales- bajo el derecho marcario, tal caso de Maru Botana, Teté Coustarot, Valeria Lynch, Piñón Fijo, Gaturro.

Y es que si bien nuestra ley de marcas prohíbe el registro de marcas que constituyan el nombre o seudónimo de una persona sin su consentimiento – o el de sus herederos- siempre es mejor prevenir que curar, ya que nadie está exento de casos de homonimia o de sufrir la conocida viveza criolla. En cualquiera de estos casos, no resultará fácil ni económico recuperar el signo distintivo para poder individualizar productos o servicios.

El registro del nombre propio, seudónimo o nombre artístico como marca constituye una práctica sumamente aconsejable si se tiene la intención de incursionar en el comercio con la propia impronta, ya que, de acuerdo a lo estipulado por nuestra legislación, la propiedad de una marca y la exclusividad de su uso se obtienen con su registro.

A veces, puede fallar
Llegar tarde puede tener sus complicaciones, como le ocurrió a Florencia de la V cuando quiso registrar su anterior seudónimo artístico, “Florencia de la Vega”, a lo que se opuso una instrumentadora quirúrgica con el mismo nombre por considerar que ese uso afectaba su faz psicológica y espiritual. Luego de una medida cautelar que ordenó a la artista a cesar en el uso del nombre Florencia de la Vega bajo cualquier forma -incluso como seudónimo- la Cámara, aún considerando que no hubo mala fe, decidió -por mayoría- hacer lugar al reclamo de la profesional.

En este caso se priorizó el nombre como derecho personalísimo y de propiedad por sobre el uso del seudónimo, que también cuenta con tutela en base la ley del nombre, ya que la elección de éste último no puede ser libre sino que deben de tomarse los recaudos necesarios para que la misma no cause perjuicio a nadie.

Recomendaciones
En primer lugar es altamente beneficioso el registro como marca de un nombre que luego será explotado comercialmente, ya que fortalecerá el derecho de su titular a los fines de iniciar o repeler un reclamo basado en el uso del mismo.

En caso de que se trate de un patronímico o nombre y apellido que podría coincidir con el de cualquier otra persona es aconsejable realizar una búsqueda previa para evitar consecuencias perjudiciales o recurrir a nombres que tengan mayor poder distintivo.

*Directora del Departamento Legal - Clarke, Modet & Co Argentina.



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