El desafío de pensar a largo plazo para los países emergentes
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El desafío de pensar a largo plazo para los países emergentes

Por Mariano Mayer, Director General de Emprendedores en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires 22 de Octubre 2015

 

 

Hace pocos días se llevó a cabo en Tanzania un evento en Ngorongoro Crater Conservation Area, cuyo objetivo principal fue reflexionar acerca de las oportunidades que  presentan en el continente africano, debido a los recientes descubrimientos de petróleo y gas en el este de esta región y el enorme interés de China en invertir en África. Son oportunidades que a su vez significan grandes desafíos a la hora de pensar en un desarrollo económico sustentable y a largo plazo.

Allí, participé de una mesa redonda de debate sobre “Oportunidades y Desafíos para África del Este”, organizada por la BMW Foundation en conjunto con Earth Security Group y el Uongozi Institute.  Y, lo interesante de este debate es que tiene muchos elementos en común con lo que sucede en América Latina en los últimos años, a partir del boom de los commodities.

Como es sabido, dicha explosión generó un gran crecimiento económico en varios de los países de la región, pero no necesariamente una mejora de la competitividad ni una mejora sustancial en el PBI per cápita en los mismos. Así, lo analizó  el Banco Interamericano de Desarrollo en su informe “Repensar el Desarrollo Productivo”.

Al mismo tiempo, y relacionado con lo anterior, los modelos productivos basados en recursos naturales tienen aún bastantes cuentas pendientes en materia de sustentabilidad, y para resolverlos hace falta no solo decisión política sino también mucha innovación.

Poco a poco los países de la región están tomando conciencia de que no pueden basar su desarrollo exclusivamente en los recursos naturales, sino que deben ir virando hacia un desarrollo basado en la innovación, en la economía del conocimiento, inspirándose en su mayoría en los casos (exitosos) de Israel y Corea del Sur. Dicho giro implica -como hicieron en su momento aquellos países- pensar, planificar e invertir a largo plazo, fundamentalmente en capital humano y el desarrollo de ecosistemas emprendedores, lo cual no es sencillo en contextos de presupuestos ajustados y necesidades urgentes e inmediatas -situaciones bastante habituales en países emergentes-.

Está tensión es justamente la que se debatió en Tanzania en la mesa redonda: ¿Qué tipo de acuerdos deben firmar los países de África del este con las empresas que deseen explotar sus recursos naturales? ¿Cómo conciliar los mismos con el desarrollo sustentable? ¿Qué contenido deberían recomendar/exigir en las políticas de responsabilidad social empresaria? ¿En qué deberían invertir las regalías que recibieran por dichas explotaciones? ¿Solo en infraestructura o necesidades de corto plazo? ¿No deberían utilizar parte de las mismas para apalancar el desarrollo de energías renovables? ¿No deberían invertir parte en el desarrollo de capital humano de cara al futuro? ¿Cómo impactan en todo esto los Objetivos de Desarrollo Sustentable que se están debatieron en la ONU, con el apoyo del Papa Francisco y su encíclica LAUDATO SI?

En América Latina el debate comenzaba a cerrarse, y empezaba a verse un cierto consenso acerca de la necesidad de poner el foco en el desarrollo basado en la economía del conocimiento, la innovación, el emprendedorismo y -por supuesto- la sustentabilidad. Lamentablemente, las crisis económicas y políticas de estos últimos meses amenazan con reabrir dicho debate y volver a privilegiar las necesidades urgentes por sobre las de largo plazo. Es preciso, entonces, no caer en la tentación, mantenerse fuerte y sostener los planes a largo plazo, sin los cuales es imposible pensar en llegar a ser países desarrollados.



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