El año en que salí de la zona de confort
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El año en que salí de la zona de confort

Por Andy Freire 15 de Diciembre 2016

El cambio lo sentí de la noche a la mañana. Llevaba un día como ministro de Modernización, Innovación y Tecnología y una publicación en mi Facebook sobre el camino emprendedor, que siempre cosecha mensajes positivos, empezó a recibir fuertes críticas. Hace más de 10 años que dedico tiempo a fomentar el emprendedorismo -una de las razones por las que hoy soy ministro- con charlas y libros, y nunca había recibido comentarios así.

Ese fue el primer cimbronazo que sentí al salir de mi zona de confort de emprendedor y promotor del emprendedorismo para convertirme en un ministro que quiere hacer que las cosas pasen. Si hasta uno de mis hijos, cuando le conté que me habían convocado para el Gobierno de la Ciudad, dijo que le parecía una mala idea porque le preocupaba lo que le podían decir en el colegio. Por suerte, un año después, él está contento y yo también.

Estoy disfrutando de la experiencia. Me siento como cuando empecé a emprender, aunque ahora tenga unos años más, y eso también es gracias a que encontré algunas realidades que me movilizan mucho. Cuando sos emprendedor necesitás hacer mucho foco: entender una industria a fondo y resolver los problemas del ahora, aunque con visión de futuro. Como Ministro, un día estamos con el Bus del Fútbol, con dimensiones culturales, históricas y deportivas; el otro seguimos con el Ecoparque, con cuestiones ambientales, de fauna y educativas; y en el tercero estamos trabajando en nuevas aplicaciones para los ciudadanos.

A todo eso hay que sumar las cuestiones más políticas, como la generación de consensos para impulsar leyes, como la recientemente sancionada del proyecto del Autódromo. En todos estos temas estoy con actitud de aprendiz, especialmente de quienes llevan más tiempo en el Estado. A ellos les tengo un poco de envidia: siento que podría haberme pasado al sector público un poco antes si hubiese sabido lo desafiante que era. En ese sentido, si tenía algún prejuicio sobre el empleado público, ya no existe más. Nunca tuve un equipo más grande -en el Ministerio trabajan 1500 personas- y sin embargo veo un gran compromiso por hacer que las cosas pasen.

Desde este aprendizaje, que lleva 12 meses intensos, empiezo a entender esos comentarios que llegaban a través de las redes apenas me sumé al equipo de la Ciudad. Entiendo que tengo que asumir las críticas y estar abierto a sugerencias. Hay muchas maneras de explicar el servicio público pero una muy concreta es que a nosotros nos toca administrar de la mejor manera los recursos de los vecinos para brindarles soluciones concretas. Si el emprendedor tiene un deber con los inversores del proyecto, hoy siento que los inversores son cada uno de los porteños. Emprender también desde lo público, de eso se trata.



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