Crea tu propio objeto

Las máquinas que “imprimen” en 3D cambian varios paradigmas.

Por Pablo Martín Fernández 21 de Enero 2013




Pensá un objeto (una taza, un anillo o cualquier pieza que quepa en la palma de tu mano), diseñala en un software intuitivo en tu notebook e imprimila en tu casa. Sí, imprimila. Parece ciencia ficción, pero no lo es. Hoy existen impresoras 3D, así se les llama, que se pueden comprar por US$ 2200 en los Estados Unidos (en China se consiguen por US$ 500) y permiten generar piezas de hasta 28,5 x 15,3 x 15,5 cm. Las posibilidades que podrían surgir con la llegada masiva de estos equipos aún se están analizando.

Las impresoras 3D domésticas parecen la última novedad aunque los que estudian el tema saben que equipos más grandes, usados por empresas para generar prototipos únicos (no en serie), existen desde hace dos décadas, pero eran muy costosos para ser masivos. ¿Cómo funcionan las impresoras 3D? Los equipos de escritorio –la estadounidense MakerBot es la empresa más reconocida– construyen un objeto a partir de resina. Para hacer una analogía con la impresora tradicional, en lugar de tinta, se arma una pieza con materiales bioplásticos o resinas sintéticas que son rociados sobre una superficie y el resultado, en lugar de un papel impreso, es un objeto. Si bien sus promotores creen que la impresora 3D puede tener impacto en los hogares, y el local que abrió MakerBot en Nueva York apoya esa teoría, por ahora es una tecnología abrazada por los early adopters.

El mayor impacto en la actualidad se da en los trabajos creativos relacionados con el modelado de piezas. Desde arquitectura hasta diseño industrial, pueden generar sus propios prototipos sin necesidad de hacer gastos en producción en serie. Además, los “planos” son subidos por los usuarios a sitios como Thingiverse, donde se pueden encontrar instrucciones para replicar desde juguetes hasta una catedral de miniatura, todo de manera colaborativa y gratuita. Por eso, a medida que la tecnología llegue a más hogares, se espera que el modelado crezca. Una impresora “económica” de Makerbot, denominada Replicator 2, cuesta US$ 2199.


La creación de este equipo llevó a su cofundador, Bre Pettis, a la tapa de Wired bajo el título altisonante de “Esta máquina va a cambiar el mundo”. No está del todo claro si realmente la Replicator 2 lo hará, pero sí es muy posible que la impresión en 3D tenga un gran impacto en las actividades relacionadas con industria, modelado de objetos y, sobre todo, en actividades que hoy parecen impensadas. Por ejemplo, una empresa japonesa ofrece llevar las ecografías un paso más allá. El producto de la compañía es el torso de una madre con un feto, ambos en miniatura, basado en la imagen real tomada por el médico. Esta suerte de muñeco de tu futuro hijo, por ahora, es costoso (US$ 1200) pero en un corto plazo podrías hacerlo en tu casa. Sin embargo, como sucede con cualquier tecnología que deja las sombras, comienzan a aparecer los problemas.

Si cualquier forma se puede realizar, incluso engranajes o partes complejas, ¿dónde está el límite? Por un lado, surgieron analistas que se preguntan, ya que es viable “imprimir” armas de fuego, qué debería hacer el Gobierno para regular esta actividad. En una nota de The New York Times, un estudiante de la Universidad de Texas cuenta cómo avanza en la creación de un arma que se pueda imprimir en el hogar. Por otro lado, si todo es potencialmente replicable, aparecen los defensores del copyright sobre un objeto. Por ejemplo, existen casos de personas que, habiendo replicado muñecos de un juego de mesa, fueron contactados por los abogados relacionados con la marca para dar de baja el material. Por ahora, parece muy lejano de un mercado como el argentino, pero quizás, en un futuro, no haya que salir a comprar objetos; bastará imprimirlos en tu máquina hogareña.

 



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