AcquiHire

18 de Septiembre 2012




Puede sonar extraño. Para empresas como Facebook, Google, LinkedIn o Twitter, una solución para mejorar su staff es... comprar una empresa y quedarse con el talento que las creó. No son adquisiciones (acquisitions), sino acquihires, una mezcla de compra con contratación (“compratación”, sería en castellano). Esta modalidad se suma a la más tradicional compra, realizada con el único fin de matar un posible competidor o hacerlo crecer dentro de las paredes corporativas.

Muchas veces, esas compras vienen a “salvar” a la compañía comprada, que no encuentra el rumbo y, así, logra quedar mejor parada con sus empleados y, a veces, con sus inversores. Todos contentos, en ese círculo de dinero e innovación que es Silicon Valley. La escena es conocida en la Web. Primero, surge un rumor en Twitter: una compañía será adquirida por otra. Luego, ambas publican un post en sus blogs confirmando el acquihire y, meses después, el producto comprado decae en calidad o, directamente, es abandonado por el comprador, quien sólo estaba interesado en el cerebro de sus creadores.

En ese contexto, si bien los fundadores pueden estar felices al ser comprados, hay dos grupos que no siempre salen beneficiados. Por un lado, los usuarios y, por el otro, los inversores de riesgo. Un caso conocido es Gowalla. El servicio compitió durante un tiempo con Foursquare por el trono en apps de geolocalización. Pero, luego de comenzar a perder la batalla, fue adquirido por Facebook.

La empresa de Zuckerberg decidió matar el producto a los tres meses. Lo más curioso es que Dodgeball, la primera empresa del fundador de Foursquare, Dennis Crowley, fue comprada por Google hace unos años, luego fue desactivada y el emprendedor renunció para crear su exitosa app. Un loop de acquihires. En julio, Google compró Sparrow. En el micromundo de los early adopters y desarrolladores de tecnología, esto fue mal visto. ¿Por qué? ¿Qué es ese servicio con nombre de gorrión? La app, creada en Francia, era la mejor pieza de software, según las críticas, para administrar el correo de los productos de Apple (comenzó en Mac y llegó al iPhone). De un día para el otro, fue abandonada por sus creadores. Google tiene mucho por mejorar en la plataforma de Apple, que, aunque competencia directa de su sistema Android, no puede dejar de tener bajo la lupa, sobre todo, en la app de Gmail (sin rodeos, el nuevo dueño dijo que sumará el staff de Sparrow a la mejora de su correo).

¿Qué pasará con los usuarios del servicio francés ahora, que los desarrolladores pasarán a trabajar en la empresa que compite contra Apple? La respuesta oficial llegó en el mismo momento en que se anunció la “compratación”: “No planeamos lanzar nuevas mejoras en nuestras apps de Sparrow”. El caso de Sparrow no es el único. En los últimos días, Google compró la app suite de oficina QuickOffice y, un tiempo después, realizó una operación aún más extraña para el mundo de los negocios: adquirió una parte del staff del estudio de diseño Cuban Council, que había realizado muchos de sus logos.

Por el lado de los inversores de riesgo, también hay malestar: muchas veces, estas adquisiciones se hacen dejando de lado sus intereses. Los que reciben la mejor parte son los fundadores y los empleados, a través de acciones de la compradora, y el monto en cash, a repartir con los fondos, es relativamente bajo. Tampoco es un caso nuevo, aunque, recién ahora, las empresas tienen equipos dedicados a hacer acquihires: hace casi tres años, Nokia compró la red social de viajes Dopplr. El staff se sumó al gigante finlandés, el site está intacto desde la adquisición y el producto quedó congelado en el tiempo.



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