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Clase Ejecutiva


Verde en altura

La moda de los jardines verticales

Cuáles son los beneficios de las cubiertas naturadas para el medio ambiente urbano y para el edificio, sea residencial o corporativo, que las incorpora. Costos, especies y consejos para sumarse a la onda green.

Lorena Obiol




Hoy, la palabra sustentabilidad se aplica por doquier: desde publicidades de automóviles a etiquetas de alimentos, pasando por la arquitectura y el paisajismo, que proponen techos verdes y jardines verticales. Se trata, en términos generales, de cubiertas naturadas con múltiples beneficios: mejoran el rendimiento térmico de los edificios y prolongan la vida útil de las azoteas, reducen los niveles de dióxido de carbono de la atmósfera, permiten la captura de agua de lluvia –lo que reduce inundaciones y niveles de contaminación– y aumentan la biodiversidad urbana. “En la Argentina, esta tendencia ya comenzó a brotar. La gente se está animando, aunque todavía prefiere caña seca o mármol. Se opta, muchas veces, por lo más minimalista y de menor costo. Por ahora, la motivación responde a razones estéticas, pero apostamos a que se entienda que el verdadero beneficio pasa por lo sustentable”, comenta Federico Pérez, CEO de Nueva Flora y especialista en cultivos y suelos hidropónicos.

A diferencia de lo que sucede en Europa, Norteamérica y Asia, o en países vecinos como Chile –incluida la Isla de Pascua–, la experiencia local en esta materia está verde... por inmadura. Solamente en Alemania ya se cubrieron más de 15 millones de metros cuadrados de azoteas, sobre todo en Berlín; en Inglaterra ya se cuentan alrededor de 300 mil metros cuadrados por año; y Tokio obliga por ley, desde 2001, a que los edificios nuevos cubran con vegetación al menos un 20 por ciento de su azotea. “En 2002 hice mi tesis sobre techos verdes, y casi no había registros en el país. Recién en 2006 comenzó a hablarse del tema y en 2010 ya había empresas especializadas. Hoy ya se hacen las cubiertas verdes de modo integral, desde la impermeabilización hasta la instalación y la elección de las plantas, con garantías de 5 a 10 años por el trabajo realizado”, detalla Damián Pérez, licenciado en Planificación y Diseño del Paisaje (UBA), quien integra además el Nodo Porteño de la Red Argentina del Paisaje.

Allianz 2 x Alberto García
Aire libre. Los jardines de Allianz, al ritmo del sol del microcentro.

Pensar que cualquier jardín, por más verde que sea, es sustentable, es una falacia. Toda intervención produce impacto: el diseño y la vegetación influyen en la necesidad de agua, de pesticidas o fertilizantes y de mantenimiento. “Techo verde y jardín vertical no siempre son sinónimo de sostenibilidad. Muchas veces, todo lo contrario. Estos conceptos se manejan con un discurso banalizado. En la actividad privada, lo que se está proponiendo es, generalmente, la reproducción de lo que podría ser el jardín del fondo de una casa”, polemiza Fabio Márquez, coordinador de la carrera de Técnico Superior en Paisajismo en Integral Instituto Superior de Diseño.

“Suelen requerir mucho subsidio de agua, agroquímicos y poda porque, al tener un parámetro cultural de jardines artificiales, no se parecen en nada al comportamiento de esa vegetación en la naturaleza. Además, suelen ser especies exóticas y, para que se mantengan prolijas, hay que estar fumigando y podando todo el tiempo”, profundiza.

Si el jardín sustentable, en términos contemporáneos, es aquel que puede cumplir funciones estéticas sin requerir demasiada intervención ni mantenimiento, el uso de plantas nativas colabora de manera ostensible con ese objetivo: “Se adecuan al suelo, se enferman menos, tienen menos plagas, se adaptan al ritmo de lluvia de la región”, enumera Márquez. Además, mientras que al jardín subsidiado no llega fauna por el combate de las plagas a mano de los pesticidas, el sustentable atrae mariposas y aves. “En Buenos Aires deberíamos ver más de 100 especies de mariposas, y no cuatro o cinco. Eso no tiene que ver con la contaminación, sino con que el 98 % de los árboles públicos son exóticos”, insiste Márquez.

En diciembre pasado, la Legislatura porteña aprobó la Ley de Techos o Terrazas Verdes (Nº 4428) para incentivar la colocación de superficies vegetadas en las cubiertas públicas y privadas. También introdujo un cambio en el código de edificación, detallando espesores mínimos, materiales y métodos de impermeabilización. Para quienes lleven adelante estas iniciativas habrá descuentos en los derechos de delineación y construcción de, como máximo, un 20 % si incluyen más de una cubierta vegetal.

“Para que esto tenga efecto a nivel urbano no puede estar librado a la buena voluntad de individuos, ya sean corporativos o residenciales”, justifica Roberto Fevre, mágister en gestión ambiental (UBA).

HSBC
Precursores. Los jardines del HSBC, uno de los primeros en verse en las alturas.


Si bien hay distintas tipologías en lo que hace a techos verdes, la división más clara se da entre intensivos y extensivos. Los primeros se instalan en espacios reducidos y tienen un diseño paisajístico vinculado al uso social: se trata de parques o jardines ubicados sobre las cubiertas transitables, donde se emplean especies variadas y coloridas, plantas altas y arbustos.

En tanto, se consideran extensivos los que cubren grandes superficies, concebidos como reguladores térmicos, no aptos para circulación y con poca profundidad de sustrato: “Son mucho más livianos y pueden ser aplicados en estructuras existentes. Aunque, en general los techos verdes se montan sobre construcciones nuevas, por la necesidad de un cálculo estructural que asegure que las losas soportarán la carga”, puntualiza el paisajista Pérez.

El jardín vertical, por su parte, no es otra cosa que un muro tapizado de vegetación que crece sin ningún tipo de suelo. “Es el modelo menos sostenible: se arma como una paleta, con un sustrato que hay que mejorar todo el tiempo. Es parecido al formato de pequeña maceta, y requiere mucho riego y mantenimiento. En cambio, los jardines verticales que forman las trepadoras o enredaderas no necesitan subsidio si la especie está bien elegida. Además, para que cumpla funciones de regulador térmico tiene que estar mirando al norte, algo que no se suele respetar porque todavía se construyen más por términos estéticos que ambientales”, completa Márquez.

Con todo, hay ejemplos precursores en la ciudad, como el edificio corporativo Barrancas de Lezama, sede del banco HSBC frente al Parque Lezama, primer building corporativo del país que obtuvo una certificación LEED, en mayo de 2011 (en cuanto a sitios sustentables, obtuvo 19 de los 26 créditos, y en esto ayudó la cubierta verde, además del car pooling y su cercanía al transporte público, entre otras variables).

Otro caso es la casa matriz de la compañía de seguros Allianz, en Av. Corrientes 299, en el Bajo porteño, cuya remodelación incluyó la instalación de paredes verdes y un jardín sustentable –con vegetación especialmente desarrollada con la colaboración del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria– que no requiere riego artificial y, por tanto, no consume agua de red.

Así, el verdadero beneficio sustentable se obtiene si la cubierta verde forma parte de un proyecto concebido integralmente. En palabras de Federico Pérez, “si no se combina este recurso con un estudio que prevea su eficiencia tanto acústica como térmica –puede reducir hasta 10º la temperatura del exterior al interior–, no se aprovecha igual. Ahí está su verdadera funcionalidad: cuando el edificio absorbe los beneficios”.

Identikit de una cubierta verde
- Membrana impermeable: Es una aislación hidrófuga que previene pérdidas y humedades.
- Barrera anti-raíz: Protege contra roturas e incisiones causadas por raíces.
- Retención y drenaje: Clave para la propagación de especies. En techos planos, previene el estancamiento del agua.
- Filtro de tela: Capa geotextil que se ubica entre el drenaje y el medio de crecimiento para que el sustrato se mantenga en su lugar.
- Sustrato de crecimiento: Fundación de la cubierta verde en sí misma, consta de una base mineral y un mínimo de material orgánico. 
- Plantas y arbustos: Se recomienda selección de nativas rioplatenses en sus variantes de árboles (ceibo, timbó, espinillo), arbustos (flor de seda, acacia mansa, rosa de río), hierbas (helecho de sombra, cortadera, plumerillo) y trepadoras (pasionaria, dama de noche, uña de gato).

Presupuesto de obra
-Techo verde: $ 1.000 por metro cuadrado, en promedio. Incluye la impermeabilización
de la membrana, el sustrato, las plantas y la mano de obra.
-Jardín vertical: $ 2.400 por metro cuadrado, en promedio. Desarrollado y húmedo, pesa
33 kilos por m2. Requiere poda estacional

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