Leonard de Hutt, el príncipe de una micronación en Australia

Leonard de Hutt, el príncipe de una micronación en Australia

La historia detrás del principado que tiene 7400 hectáreas, es independiente desde 1970 y tiene su propia constitución y moneda. 

12 de Octubre 2012




El sol se está poniendo en los ondulantes campos de trigo de Western Australia, y al príncipe no le importaría volver a cenar. A los 86 años, no le gusta comer después de las 6 de la tarde. Y dado que es el soberano del reino y el amo de todo lo que contempla, el hombre no tiene que esperar por su pavo. “A veces paga ser un príncipe”, dice con un guiño, subiéndose al asiento del Hyundai Getz de su visitante. Su Rolls-Royce, dijo antes, necesitaba un service.

Él es Príncipe Leonard de Hutt, el monarca absoluto de las más de 7400 hectáreas de campo en el escasamente poblado cinturón de trigo de Australia, unas cinco horas en auto al norte de Perth. Su reino, el Principado de Hutt River, declaró su independencia el 21 de abril de 1970, para protestar contra los cupos de granos recientemente introducidos que el Príncipe Leonard (un granjero cuyo nombre real es Leonard Casley) dice que lo hubieran dañado financieramente. Luego de pedirle sin éxito un exención al gobierno, repasó las leyes comunes inglesas y se separó.

La decisión lo convirtió en el padre fundador de un movimiento de micro-secesiones que surgieron en todo el mundo, incluyendo el Reino Unido e Israel. Hutt River es una de las 30 micronaciones en Australia, desde lo ridículo -las cuatro personas que componen la República de lo Genial- a lo sincero, como el Principado de Snake Hill al norte de Sydney que se toma a sí mismo muy en serio, aunque pocos también lo hacen.

El dominio de Leonard tiene su propia constitución, su propia moneda (con una tasa de cambio de 1 dólar Hutt River a 1 dólar australiano), un correo y 30.000 ciudadanos -o eso dice Leonard. La capital, Nain, sin embargo, solo tiene tres residentes permanentes: el Príncipe, la Princesa Shirley (su mujer) y su hijo adulto, Wayne. Emite visas de entrada y salida e incluso tiene sus propios pasaportes. Casi todos los tenedores de pasaportes de Hutt River son personas con doble ciudadanía viviendo afuera; la literatura oficial de Hutt River describe su ciudadanía como “un grupo de afinidad mundial que se identifica con la increíble historia de un hombre que se convirtió en príncipe y el país que fundó”.

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De lo que carece, como todas las otras micronaciones, es del reconocimiento de un solo estado soberano. Eso no frenó a los seguidores de Leonard de intentar avanzar en la política extranjera de Hutt River. La apertura en 2007 de una embajada y una sección consular en Dubai causó un pequeño escándalo diplomático con Australia, que acusó al “embajador” de Hutt River de ser un convicto vendiendo documentos falsos. Y aunque a principios de año Hong Kong incluyó a Hutt River en una lista de lugares legítimos para incorporación, el movimiento fue ampliamente descartado como un error o un chiste; Leonard mismo no está seguro de cómo sucedió.

El Príncipe Leonard se eriza ante la sugerencia de que Hutt River es poco más que una teatral atracción turística. Él considera a todo, desde el busto masivo de su cabeza que se erige fuera del correo, a los honores que concede a las personas -la “Orden Serena de Leonard”, por ejemplo-, las marcas de un gobierno legítimo. “Es un país. Ahora, como país, uno esperaría tener su propia moneda, su correo y todas esas cosas”, dice mientras toma té con galletas en la cocina de su estrecha residencia imperial.
No hay un conteo oficial sobre las micronaciones del mundo, aunque un pequeño cuerpo de investigaciones académicas y periodísticas ponen el número cerca de 70. Eso significa que Australia, con solo un tercio de la población mundial, representa casi la mitad de las micronaciones.

Judy Lattas, psicóloga de Macquarie University, dice que esto no es sorprendente. Las micronaciones “serias” “tienen características significativa de la narrativa cultural de Australia: una rebeldía popular contra la autoridad, una actitud de hacer las cosas uno mismo frente a la ley y un estilo de presentación pública cómico y auto-crítico”, dijo en un mail. “Aunque el movimiento de micronaciones modernas comenzaron con Hutt River en 1970, muchos lo ven como el seguir de un camino hecho por incontables grupos secesionistas antes”.

Uno de los lugares más apreciados de Hutt River es la placa, montada en la pared fuera de la oficina de correos de Nain, en la que se reproduce la devolución de impuestos australiana de 2008 del Príncipe Leonard. Una línea en particular -“de tácito acuerdo usted es no-residente de Australia en cuanto a propósitos de impuestos al ingreso”- produce una sonrisa irónica del arrugado patriarca. El gobierno en Canberra ha sido sorprendentemente tolerante con Hutt River. El principado, después de todo, es una gran atracción turística regional, destacada en importancia en la edición australiana de las guías Lonely Planet.

En una mañana reciente en Hutt River, el Príncipe Leonard le dio un tour guiado a dos micros de turismo llenos de visitantes de todo el mundo. Luego les dio la venta agresiva de un conjunto de monedas y estampillas conmemorativas de Hutt River.
“Venimos acá dos veces a la semana, por lo menos, probablemente un poco más”, dice Brian Matthews, un guía de turismo de 66 años que lleva grupos a Hutt Rivers desde hace años. “A los visitantes les gusta mucho que sea un principado, aunque no creo que siempre entiendan que es solo en los papeles”.

El Príncipe Leonard tiene un ojo afilado en la historia y no duda en ofrecer su propio camino como remedio para las enfermedades económicas de los gobiernos occidentales, citando la relativa estabilidad de Hutt Rivers. “A algunas personas les gusta decir que Hutt River es un país nuevo, pero a mí me gusta decir que es un país viejo. Cuando estábamos celebrando nuestro 40° aniversario, la República Alemana estaba celebrando el 20°”.



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