La seguridad de los aeropuertos nos complica la vida

La seguridad de los aeropuertos nos complica la vida

En los Estados Unidos, la Policía de Seguridad Aeroportuaria es la encargada del control, para lo que cuenta con un presupuesto de US$ 8000 millones.

29 de Noviembre 2012

 


La semana pasada marcó el comienzo de la época de viajes más ocupada del año. Para millones de estadounidenses, la miseria del viaje de vacaciones empeora considerablemente por una agencia gubernamental diseñada para hacer más seguros los vuelos. Creada luego de los ataques del 11 de septiembre de 2011, la Policía de Seguridad Aeroportuaria (TSA, por sus siglas en inglés) ya dejó de prestar utilidad, mientras la amenaza de un ataque terrorista en los Estados Unidos continúa retrocediendo. Estos días, el principal rol de la TSA parece hacer menos placenteros aún los viajes en avión. Y, al hacerlo, está alentando a las personas a elegir opciones mucho más peligrosas para viajar por tierra.

La atención que se le da al terrorismo en los Estados Unidos está considerablemente desproporcionada con la relativa amenaza que presenta. Eso es especialmente verdad en lo que se refiere al terror extremista islámico. De los 150.000 asesinados en los Estados Unidos entre el 9/11 y fines de 2010, el extremismo islámico significó menos de tres docenas. Desde 2000, la posibilidad de que un residente de los Estados Unidos muera en un ataque terrorista es de una en 3,5 millones, según John Mueller y Mark Stewart, de Ohio State y University of Newcastle, respectivamente. De hecho, el terrorismo islámico extremista solo contribuyó con 200 a 400 muertes en el mundo fuera de las zonas de guerra de Afganistán e Iraq -el mismo número, apuntó Mueller en un informe de 2011, que mueren en las duchas solo en los Estados Unidos cada año.

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Pero la TSA todavía tiene un presupuesto de casi US$ 8000 millones -que es el motivo por el que la agencia tiene demasiados oficiales y no lo suficiente para hacer. Los “Buenos Descubrimientos de 2011” de la TSA, informados en su blog, incluyeron 1200 armas de fuego y -su principal descubrimiento- un lote de explosivos C4 (aunque esos solo se descubrieron en el vuelo de vuelta).

Una lista más larga de las confiscaciones de la TSA podrían incluir un rifle de plástico de un muñeco G.I. Joe (“es una réplica”) y un sable de luz. Y, no hace falta aclarar, la TSA no descubrió un solo terrorista tratando de subir a una aerolínea en los Estados Unidos, dice Bruce Schneier.

Según una estimación de costos directos e indirectos llevados por los Estados Unidos como resultado del 9/11, el New York Times sugirió que los ataques en sí mismos causaron US$ 55.000 millones en “daños de peaje y físicos”, mientras que el impacto económico fue de US$ 123.000 millones. Pero los costos relacionados con el aumento de la seguridad terrestre y el gasto anti-terrorista, además de las guerras en Iraq y Afganistán, totalizó US$ 3 billones. Mueller y Stewart estiman que el gasto del gobierno en seguridad terrestre para el periodo 2002-11 representó unos US$ 580.000 millones de ese total.

Los investigadores citan al presidente de Rand Corp., James Thomson, quien apuntó que la mayoría de los gastos fueron implementados “con poca o ninguna evaluación”. En 2010, la Academia Nacional de Ciencia informó la falta de “cualquier capacidad de análisis de riesgos y métodos del Departamento de Seguridad Terrestre (DHS) que sean adecuados para apoyar la toma de decisión departamental”. En resumen, DHS (y la TSA en particular) están produciendo grandes paquetes de altas facturas ciegamente.

Hay un riesgo colateral letal asociado con todos estos gastos en seguridad aeroportuaria -por ejemplo, la inconveniencia del viaje aéreo está empujando más personas a las rutas. Comparemos los peligros del viaje aéreo con los de manejar. Para hacer el volar tan peligroso como usar un auto, tendrían que ocurrir desastres de cuatro aviones en la escala de 9/11 cada mes, según un análisis publicado en American Scientist.

Los investigadores en Cornell University sugieren que las personas cambiando el aire por los transportes terrestres luego de los ataques del 9/11 llevaron a un aumento de 242 accidentes fatales por mes -lo que significa que muchas más personas murieron en las rutas como resultado indirecto del 9/11 que por estar en los aviones ese terrible día.

También sugieren que solo el aumento en la revisión de los equipajes domésticos redujo el volumen de los pasajeros 5 por ciento en los cinco años después del 9/11, y la sustitución del manejar por volar por parte de aquellos que buscan evitar los acosos de seguridad en ese periodo resultaron en más de 100 fatalidades en la ruta.

Eso no quiere decir que los empleados de TSA tengan alguna responsabilidad por hacer las rutas más peligrosas -solo están siguiendo incentivos que premian la atención servil y las reglas ambiguas sobre el sentido común. Y no culpen a los oficiales de Seguridad Terrestre, tampoco. Solo están evitando el contragolpe aun más grande asociado con no hacer nada que con hacer algo -incluso aunque no hacer nada sea el camino correcto en muchos casos. En su lugar, la culpa yace entre los políticos, los medios y el electorado, que prefieren atravesar a los oficiales por un solo accidente fatal aéreo mientras ignoran los choques de autos, homicidios con armas e incluso accidentes en las duchas, que matan muchos más estadounidenses que el terrorismo.

Si los estadounidenses realmente se preocupan por salvar vidas esta temporada de viajes de Acción de Gracias, por favor, no empeoren la seguridad de los aeropuertos. Recortar a la TSA asegurará que más personas vivan para pasar futuras fiestas con sus seres queridos.



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