La Universidad de Waterloo alimenta a Silicon Valley de emprendedores
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La Universidad de Waterloo alimenta a Silicon Valley de emprendedores

La casa de estudios nutre de nuevas empresas de tecnología a la cuna de las startups por excelencia. Un fenómeno que crece. 

Por Caroline Winter 13 de Diciembre 2013




El ingeniero recién recibido Mike McCauley está viviendo un sueño. Durante su último año de universidad, él y dos compañeros de clase lanzaron BufferBox, un servicio de entrega que permite que los consumidores envíen paquetes y compras online a locaciones seguras para recogerlos. Luego de la universidad, el startup fue aceptado en la incubadora de Silicon Valley Y Combinator, luego Google adquirió BufferBox por algo más de US$ 25 millones, según TechCrunch. “Me acuerdo levantarme un día y pensar que las cosas no podían volverse más locas”, dice McCauley. “Todo esto que está pasando, y todavía no tengo ni 25 años”.

Es una historia común en el Valley, excepto que McCauley no es producto de la Universidad Stanford o el Massachusetts Institute of Technology. Su alma mater es la Universidad de Waterloo -Waterloo, Ontario, hogar de BlackBerry, uno de los mayores fracasos en la historia tecnológica.

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En Canadá, la Universidad de Waterloo todavía es fuente de orgullo nacional. Fue votada como la facultad más innovadora durante los últimos 21 años por la revista canadiense Maclean’s. El programa de ingeniería, donde la matrícula cuesta US$ 12.200 por año, surgió como un sistema de semillero para compañías de Silicon Valley como Tesla Motors, Twitter y Facebook.

El año pasado, un estimado de un tercio de ingenieros de software graduados de Waterloo recibieron ofertas de trabajo de compañías de los Estados Unidos, dice Pearl Sullivan, decano de Ingeniería, agregando que los ejecutivos de Silicon Valley suelen volar a la ciudad para dejar tarjetas de negocios. “La Universidad de Waterloo está entre las pocas universidades top entre las que Google recluta en el mundo”, dice Steve Wood, director de Ingeniería de Google en Canadá. “A los graduados les va bien”.

Waterloo es una dormida ciudad post industrial de 100.000 personas, un poco menos de 320 kilómetros al noreste de Detroit. Mike Lazaridis, co-fundador de BlackBerry, dejó el programa de ingeniería eléctrica, pero durante los años le dio a la universidad acceso regular a los laboratorios de investigación de la compañía -y más de US$ 120 millones para fondear proyectos, incluyendo la construcción de un espacio para computación cuántica. Google está entre las compañías tecnológicas de los Estados Unidos que abrieron oficinas locales.

Es una historia común en el Valley, excepto que McCauley no es producto de la Universidad Stanford o el Massachusetts Institute of Technology. Su alma mater es la Universidad de Waterloo.

Durante los años de BlackBerry como pionera de los smartphones, su éxito ayudó a alimentar el boom en los startups locales ansiosos por reclutar graduados de UW. Hubo solo un puñado de ese tipo de startups en el área en el año 2000; este año, fueron casi 700, según la coalición de startups Communitech. Mientras que la región tenía solo 50 firmas tecnológicas en 1997, ahora tiene más de 1000 que en conjunto generan por lo menos US$ 30.000 millones en facturación anual.

Esos startups dejaron a la escuela temperamental sobre el declive de BlackBerry. La firma, que tenía una capitalización de mercado de US$ 83.000 millones en 2008, ahora espera una adquisición de US$ 4700 millones. En los últimos meses, tuvo una caída en su valor de US$ 934 millones por teléfonos no vendidos y dijo que despediría a 4500 trabajadores. “No creo que nuestra reputación exista por BlackBerry”, dice Tim Jackson, vocero de UW. “En gran parte, BlackBerry está acá por la Universidad de Waterloo”.

Waterloo atrae desde hace tiempo a los profesores prometiéndoles los derechos de propiedad intelectual completos por sus inventos -una rareza en la academia. Dave Dietz, director de la investigación de ingeniería de la Universidad de Waterloo, dice que los dones financieros de Lazaridis ayudaron a atraer a los grandes nombres al área. Una vez, cuando Waterloo estaba por traer a un profesor top del MIT pero no tenía ningún espacio de laboratorio para él, Lazaridis accedió a financiar la construcción de un nuevo edificio. “Para mí él es un arcángel que viene y resuelve problemas”, dice Raymond Laflamme, director Ejecutivo del Instituto de Computación Cuántica de la facultad. Lazaridis no respondió a los pedidos de comentarios.

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Las principales fortalezas de Waterloo yacen en su programa cooperativo, que requiere que los estudiantes hagan temporadas de cuatro meses en compañías. Es el mayor en el mundo en ese tipo de programas, según la Cooperative Education & Internship Association. Los ingenieros de Waterloo llenan unas 7000 posiciones cooperativas en 1600 compañías al año. Con dos años más de experiencia laboral en sus currículums, alrededor del 96 por ciento de los ingenieros de software graduados encuentran trabajo dentro de los seis meses después de haber recibido su diploma, según Sullivan.

Para los estudiantes de primer año, las posiciones de este tipo pueden llegar incluso a los cuatro meses de haber empezado sus carreras. A la mayoría se les pagan unos US$ 8000, y algunos estudiantes de cuarto año reciben hasta US$ 40.000 por temporada. El año pasado, los estudiantes de ingeniería de Waterloo ganaron un total de US$ 111 millones durante los periodos de cooperativa, trabajando para grandes compañías tecnológicas, startups locales, laboratorios corporativos y profesores de otras instituciones, dice la universidad.

McCauley, de BufferBox, ahora manager de productos de Google, dice que el programa de Waterloo le dio a él y sus co-fundadores la confianza para empezar su propia compañía. “Si no hubiera hecho mis seis temporadas de cooperativa”, dice, la oferta de trabajo que recibió en su último año hubiera sido tan atractiva que “la hubiera aceptado de una vez”.

El programa de cooperativa de Waterloo es costoso, porque requiere que la universidad permanezca abierta todo el año para acomodar las agendas de trabajo de los estudiantes. Dado que el 87 por ciento de los estudiantes de Waterloo son canadienses, obtener las visas de trabajo en los Estados Unidos para tantos estudiantes puede ser costoso. Los graduados de Waterloo que fundaron compañías en el Valley suelen luchar para pagarles a los ingenieros el doble en California de lo que ganarían en Ontario, dice McCauley.

“Hay muchas compañías que comenzaron en Waterloo, fueron a Silicon Valley y luego volvieron”, dice, aunque añade que el orgullo por su ciudad natal tiene mucho que ver con eso.

Mientras BlackBerry tambalea, Waterloo convirtió en prioridad alentar los desarrollos cerca de la casa. En 2010, finalizó un centro de diseño de primera categoría con un espacio de trabajo aéreo y comunal donde los estudiantes trabajan en proyectos extra curriculares como autos solares y, aunque suene increíble, canoas de concreto. La universidad también conecta a los ingenieros con incubadoras locales como VeloCity, ubicada en un gran edificio que alguna vez albergó a la mayor curtiembre de Canadá.

Con ofertas de Google y Twitter, el graduado de Waterloo Trever Creech se quedó en la ciudad y co-fundó un startup que simplifica la compra de la moneda electrónica Bitcoin. Sin embargo, dice que él es la excepción. “La mayoría de mis amigos están en el Valley”, dice Creech. “En Facebook, Twitter y muchos startups”.



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