Joyas y autos, las otras oportunidades para invertir los pesos
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Joyas y autos, las otras oportunidades para invertir los pesos

La ansiedad por deshacerse de la moneda local llevó a que los consumidores observaran con atención otras alternativas. Lo que hay que saber.

Por Carla Quiroga 08 de Enero 2013




La fiebre por deshacerse de los pesos que hay en el colchón hizo que bienes durables, como los artículos electrónicos, las joyas y los autos, se convirtieran en una opción de inversión. El combo “darse un gusto y, además, no perder dinero” cierra perfecto, en un contexto en el que ganarle al 25 por ciento de inflación no oficial es casi utópico.

En un año en el que, se espera, la industria automotriz conserve un piso de 800.000 ventas –viene de un record de 860.000 en 2011– , el auto se convirtió en una de las principales alternativas para aquellos que no llegan al techo propio y que, con una mirada cortoplacista, buscan destinar sus ahorros en un bien con valor de reventa. De hecho, no es casual que el 63 por ciento de las transacciones se genere por la venta de autos chicos (los de bajo precio). Además, la relación salario/0 km está en el punto más bajo de los últimos 20 años.

Los vehículos nuevos aumentaron de precio a un ritmo de 12 a 16 por ciento anual, según el modelo, mientras que los sueldos lo hicieron a un 25 por ciento por año. Hoy, el costo de un cero kilómetro se encuentra en 7,5 salarios industriales, según datos de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (Acara).

Anillos - IMG
La buena noticia para quienes prefieren los autos nuevos es que el contexto de alta demanda también empujó a la suba los valores de los usados, lo que contribuyó a que los 0 km ya no se desvaloricen 20 por ciento con sólo abandonar la concesionaria, como sucedía en el pasado.

“Comprar un auto es inversión para la gente que necesita usarlo”, aclara Guillermo Dietrich, fundador del concesionario homónimo. Según un análisis de la consultora Consumer Reports, si se toma la variación de precios del conjunto de los autos más vendidos del país entre 2008 y 2011, se observa un crecimiento promedio de 9,1 por ciento respecto al valor que tenían los cero kilómetro en 2008. Esto muestra que, con el paso del tiempo, mejoran su cotización nominal en pesos. Es decir, con una antigüedad de tres años, el auto usado puede pasar a valer hasta un 36 por ciento más que su precio original, en pesos, explica el informe.

Sin embargo, no es una regla de oro que aplique a todas las marcas y modelos. La suerte está atada a la oferta, a la demanda y a si cambió la línea del producto, entre otros puntos. También, al nivel de entrega que tenga ese modelo 0 km. “Los autos nuevos son formadores del precio de los usados”, explica Dietrich. Aclara: “A diferencia de otros países, en la Argentina, quien compró un auto en 2010 tiene más del 50 o 60 por ciento del valor del auto nuevo que podría adquirir en 2013. Mientras que, en los Estados Unidos, es el 20 por ciento”.

Dietrich reconoce que, también, se pueden generar buenos negocios en el segmento de las unidades usadas jóvenes. Tienen hasta 30.000 kilómetros, escasa diferencia de precio con los 0 km –la relación puede ser $ 87.000 versus $ 100.000– y, en general, vienen equipados con el valor agregado de algún accesorio. En estos casos, además, tienen la ventaja de que los usados, a partir del tercer año de uso, dilatan su desvalorización.

Joya, nunca techie

El fenómeno de soltar los pesos a cualquier precio puso en la categoría de inversión a los artículos electrónicos, productos que no se revalorizan, ni resguardan el valor. Por eso, en el primer semestre del año, la venta de smarphones y de LEDs y LCDs crecieron 56 y 28 por ciento, respectivamente. Pero la realidad es que, en el mercado de la tecnología, sólo generaron buenos rindes quienes operaron en el circuito informal.

En el exterior, un iPhone 4S, de 16 GB, desbloqueado –que no se vende en la Argentina–, se consigue a US$ 550. En el país, se colocó por más de $ 6000. Otro caso, el New iPad, de 64 GB, con Wi-Fi. Comprado a US$ 700 en el exterior, se lo revendió en más de $ 4500. Eso sí: estos son precios que ya no convalida el consumidor argentino, que prefiere adquirir su tableta a un retailer con la promoción bancaria de turno. Otro cantar son las oportunidades que se generan en los sitios de venta con el iPhone 5. Se ofrece por encima de los $ 9000, mientras que su precio en el exterior oscila los US$ 800. Un análisis aparte merece el mercado de joyas y relojes, un segmento sólo para entendidos.

“Las piezas que mejor resguardan su valor son las únicas y exclusivas. Una alhaja con 10 años no tendrá mayor precio que sus componentes. Mientras que una del siglo pasado, o del anterior, hecha en Europa, a mano, se revalorizará por encima del alza del oro, que, en los últimos 15 años, pasó de US$ 250 por onza a US$ 1700”, analiza Fabián Testorelli, presidente de la joyería homónima. El empresario estima que, en estos casos, hay que pensar en inversiones desde $ 5000 (por un pequeño emprendedor o dije de oro, con un diamante o brillante).

Como dato de color, Testorelli cuenta los casos de parejas que, como costumbre, regalaban una esclava por cada año de matrimonio. “Muchos, cumplieron 25 años y se encontraron con $ 50.000 en pulseras”, relata. De cara al futuro, reconoce que los metales y piedras que prometen mejores retornos son aquellos recursos naturales que escasearán, como el oro y el diamante. “El precio de este último, desde 2010, creció 20 por ciento, en dólares”, explica Testorelli. Agrega que quien quiere invertir en una pieza especial de 4 o 5 quilates, con un diamante de buena calidad, debe destinar, por lo menos, US$ 20.000.

En el caso de los relojes, como sucede en las alhajas, cotizan más las ediciones limitadas. Se consiguen desde los $ 30.000. Un caso extremo fue la revalorización del Rolex Daytona, de la edición limitada de Paul Newman. En la década de los ’70, se compraba nuevo a US$ 1500. Hoy, tiene un mercado de reventa que paga US$ 80.000 por la unidad usada. “También, hay casos de coleccionistas de Swatch, que pagan US$ 800 por el reloj de plástico que uno compró hace 10 años a nada más que US$ 80”, concluye. Este último dato demuestra, una vez más, que muchas de las oportunidades suelen darse cuando uno menos las espera. Y que la suerte es un ingrediente clave en el mundo de las inversiones.

 
La edición original de este artículo se publicó por primera vez en la revista APERTURA (Noviembre de 2012).



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