El otro default argentino
Autos

El otro default argentino

En el último número, una investigación a fondo sobre la deuda pendiente de la economía en la última década: la inversión en infraestructura. Las causas y, sobre todo, consecuencias de un país que está al límite de su capacidad.

Por Juan Manuel Compte 15 de Febrero 2013




Cortes de luz. Celulares sin señal. Surtidores secos. Autopistas colapsadas. Rutas de la muerte. Ferrocarriles obsoletos. Puertos insuficientes. Los síntomas de una economía al límite de su capacidad, ya palpables –con altos costos– en el día a día de los argentinos. En ‘Apertura’ de febrero, ‘El otro default’: investigación a fondo sobre los efectos de la desinversión en infraestructura de la última década.

En sus dos versiones, las administraciones Kirchner se jactan de haber hecho de la obra pública y la planificación estratégica una causa nacional y popular. Al pie de ese altar, creó un ministerio taylor-made, con su titular a cargo desde la nueva fecha fundacional de la Patria: 25 de mayo de 2003. Pero, casi 10 años después, los números derrumban la construcción del relato. La geométrica progresión de los costos de importación de combustibles –con sus consecuencias macro, como las restricciones aduaneras o el cerrojo cambiario– evidencian el déficit de generación, en un país cuya matriz energética depende en casi 90% de los hidrocarburos. Los continuos cortes de electricidad –cada vez, más frecuentes, extensos y de difícil solución, según reconoce el propio Ente Nacional Regulador de la Energía (ENRE)– desnudan un sistema que funciona sin red, al límite del black out y que elevó su oferta de potencia menos del 20 por ciento en 10 años, contra una demanda que creció 50 y marca, mes a mes, nuevos records de consumo. Además de la invasión de camiones en los accesos a los puertos de Rosario y, sobre todo, Buenos Aires, ambas terminales –saturadas– resultan poco competitivas, frente a otras que, en la propia región (casos Santos, Itaopa y Montevideo), tienen capacidad para recibir buques de mayor tamaño.

tapa_apertura_230chicaEl calamitoso estado de los ferrocarriles –urbanos y de carga– también es resultado de los estragos que hizo la visible mano estatal. Impericia o negligencia, a elección del lector. Lo cierto es que, si algo signó al sistema ferroviario en la última década, fue un esquema de subsidios cuya única variable de ajuste consistió en el incremento de costos, desvinculado de variables como eficiencia o calidad del servicio.

Algo similar ocurrió con rutas y autopistas: con tarifas de peaje congeladas, las inversiones pasaron a depender de una caja única, cuyos criterios de asignación no siempre fueron los más racionales. Pese a que el 70% del total de mercadería de carga transportado entre 1971 y 2011 transitó por cuatro rutas (5, 7, 8 y 9), el Gobierno priorizó desembolsos en otros caminos. Por caso, la 40, más de 5000 kilómetros entre Santa Cruz y La Quiaca, con un promedio diario menor a los 1000 autos. Panamericana roza los 350.000 y las rutas interurbanas más intensas –por caso, la Pilar-Pergamino, en pleno corazón sojero– no llegan a los 8000.

Aumento de demanda, mínima expansión de la red, tarifas reprimidas y, en consecuencia, desincentivos a la inversión privada para financiar el catch-up. Se trate de autopistas (y más autos), redes de telefonía (y explosión del celular) o sistema eléctrico (y boom de consumo).

Cómo se llegó a esta situación. Por qué. Los sobrecostos que paga la economía. El detalle, sector por sector. La opinión de los especialistas. Cuáles son sus propuestas. Cuánto habría que invertir. Cuál es, en definitiva, el precio del otro default.

En su edición de febrero, ‘Apertura’ también ofrece un relevamiento exclusivo: 50 empresas green friendly. Aquellas compañías más destacadas por sus políticas medio-ambientales. Además, “Al gran vino argentino, ¿salud?”, un informe especial con toda la actualidad de las bodegas. La sección ‘La City’ pone la lupa sobre las 10 acciones a seguir en el año. Y, como todos los meses, lo mejor de Bloomberg BusinessWeek. En este número, “El complot para destruir a la cerveza”: por qué la fusión AB InBev resulta un mal trago para los consumidores de los Estados Unidos. Todo, en la reciente edición de ‘Apertura’ que ya está en los kioscos.



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos

Notas Relacionadas